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Antonio López Baeza, Un Dios locamente enamorado de ti. Fragmentos de oración y vida interior,

Santander 2000 (Sal Terrae, 3ª ed), 195 pgs.

Un libro sobre la oración, pero no un libro más sobre la oración porque se trata de un libro escrito por alguien que ora y al que la oración le ha transformado:

El fruto más maduro y sabroso de la experiencia orante ha sido -y es- la conciencia de ser amado por Dios. ¿Qué habría sido de mi vida sin la oración? (p. 15 y 17).

Este sacerdote y poeta presenta además la oración como un verdadero ministerio:

El ministerio de la contemplación -reconozcámoslo con sencillez- no goza hoy de paridad, en cuanto dedicación e importancia, con los de la liturgia, catequesis, servicio social, que nunca dejarán de ser importantísimos, pero que sin el de la contemplación jamás alcanzarán a ser testimonio convincente y contagioso del Dios vivo en el mundo actual (p. 178).

Antonio López sabe unir en su obra una enseñanza sólida y cálida sobre la oración y el testimonio de su oración dirigida directamente a Dios

Cada capítulo comienza con una afirmación sobre la oración que se explica y se desarrolla en las páginas siguientes, no sólo con una reflexión creyente, sino con verdadera oración. Sirvan como ejemplo los dos primeros epígrafes:

En la oración aprende el creyente a superar toda dicotomía entre Fe y Vida.

La oración no es un invento del hombre, sino necesidad de un Dios/Amor.

El conjunto de estos epígrafes constituye un pequeño catecismo sobre la oración y un índice para buscar lo que cada uno necesite para avivar su oración.

El autor insiste en que la oración se basa en el amor de Dios y lleva al amor, y nos introduce en una forma de orar que abre paso a la contemplación y a la unión con Dios que es amor y nos ama:

No termino de creármelo. ¡Una historia de amor apasionado y único entre Tú y yo, que es a la vez una pasión de amor por todas tus criaturas…! (p. 146).

El contemplativo en el mundo puede encontrar sintonía y apoyo en estas páginas para alimentar su oración y abrazan y abrazar con fuerza la misión de la oración contemplativa.