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-fruto de una elección de Dios y no mía.
-la morada del demonio y el lugar de tentación y combate.
-padecer sed y necesidad.
-sufrir el calor y el frío extremos.
-carecer de vivienda y seguridad.
-no disponer de refugios ni escapatorias.
-estar privado de defensas.
-no tener a quién recurrir.
-permanecer siempre a la intemperie.
-ausencia de relaciones humanas.
-silencio de las criaturas y del mismo Dios.
-ser peregrino permanente, sin domicilio.
-aprender a convivir con los enemigos exteriores e interiores que amenazan nuestra paz.
-vivir en la habitual incomodidad de prescindir de todo lo posible.
-caminar sin equipaje, sin seguridad del mañana.
-desprenderme de todo, pronto, sin miramientos ni dilaciones.
-aceptar perder hasta lo que más quiero.
-acoger la pobreza extrema.
-vivir en la mayor soledad.
-olvidar la eficacia y las prisas.
-carecer de plan de vida.
-aceptar caminar sin mirar atrás.
-caminar sin pistas ni apoyos.
-no tener en cuenta alegrías ni penas de la vida.
-la renuncia absoluta al amor propio en todas sus formas.
-ausencia del mundo, quietud exterior y peregrinación interior.
-perderme en el tiempo y en el espacio.
-vivir en un horizonte ilimitado.
-encontrar el orden y la armonía de los valores naturales y sobrenaturales.
-aceptar que la paz verdadera es una paz en lucha.
-la maduración dolorosa y eficaz
-abrazar la dura renuncia que exige el hacerse niño.
-resistir fielmente al mal como puro acto de fe, esperanza y amor.
-mantener la limpieza interior, fruto de la delicadeza de conciencia.
-la verdadera penitencia, que consiste en luchar contra la tentación.
-lugar de la reconciliación con Dios, con el mundo y con uno mismo.
-asumir la expiación por el pecado del mundo y el propio.
-aprender a perdonar: a mí mismo y a los demás.
-avanzar en el camino guiado por la sola fe.
-aceptar vivir en la fe pura y desnuda.
-renunciar a conocer el itinerario o sus etapas.
-prescindir de todo para que mi única fortaleza sea Dios.
-hablar al mundo desde la vida escondida.
-vivir en la oscuridad como si la luz guiara mis pasos.
-acompañar a Jesús en su desierto y en las horas amargas de Getsemaní y el Calvario.
-cerrar todas las salidas para que Dios sea lo único.
-proclamar a las criaturas que son nada ante el ser de Dios.
-esperar todo de Dios.
-el lugar por excelencia para la contemplación.
-creer en el amor de Dios cuando el cielo parece cerrado.
-estar disponible y maleable a la gracia.
-estar siempre libre para que Dios me mueva a su gusto.
-aceptar que la luz de Dios solo se regala al que se sumerge en la noche más oscura.
-abandonarme completamente en Dios.
-pregonar, sacrificando todo, que sólo Dios basta.
-no tener más futuro que la venida del Salvador.
-tener siempre presente la gratuidad y eternidad de mi vocación.
-abrirme a las llamadas del Amado hasta deshacerme en la cercanía de Dios.
-aceptar mansamente que sólo Dios sabe el momento y el camino.
-acoger la noche como el momento de la máxima cercanía de Dios.
-alimentarme sólo de infinito.
-saberme indigno de la más pequeña gracia de Dios.
-tener el alma sedienta sólo de Dios.
-vivir en permanente tensión de eternidad.
-amar a Dios por sí mismo, por puro acto de adoración, sin pretender nada de él.
-consumirme de ansias de alcanzar a Dios.
-dejar siempre al Señor la iniciativa.
-disponerme al enamoramiento apasionado de Jesucristo.
-obedecer apasionadamente al Espíritu Santo.
-renunciar a mirar nada que no sea Dios.
-el lugar que tiene por paisaje a Dios mismo visto a cara descubierta.
-ser el testigo de Dios que se refleja en mí como en un espejo.