Scott Hahn, La cena del Cordero. La Misa, el cielo en la tierra,
Madrid 2020 (Rialp, 24ª ed.), 204 pgs.
La Eucaristía, como afirma claramente el concilio Vaticano II, es «fuente y cumbre de toda vida cristiana», que «contiene todo el bien espiritual de la Iglesia»1. Si es verdad para todo cristiano que «sin la Eucaristía dominical no podemos vivir»2, la misa es para el contemplativo un elemento esencial de su vocación y misión: «La búsqueda apasionada de Jesucristo define al contemplativo, y éste lo encuentra en la Eucaristía; gustando por anticipado lo que ansía poseer en plenitud en el cielo. Y a la vez, la Eucaristía constituye el impulso para seguir buscando con renovadas fuerzas a Aquel que ya ha recibido»3. Por todo esto, este libro puede ser de gran utilidad para alimentar y renovar la vivencia profunda de la misa que necesita el contemplativo.
Scott Hahn ve la misa con los ojos sorprendidos del converso al que se le impone la realidad de la misa de tal modo que lleva a abrazar la fe católica al teólogo y ministro presbiteriano de raíces calvinistas4. La misa no fue para él un obstáculo a superar en su conversión, sino el motivo de ese cambio radical:
Allí estaba yo, de incógnito: un ministro protestante de paisano, deslizándome al fondo de una capilla católica de Milwaukee para presenciar mi primera Misa. Me había llevado hasta allí la curiosidad, y todavía no estaba seguro de que fuera una curiosidad sana […]. Inseguro de mí mismo, me quedé sentado. Como evangélico calvinista, se me había preparado durante años para creer que la Misa era el mayor sacrilegio que un hombre podría cometer. La Misa, me habían enseñado, era un ritual que pretendía «volver a sacrificar a Jesucristo». Así que permanecería como mero observador. Me quedaría sentado, con mi Biblia abierta junto a mí.
Sin embargo, a medida que avanzaba la Misa, algo me golpeaba. La Biblia ya no estaba junto a mí. Estaba delante de mí: ¡en las palabras de la Misa! Una línea era de Isaías, otra de los Salmos, otra de Pablo. La experiencia fue sobrecogedora. Quería interrumpir a cada momento y gritar: «Eh, ¿puedo explicar en qué sitio de la Escritura sale eso? ¡Esto es fantástico!» Aún mantenía mi posición de observador. Permanecía al margen hasta que oí al sacerdote pronunciar las palabras de la consagración: «Esto es mi Cuerpo… éste es el cáliz de mi Sangre».
Sentí entonces que toda mi duda se esfumaba. Mientras veía al sacerdote alzar la blanca hostia, sentí que surgía de mi corazón una plegaria como un susurro: «¡Señor mío y Dios mío. Realmente eres tú!». Desde ese momento, era lo que se podría llamar un caso perdido (p. 27-29).
El mismo subtítulo del libro nos presenta uno de los mensajes esenciales que quiere comunicarnos: «La misa es el cielo en la tierra». La misa nos ofrece de forma misteriosa, pero real, la oportunidad de participar de la liturgia del cielo, por eso se convierte en nuestra casa. Y es en el libro del Apocalipsis donde Scott Hahn encuentra la descripción de la liturgia del cielo y, en consecuencia, la clave de la misa. De forma que podemos atisbar la realidad de la misa penetrando en el libro del Apocalipsis y, a la vez, podemos comprender el mensaje del último y más enigmático libro de la Biblia gracias a la misa. Con la ayuda de este autor comprenderemos el mensaje obvio y cercano del Apocalipsis, desterrando la curiosidad por lo esotérico y extravagante.
Nadie se asuste pensando que se va a encontrar con la fría erudición de una tesis doctoral que pretende demostrar la relación extraña entre la misa y el Apocalipsis, como quien hace malabarismos con la Palabra de Dios. No. Ante todo, este libro es el testimonio personal del descubrimiento de un buscador de la verdad que, empapado de la Sagrada Escritura, bucea en la tradición de la Iglesia para llegar a vivir la misa con todas sus consecuencias. Este autor, aunque profesor de Sagrada Escritura5, no pretende enseñar, sino abrir los ojos de la fe para que en nuestra vivencia de la misa podamos entrar también nosotros en la liturgia celestial que se hace presente en cada celebración por humilde que sea; y para que, gracias a la liturgia eucarística, se abra para nosotros el mensaje del libro del Apocalipsis.
Es el mismo Cordero degollado y puesto en pie del Apocalipsis el que encontramos y recibimos en la misa como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, que nos ofrece el sacerdote para que lo comulguemos. La sangre de la alianza, que se hace presente en el altar con las palabras de la Cena repetidas por el sacerdote, es la misma sangre con la que este Cordero adquirió para Dios hombres de toda tribu, lengua, pueblo y nación…, es decir, a nosotros. El mismo combate entre Dios y el príncipe de este mundo que aparece en el Apocalipsis es el que se hace presente en la misa con la victoria de Cristo; y es la participación en la misa la que nos hace capaces de vencer en ese mismo combate en el que nosotros estamos inmersos. En la misa se hace presente el banquete de bodas del Cordero, que es la meta de toda la historia de la salvación y de nuestra propia vida.
Paso a paso, como siguiendo a un guía que ha recorrido muchas veces el camino de la misa y del Apocalipsis, Scott Hann nos ayudará a que cada misa sea también para nosotros participar del banquete de bodas del Cordero en la Jerusalén celeste y hacer de ella nuestro hogar mientras nos preparamos a participar plenamente de la liturgia del cielo.
NOTAS
- Lumen Gentium, 11 y Prebyterorum ordinis, 5.
- Benedicto XVI, Ángelus del 26 de junio de 2011.
- A. Carreres, Fundamentos para vivir contemplativamente en el mundo, Madrid 2024 (Nazaret Ediciones), 199.
- El proceso de su conversión al catolicismo junto con su esposa está recogido en Scott y Kimberly Hahn, Roma dulce hogar. Nuestro camino al catolicismo, Madrid 2000 (Rialp, 23ª ed.).
- Benedicto XVI lo nombró catedrático de Teología Bíblica y Proclamación Litúrgica del «Saint Vincent Seminary» en Latrobe, Pennsylvania.
















