Santa Isabel de la Trinidad
El cielo en la tierra, día décimo.
Hemos sido predestinados según lo preestablecido por Aquel que lo hace todo según el designio de su voluntad, para que fuéramos alabanza de su gloria (Ef 1,11-12).
Así habla San Pablo inspirado por el mismo Dios. ¿Cómo realizar ese anhelo del Corazón divino, ese deseo inmutable que Él tiene respecto de nuestras almas? En una palabra, ¿cómo responder a nuestra vocación y conseguir ser perfectas Alabanzas de gloria de la Santísima Trinidad?
En el cielo, cada alma es una alabanza de gloria del Padre, del Verbo, del Espíritu Santo porque cada una de ellas está definitivamente establecida en el puro amor y no vive ya su propia vida sino la vida de Dios. El alma le conoce allí -dice San Pablo- como es conocida de él (1Co 13,12). En otras palabras, su entendimiento es el entendimiento de Dios, su voluntad es la voluntad divina, su amor es el amor mismo de Dios. El Espíritu de amor y de fortaleza es quien transforma realmente al alma, pues habiendo sido enviado para suplir en ella todo cuanto le falta, como dice también San Pablo (Rm 8,26), Él realiza en el alma esta gloriosa transformación.
San Juan de la Cruz afirma que se necesita muy poco para que un alma, entregada al amor, se eleve en esta vida por virtud del Espíritu Santo, hasta ese grado de amor de que venimos hablando. Esto es precisamente lo que llamo yo una perfecta Alabanza de gloria.
Una Alabanza de gloria es un alma que mora en Dios, que le ama con amor puro y desinteresado, sin buscarse a sí misma en la dulzura de ese amor; que le ama independientemente de sus dones y le amaría aunque nada hubiese recibido de Él; que sólo desea el bien del Objeto amado.
Pero, ¿cómo desear y querer efectivamente el bien de Dios? Cumpliendo su voluntad pues ella dirige todas las cosas a su mayor gloria. Por lo tanto, esta alma debe entregarse tan plena y ciegamente al cumplimiento de esa voluntad divina que no pueda querer sino lo que Dios quiera.
Una Alabanza de gloria es un alma silenciosa que permanece como una lira bajo el toque misterioso del Espíritu Santo para que produzca en ella armonías divinas. El alma sabe que el sufrimiento es una cuerda que produce los más dulces sonidos. Por eso desea tenerla en su instrumento para conmover más tiernamente el Corazón de su Dios.
Una Alabanza de gloria es un alma que contempla permanentemente a Dios en la fe y en la simplicidad. Es un reflejo del Ser de Dios. Es como un abismo sin fondo donde Él puede entrar y expansionarse. Es también como un cristal, a través del cual, Dios puede irradiar y contemplar sus propias perfecciones y su propio resplandor. Un alma que permite de este modo al Ser divino satisfacer en ella su necesidad de comunicar todo cuanto Él es y todo cuanto posee, es realmente la alabanza de gloria de todos sus dones.
Una Alabanza de gloria es, en fin, un ser que vive en estado permanente de acción de gracias. Todos sus actos, movimientos, pensamientos y aspiraciones, al mismo tiempo que la arraigan más profundamente en el amor, son como un eco del Sanctus eterno.
Los Bienaventurados no cesan de repetir, día y noche, en el cielo de la gloria: Santo, Santo, Santo, el Señor Dios Todopoderoso… y postrándose, adoran al que vive por los siglos de los siglos… (Ap 4,8).
La Alabanza de gloria empieza ya a cumplir en el cielo de su alma el oficio que ha de ejercer en la eternidad. Su canto nunca se interrumpe porque vive bajo la acción del Espíritu Santo que actúa en ella. Aunque no tenga siempre conciencia de ello porque la débil naturaleza no la permite permanecer fija en Dios sin distracciones, ella canta y adora constantemente, vive, por decirlo así, transformada en alabanza y amor, en un anhelo apasionado por la gloria de su Dios.
Seamos en el cielo de nuestra alma, Alabanzas de gloria de la Santísima Trinidad; Alabanzas de amor de nuestra Madre Inmaculada.
Llegará el día en que el velo se descorra y seamos introducidas en los atrios eternos. Allí cantaremos en el seno del Amor infinito y Dios nos dará el nuevo nombre prometido al vencedor (Ap 2,17). ¿Cuál será? Laudem Gloriae1.
NOTAS
- Otras referencias de santa Isabel de la Trinidad a ser alabanza de gloria en Últimos ejercicios espirituales, días 3º, 4º, 7º, 15º y 16º, y en las Cartas 272 y 305, según la edición de Sor Isabel de la Trinidad, Obras completas, Burgos 1985 (Monte Carmelo, 5ª ed), de donde hemos extraído este texto.
















