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Introducción

Comenzamos una nueva serie de reglas de discernimiento de espíritus que corresponden a una nueva etapa de la vida espiritual. San Ignacio las denomina reglas de discernimiento de las mociones «para la segunda semana» de los Ejercicios1. No se trata sólo de una nueva fase en el proceso de los Ejercicios Espirituales, sino también de una nueva etapa de la vida espiritual de cualquier persona que va avanzando en el seguimiento de Cristo y en la transformación por el Espíritu. Por esa razón debemos aplicar también a la vida espiritual en general lo que se dice en estas normas para la segunda semana de los Ejercicios2.

Hay una doble serie de reglas de discernimiento porque hay una doble necesidad del ejercitante3.

Es de vital importancia para el discernimiento de espíritus distinguir con toda claridad esta segunda etapa que se inicia para poder aplicar en ella esta nueva serie de reglas. De lo contrario se pueden cometer errores de terribles consecuencias: resulta dañino exponer y aplicar estas reglas al que todavía no ha alcanzado esta etapa, y llegaríamos a conclusiones gravemente erróneas si aplicáramos la primera serie de reglas a los que están en la nueva situación4.

Las dos épocas espirituales recién presentadas son no sólo distintas, sino en muchos aspectos contrarias. De ahí se sigue que cada serie de reglas de discernimiento tiene su específico tiempo de validez; cada serie funciona bien en la época para la cual fue preparada, y no funciona fuera de ella. Al contrario será contraproducente y dañosa5.

Esta distinción de la primera y segunda semana en función de las dos series de reglas que deben aplicarse en ellas aparece claramente en EE 9-106 (cf. EE 313. 328), que nosotros resumimos de la siguiente manera:

1. Características del que está en la primera semana de Ejercicios o primera etapa en la vida espiritual:

  • -No conoce bien las realidades espirituales y no está familiarizado con ellas.
  • -Las tentaciones que experimentas son más burdas y claras.
  • -Todavía tiene impedimentos en el seguimiento y servicio de Cristo.
  • -Se encuentra en la vía purgativa.

-Recibe consolaciones y desolaciones contrarias, con pensamientos que salen de ellas que también se oponen entre sí.

  • -Para él, la clave del discernimiento de espíritus es que en la consolación le guía el buen espíritu y en la desolación le guía el malo.

2. Características del que está en la segunda semana de Ejercicios o segunda etapa en la vida espiritual:

  • -Es una persona que ha experimentado suficientemente la purificación y se siente intensamente atraída por el bien.
  • -Es tentado bajo especie de bien: son tentaciones más difíciles de detectar.
  • -Se encuentra en la vía iluminativa.
  • -Ahora sólo recibe consolaciones (unas verdaderas, otras falsas), que tienen diferente origen y le llevan a metas opuestas.
  • -Para él, la clave del discernimiento está en distinguir la consolación que viene del buen espíritu y la falsa consolación que viene del malo.

En su evolución espiritual ha llegado a darse al Señor, sin temor a las dificultades o desprecios que pueda llevar consigo su entrega generosa, superando vergüenzas, respetos humanos y otras resistencias de la naturaleza. Por eso el enemigo encuentra la puerta para entrar sólo disfrazándose con la apariencia de que propone algo bueno… En el tipo de almas a que se refieren estas reglas se da ya una sintonía afectiva y tendencial con la voluntad de Dios que es lo único que desean7.

No conviene olvidar que, aunque se trate de diferentes etapas y nuevas reglas, la tarea fundamental es la misma, como indica el título de esta segunda serie de reglas: «Reglas para el mismo efecto, con mayor discreción de espíritus» (EE 328). Seguimos tratando de mociones, o inclinaciones que mueven hacia algo y que provienen de Dios, de los ángeles, de los demonios, o de uno mismo, aunque no de forma deliberada. Y seguimos realizando las tres etapas del discernimiento de las que hablamos al comienzo: reconocer, reflexionar, actuar. No hay que perder nunca la perspectiva general de que con todo este discernimiento de espíritus lo que estamos buscando es la voluntad de Dios. La diferencia con la etapa anterior radica en que ahora es necesaria una «mayor discreción», un discernimiento más afinado.

La razón de este discernimiento más afinado es clara: ya no se trata de distinguir mociones contrarias (consolación y desolación), sino mociones aparentemente iguales. Ahora los dos espíritus no se muestran como contrarios, sino que el malo se disfraza de bueno. Por eso se hace necesaria más atención y un discernimiento más afinado.

Comprenderemos la relación entre esta nueva etapa espiritual y el cambio de estrategia del enemigo si descubrimos que, en la medida que la persona avanza en la vida espiritual y en el discernimiento (con las reglas de la primera semana que hemos estudiado ya), este cristiano avanzado sabe aprovechar la consolación y la desolación para crecer en fe, esperanza y caridad y adelantar en el seguimiento y servicio de Cristo8. Una vez que el cristiano descubre el mecanismo de la tentación que aparece en la desolación y sabe reaccionar a él, de nada le sirve al enemigo seguir tentándole por ese camino9. Ahora el mal espíritu no da la cara con la desolación o con engaños manifiestos, sino con «razones aparentes, sutilezas y engaños» (regla primera de la segunda semana). En la primera etapa, la contrariedad entre la consolación del buen espíritu y la desolación del malo estaban patentes. Ahora el enemigo disimula esa contrariedad simulando la consolación para conseguir, eso sí, fines contrarios:

Milita siempre contra la alegría divina, pero no ya trayendo tristeza contraria, sino más disimuladamente, con falacias y sutilezas10.

Cuando no puede engañar o desalentar al alma fervorosa por medio de la desolación, trata de imitar el modo de hablar y actuar del Señor. Y así la consolación, que pertenece al arsenal del buen espíritu, llega a convertirse en arma importante para el mal espíritu11.

San Ignacio resume en la primera regla de la segunda semana «lo propio» de Dios y de sus ángeles, contrapuesto a lo propio del enemigo, es decir su modo habitual de actuar.

La primera: es propio de Dios y de sus ángeles, en sus mociones, dar verdadera alegría y gozo espiritual, quitando toda tristeza y turbación, a las que el enemigo induce; del cual es propio guerrear contra esa alegría y consolación espiritual, trayendo razones aparentes, sutilezas y continuos engaños (EE 329).

1. Lo propio de Dios y de sus ángeles:

  • -Realmente el modo de actuar de Dios no cambia respecto de la primera etapa (salvo que en esta segunda etapa se distingue más la acción de Dios y de los ángeles)12.
  • -Sigue dando consolación y, con ella, alegría.
  • -Quita la tristeza y turbación que provoca el enemigo (sigue aplicándose el principio de contrariedad).

2. Lo propio del enemigo:

  • -El enemigo milita contra la consolación (principio de contrariedad).
  • -Pero ya no propone «placeres aparentes» o «razones falsas» como en la primera etapa13. Ahora propone «razones aparentes», «sutilezas» y «continuos engaños»14. Los engaños ya no parten de la desolación espiritual, de la atracción al mal y a cosas despreciables, sino de pensamientos santos y falsas consolaciones espirituales con las que el enemigo imita las que proceden de Dios.
  • -Estas «razones aparentes» pueden ser: a) falsas; b) aparentemente verdaderas; c) verdaderas pero que no vienen al caso y distraen; d) verdaderas, que vienen al caso, pero que deslumbran para que se les dé una importancia que no tienen.
  • -Las «sutilezas» son distinciones que no niegan el impulso de Dios, pero que lo interpretan de forma distinta, para impedir que se realice.
  • -Las falacias o «continuos engaños» matan los impulsos que vienen de Dios15.

La tarea fundamental de las reglas de esta segunda etapa consiste en distinguir las consolaciones que proceden del buen espíritu y las (falsas) que provienen del malo. Y, como sucede siempre en la enseñanza de san Ignacio, se basa en una verdad consoladora: esos engaños del enemigo, aunque sean más sutiles que en la primera fase, se pueden desenmascarar con las armas que nos proporciona el discernimiento.

Las reglas de San Ignacio para esta situación ambigua presuponen y afirman una verdad esencial y bastante consoladora: por muy embustero y tramposo que sea el demonio nunca es capaz de imitar bien las consolaciones de Dios… siempre aparecerá por algún lado «la cola serpentina» si el demonio está por medio. Para aquellos que tienen ojos avezados y costumbre de descubrir su manera de obrar, las huellas del mal espíritu siempre delatan hasta sus más ingeniosos fraudes16.

Para terminar hay que decir que es el director de los ejercicios o el director espiritual el que debe determinar si ha llegado el momento en que es necesario aplicar estas nuevas reglas, para lo que es preciso descartar que la persona que experimenta las mociones siga siendo un principiante en las cosas espirituales y continúe siendo tentado groseramente17.

La consolación que provoca el enemigo ¿es verdadera o falsa?

Cuando hablamos del engaño propio de esta segunda etapa, afirmamos que el mal espíritu se disfraza de ángel de luz y ya no usa la desolación para llevarnos a su objetivo de apartarnos de Dios y de su servicio, sino que imita el lenguaje de Dios, que es la consolación. Entonces no es ocioso preguntarnos si lo que hace el demonio es producir una verdadera consolación o simplemente proporciona una falsa consolación.

La dificultad para creer que el demonio produce una verdadera consolación está en que, según lo aprendido en las reglas de la primera semana, sólo Dios puede producir consolación, y resulta difícil aceptar que, en esta etapa, el demonio pueda producir lo mismo que produce Dios.

Pero por otra parte sabemos que el engaño de esta segunda etapa no sólo es posible, sino que muchas veces resulta eficaz, por lo que hay que pensar que, si el demonio sólo es capaz de imitar la consolación, esta imitación es suficientemente buena como para engañarnos.

El demonio puede llenar el alma de un cristiano o cristiana esforzado, trayéndole pensamientos sublimes, enardecido amor a la cruz, fervorosos deseos de virginidad, de cariñoso apego a la más despojada oración, de inspiraciones apostólicas cuajadas de sentimientos evangélicos, de sacrificado amor a la pobreza, etc., etc. El mal espíritu, en efecto, no es un chapucero que viene con consuelillos que a la legua huelen a carne y a mundo y al azufre del infierno. Por el contrario, cuando viene a tentar con apariencia de bien, lo hace de veras18.

San Ignacio, en las reglas de esta etapa, como veremos, tiene un gran interés en que no intentemos discernir el origen de la consolación por su contenido o por los sentimientos que la acompañan, ya que por ese camino seríamos fácilmente engañados. No hay que olvidar que la consolación que provoca el enemigo se enraíza en pensamientos buenos y santos, que encajan con una fe viva y sincera.

Por eso algunos piensan que esta consolación del demonio en sí misma es genuina e incontaminada, aunque su fuente y su finalidad sean impuras. El enemigo emplearía pensamientos y sentimientos que surgen de una fe viva, aunque luego intentará desviarlos.

El mal espíritu puede provocar, y de hecho lo hace, pensamientos genuinamente santos y genuinas consolaciones espirituales, que no deben ser repudiadas en todos los casos después de haber sido descubiertas… Lo realmente importante es darse cuenta cuanto antes cuándo y cómo los buenos pensamientos y las genuinas consolaciones espirituales derivan en pensamientos impíos y en una consolación engañosa o en una desolación espiritual19.

Desde luego, no hay que olvidar que el enemigo se adapta a la vida espiritual del sujeto y toma de ella la fuerza para realizar el engaño. Ciertamente los pensamientos y propósitos que suscita son verdaderos y santos. Pero no creemos que la consolación que proviene del enemigo sea, desde el principio, una verdadera consolación que luego se desvía, de modo que pudiera aprovecharse esa primera fase de la consolación del enemigo. Desde el principio los pensamientos y propósitos buenos que presenta el demonio están seleccionados y presentados del modo y en el momento adecuado para producir el engaño. Y aunque en principio el engaño pueda ser eficaz y difícil de distinguir, no debemos olvidar que san Ignacio ya nos advierte al comienzo de esta serie de reglas que lo propio del enemigo es luchar contra la verdadera alegría que produce Dios (primera regla de la segunda semana), y que el que se acostumbra a reconocer los engaños del enemigo puede reconocer la cola serpentina (sexta regla) e incluso el ruido y la inquietud que el toque de la falsa consolación provoca en los que proceden de bien en mejor (séptima regla).

Por lo que, sin negar el peligro de la gran imitación de la consolación que provoca el enemigo, preferimos pensar que no estamos ante una verdadera consolación, sino ante una falsa consolación pero que realmente puede engañarnos. San Ignacio nos ayudará a descubrir esa falsa consolación por diversos medios (reglas quinta a séptima de la segunda semana), especialmente percibiendo el mal que se introduce en la consolación engañosa y aparece claramente al final. Como sugiere el mismo san Ignacio en la séptima regla de la segunda semana, en la que advierte del ruido que provoca la falsa consolación desde el principio, es posible distinguir la consolación engañosa por su calidad y contenido, pero lo hace más fácilmente el director espiritual desde fuera que el que experimenta la consolación engañosa desde dentro20.

La verdadera consolación puede venir únicamente de Dios… Cuando miramos a la consolación, sin embargo, el engaño es posible; de ahí que debamos distinguir entre la verdadera y la falsa consolación, entre la que de verdad proviene de Dios y la que sólo tiene apariencias de venir de él21.

En general, podríamos decir que el demonio siempre revela su presencia con la desolación. No puede enmascarar totalmente su presencia ni puede producir una consolación completamente genuina. Por mucho que trate de imitar a Dios en la paz y el gozo de la consolación, la «cola serpentina» siempre resultará evidente para aquéllos que tienen ojos para examinar y paciencia para escrudiñar sus experiencias22.


NOTAS

  1. Cf. EE 328.
  2. Gouvernaire, Jean, Un discernement plus subtil. Règles de seconde Semaine des Exercices Spiritueles de Saint Ignace, Paris 1990 (Supplément à Vie Chrétienne nº 339), 4.7, afirma que «es claro que estas reglas, dadas para el tiempo de los Ejercicios, son igualmente válidas para la vida de todos los días» y que «estas reglas no están reservadas a la segunda semana, Incluso, fuera de los Ejercicios, pueden ser útiles en la vida ordinaria a los que tienen una vida suficientemente afinada». Gil, Discernimiento según San Ignacio, 15, advierte de que «tampoco ha de perderse de vita que estas reglas han sido redactadas para ayudar, esclareciendo situaciones minuciosamente especificadas, dentro del proceso espiritual tan peculiar de un ejercitante que hace sus ejercicios espirituales completos. Platicadas en otra situación, hay que ser conscientes de que se están poniendo fuera de su contexto, de modo que su validez se verá afectada, según el nuevo contexto sea o no análogo a aquel para el que fueron escritas. Lo cual nunca debería suponerse fácilmente».
  3. Gil, Discernimiento según San Ignacio, 269.
  4. En la primera época provoca confusión que pueda haber una consolación con causa producida por el mal espíritu; y, en la segunda, pensar que en toda consolación es el buen espíritu el que aconseja y guía, olvidando la falsa consolación producida por el mal espíritu disfrazado de ángel de luz (Cf. Gil, Discernimiento según San Ignacio, 270-271.308; Toner, A Commentary on Saint Ignatius’ Rules, 215).
  5. Gil, Discernimiento según San Ignacio, 270.
  6. «9.ª La nona: es de advertir que, cuando el que se ejercita anda en los ejercicios de la primera semana, si es persona no versada en las cosas espirituales y si es tentado grosera y abiertamente (por ejemplo, si se le presentan impedimentos para ir adelante en servicio de Dios nuestro Señor, como son trabajos, vergüenza y temor por la honra del mundo, etc.), el que da los ejercicios no le explique las reglas de varios espíritus de la segunda semana, porque, cuanto le aprovecharán las de la primera semana, le dañarán las de la segunda, por ser materia más sutil y más subida de lo que podrá entender. 10.ª La décima: cuando el que da los ejercicios ve al que los recibe combatido y tentado bajo apariencia de bien, entonces es el momento apropiado para hablarle de las reglas ya dichas de la segunda semana. Porque comúnmente el enemigo de la naturaleza humana tienta más bajo apariencia de bien cuando la persona se ejercita en la vida iluminativa, que corresponde a los ejercicios de la segunda semana, y no tanto cuando se ejercita en la vida purgativa, que corresponde a los ejercicios de la primera semana» (EE 9-10).
  7. Ruiz Jurado, El discernimiento espiritual, 240.
  8. «Las reglas de la segunda semana se aplican con propiedad cuando una persona espiritual que ya ha experimentado intensamente (EE 315) la “vida purgativa” con creciente libertad ante el pecado; que tiene práctica en el discernimiento según las reglas de la primera semana (superando la desolación espiritual); y que posee las disposiciones generosas (disposición a compartir la pobreza, la humillación y la misión redentora de Cristo) requerida para la elección en la segunda semana, es ahora tentada por el enemigo bajo apariencia de bien a través de la consolación espiritual y relacionada con buenos y santos pensamientos» (Timothy M. Gallagher, The discernment of spirits: When Do the Second Week Rules Apply?: The Way, 47/1–2 (Jan/April 2008), 132).
  9. Eso no quiere decir que en la segunda etapa no siga habiendo desolaciones, pero la posibilidad de que el enemigo engañe con ellas al cristiano avanzado es mucho menor (cf. Green, La cizaña entre el trigo, 156: «Las desolaciones vendrán. De hecho forman parte de la vida humana. Y el enemigo seguirá usándolas como instrumentos de prueba tratando de detectar señales de debilidad y deficiencia en el alma. Esto ocurre sobre todo en momentos de mayor exigencia o de dar un paso importante»).
  10. Gil, Discernimiento según San Ignacio, 283.
  11. Green, La cizaña entre el trigo, 159.
  12. Sigue valiendo la descripción de la consolación de la tercera regla de la primera semana: «3ª. regla. La tercera, de consolación espiritual: llamo consolación cuando en el alma se produce alguna moción interior, con la cual viene el alma a inflamarse en amor de su Criador y Señor, y como consecuencia ninguna cosa criada sobre la faz de la tierra puede amar en sí, sino en el Criador de todas ellas. También es consolación cuando derrama lágrimas que mueven a amar a su Señor, sea por el dolor de sus pecados, o por la Pasión de Cristo nuestro Señor, o por otras cosas ordenadas derechamente a su servicio y alabanza. Finalmente, llamo consolación todo aumento de esperanza, fe y caridad y toda alegría interna que llama y atrae a las cosas celestiales y a la propia salud de su alma, aquietándola y pacificándola en su Criador y Señor» (EE 316).
  13. Cf. la primera y segunda regla de la primera semana (EE 314-315).
  14. Ruiz Jurado, El discernimiento espiritual, 242, señala que los medios que emplea el enemigo en esta segunda etapa pertenecer a la esfera del conocimiento («razones aparentes, sutilezas») y de la fantasía («continuos engaños»), porque el alma ya sólo gusta de lo que agrada a Dios y el mal espíritu no puede engañarla en la esfera afectiva.
  15. Ruiz Jurado, El discernimiento espiritual, 242 y n 121, indica que estas falacias pueden confundirse con los escrúpulos porque el enemigo intenta inquietar al alma de conciencia recta haciéndola estricta en extremo (cf. EE 349).
  16. Green, La cizaña entre el trigo, 159.
  17. Futrell, John Carroll, El discernimiento espiritual, Santander 1984 (Sal Terrae), 90, añade otra condición importante: «La práctica de estas reglas presupone una persona que no sea neurótica ni se halle emocionalmente desequilibrada, sino que sea una persona realmente madura que ha descubierto su propia identidad en Jesucristo y que libremente se ha entregado por completo a vivirla… Para una persona cuya afectividad esté desordenada, las Reglas del discernimiento de espíritus de la Segunda Semana no son únicamente inútiles, sino que son positivamente peligrosas».
  18. Gil, Discernimiento según San Ignacio, 309-310. Es interesante el párrafo anterior: «Hay que aceptar esta enseñanza de san Ignacio, tal cual la propone. Porque a veces ocurre que el oyente la acepta superficialmente, pero por dentro dice: “Sí, pero… seguramente que son muy distintas de las que nos da el buen espíritu, y que uno mismo, por tonto que sea, más o menos en seguida se dará cuenta…” Pues no: ni son distintas como para distinguirlas por sí mismas, ni se dará nadie cuenta en seguida con tal de no ser tonto» (p. 309).
  19. Toner, A Commentary on Saint Ignatius’ Rules, 229. Pone el ejemplo de un trilero que deja ganar al principio para después hacer que su víctima pierda cuando la apuesta es mayor. Si se retira a tiempo, la ganancia es verdadera. Pero no creemos que, al menos en muchos casos, se pueda aplicar este ejemplo porque los pensamientos buenos y santos están ya seleccionados de antemano para alejar al sujeto de su verdadero fin o se presentan en el momento inadecuado (recuérdense las consolaciones de san Ignacio cuando se ponía a estudiar).
  20. Cf. la n. 3, de la entrada Consolación con causa y sin causa, en la que se recogen algunas sugerencias de señales «internas» que indican por el contenido y el modo de la consolación si es verdadera o falsa.
  21. Green, La cizaña entre el trigo, 158-159. También Ruiz Jurado, El discernimiento espiritual, 243, parece suponer lo mismo: «Afirma que en este caso [la consolación con causa precedente] puede venir la consolación (real o aparente) del bueno o del mal espíritu».
  22. Green, La cizaña entre el trigo, 170. En la p. 173 las llama «consolaciones falsas».