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Para entrar en el estudio del discernimiento en concreto comenzaremos por las dos primeras reglas de la primera semana de los Ejercicios de san Ignacio1.

1ª. regla. La primera regla: en las personas que van de pecado mortal en pecado mortal, acostumbra comúnmente el enemigo proponerles placeres aparentes, haciéndoles imaginar deleites y placeres de los sentidos, para conservarlos y hacerlos crecer más en sus vicios y pecados; en dichas personas el buen espíritu actúa de modo contrario, punzándoles y remordiéndoles la consciencia por el juicio recto de la razón (EE 314).

2ª. regla. La segunda: en las personas que van intensamente purgando sus pecados, y de bien en mejor subiendo en el servicio de Dios nuestro Señor, sucede de modo contrario al de la primera regla; porque entonces es propio del mal espíritu morder (con escrúpulos), entristecer y poner obstáculos, inquietando con falsas razones para que no pase adelante; y propio del buen espíritu es dar ánimo y fuerzas, consolaciones, lágrimas, inspiraciones y quietud, facilitando y quitando todos los impedimentos, para que siga adelante en el bien obrar (EE 315).

Según estas reglas, lo primero que hemos de hacer es conocer cuál es la situación en la que está la persona concreta respecto a Dios.

La primera pregunta que hay que hacer en el discernimiento de espíritus es: ¿esta persona se está alejando de Dios hacia el pecado grave, como una dirección fundamental en su vida? ¿O es el esfuerzo sincero de vencer el pecado y de acercarse a Dios la dirección fundamental de su vida? Solo cuando hayamos contestado esta pregunta podremos discernir acertadamente los movimientos espirituales que experimenta la persona en cuestión2.

Sin el conocimiento de la dirección fundamental de la persona respecto a Dios no se puede comenzar el discernimiento, porque de esa situación depende cómo actúan los espíritus en ella y cómo hay que interpretar las diversas mociones que producen. Debemos distinguir dos situaciones fundamentales (y opuestas):

  • -La persona que se está alejando de Dios, que avanza pero en el pecado. Vive según la carne y acomodada en el mundo.
  • -La persona que se acerca cada vez más a Dios, se va liberando de los pecados y progresa en las virtudes, en su vida espiritual y en su servicio a Dios3. Vive buscando a Dios.

Son dos situaciones contrarias y en cada una de ellas los espíritus actúan de manera contraria (principio de contrariedad), porque sus fines son también opuestos:

  • -El mal espíritu quiere apartar de Dios y llevar a la condenación tanto a uno como a otro, pero actúa de forma diferente según la situación en que están.
  • -El buen espíritu quiere llevar a la salvación y ayudar a acercarse a Dios tanto a uno como a otro, pero actúa de modo diferente según se estén alejando o acercando a él. Además actúa de forma contraria a lo que hace el mal espíritu (principio de contrariedad).

Entremos en el detalle:

1. El mal espíritu:

  • -Al que se está alejando, le facilita ese alejamiento dejándole tranquilo, adormeciéndole la conciencia, para que siga el camino de la perdición. Las mociones que produce son una falsa paz, un oscurecimiento de la conciencia, una tranquilidad que le impida plantearse su situación. Junto con eso le propone a la imaginación placeres aparentes4 para que abunde más en el pecado. En este caso actúa principalmente en la imaginación y en el adormecimiento5.
  • -Al que se está acercando a Dios y progresa en la vida espiritual, por el contrario, le intenta dificultar el camino: le provoca tristeza, le inquieta, le quita la alegría en el servicio al Señor, en la oración, en el amor; le plantea impedimentos, le quita energías, le sugiere razones para que no siga adelante6: «no serás capaz», «ya lo has intentado», «no vas a ser mejor que otros». Razones falsas, pero que resultan convincentes, inquietan y paralizan.

2. El buen espíritu:

  • -Al que se está alejando, Dios le dificulta ese camino, para que salga de él. Le crea inquietud, le produce remordimientos de conciencia. Dios le quita la falsa tranquilidad (no le quita la paz, porque no la tiene), no le deja en paz, pero por amor a esa persona. Le hace ver la verdad de su situación para que salga de ella, por lo que este «remorder» del buen espíritu siempre plantea un camino de esperanza para salir del pecado, un camino hacia la paz7. La oposición de Dios al camino de alejamiento emprendido no es signo de abandono o enfado de Dios (que resulta imposible), sino de preocupación por nosotros. En este caso, el buen espíritu (al contrario que el malo) actúa más en la conciencia, en el sentido del bien y del mal que permanece en la razón, y en el conflicto que surge con su propia situación (remordimiento)8.

Sí, su madre se ha prostituido. Se cubrió de vergüenza la que los concibió, cuando decía: «Me iré detrás de mis amantes, que me dan mi pan y mi agua, mi lana y mi lino, mi aceite y mis bebidas». Por eso yo cierro tu camino con espinos, lo rodeo de una cerca, no encontrará sus senderos (Am 2,7-8).

Porque, si os contristé con mi carta, no me arrepiento; y si entonces lo sentí ‑pues veo que aquella carta os entristeció, aunque por poco tiempo‑, ahora me alegro, no porque os hubierais entristecido, sino porque vuestra tristeza os llevó al arrepentimiento; pues os entristecisteis como Dios quiere, de modo que de parte nuestra no habéis sufrido ningún perjuicio. Efectivamente, la tristeza vivida como Dios quiere produce arrepentimiento decisivo y saludable; en cambio, la tristeza de este mundo lleva a la muerte (2Co 7,8-10).

  • -Al que se está acercando a Dios y progresa en la vida espiritual, el buen espíritu fundamentalmente le da: ánimo y fortaleza, paz y quietud, produce consolaciones, inspiraciones, lágrimas; y para contrarrestar la acción del enemigo quita los impedimentos que éste ha puesto. El buen espíritu facilita el avance por el camino emprendido.

En resumen:

Si esta [la persona] se aleja de Dios, el enemigo le da ánimos y el buen espíritu la inquieta. Si la persona avanza hacia Dios, el enemigo la inquieta y el buen espíritu la anima9.

Lo que afirman las dos primeras reglas ignacianas no es sólo información, porque conociendo la situación en la que estamos, ya podemos saber el modo de actuar de Dios y del enemigo y, en consecuencia, podemos identificar el origen de las mociones que sentimos (o de las que podemos sentir), y saber las que debemos secundar porque provienen del buen espíritu y las que hay que rechazar porque vienen de los enemigos del alma10.

En estas primeras reglas percibimos algo que seguirá siendo válido para el resto del discernimiento de espíritus: ambos espíritus están siempre actuando, es decir, su actuación no es algo puntual o extraordinario. Y cada uno de los espíritus tiene un patrón de actuación que se repite normalmente y se puede conocer («acostumbra comúnmente»), que es lo que hace posible, e incluso fácil, el discernimiento de espíritus.

Un punto de discusión es si hay que considerar que todos los que hacen ejercicios espirituales o hacen discernimiento están en el caso de los que se acercan a Dios. Es cierto que normalmente este tipo de personas no van cayendo cada vez en pecados más graves, pero puede suceder -y sucede muchas veces- que estén comenzando a alejarse de Dios o a caer en la tibieza o dando un paso atrás en el seguimiento de Cristo. Lógicamente el mal espíritu intentará ocultarles esta tendencia al alejamiento con falsa tranquilidad e inconsciencia y el bueno intentará hacerles reaccionar removiendo la conciencia. Por lo tanto se les ha de aplicar la situación de los que se alejan de Dios, aunque no estén en un estado de pecado mortal o de grave indiferencia11.


NOTAS

  1. Citamos el texto de los Ejercicios Espirituales según la edición preparada por Manuel Iglesias (ed. Monte Carmelo).
  2. Gallagher, Discernimiento de espíritus, 88.
  3. Fiorito, Discernimiento y lucha espiritual, 60-61 subraya que deben ir juntos el liberarse de los pecados y avanzar en el servicio de Dios. Uno sin el otro no sería signo de la situación de avance de la que estamos hablando de cara al discernimiento.
  4. Los placeres que presenta el demonio son «aparentes» en dos sentidos distintos: a) porque son imaginarios, inalcanzables y falsos en sí mismos; b) porque siendo placeres efectivos, tal como los entiende la carne y el mundo, nos apartan de Cristo, que es el único camino de la felicidad verdadera. Téngase en cuenta que el demonio también puede presentar como tentación deleites espirituales falsos o que nos apartan del camino de Dios (cf. Fiorito, Discernimiento y lucha espiritual, 41).
  5. Arzubialde, Ejercicios Espirituales, 609-610, subraya que, en este caso el enemigo se sirve de la inercia emocional provocada por la situación del pecado y del influjo del ambiente sobre su imaginación y afectividad. Parte de la acción del enemigo, añade, es negar el poder de la gracia para que se sienta incapaz de avanzar.
  6. Encontramos un buen compendio de este tipo de trabas e impedimentos en el libro de los Fundamentos 3,5, que desarrolla las tentaciones que sufre precisamente el que comienza la vida contemplativa: conformarse con menos, exagerar las dificultades y diluir la experiencia de Dios, desanimarse ante las propias deficiencias, plantear miedos e incertidumbres… Sería aleccionador descubrir en qué medida estas tentaciones proceden no sólo del demonio, sino de la carne y del mundo. Gallagher, Discernimiento de espíritus, 102-109, desarrolla la acción del enemigo punto por punto: el morder que inquieta, la tristeza, los impedimentos, las falsas razones… Véase también Fiorito, Discernimiento y lucha espiritual, 64-68.
  7. Fiorito, Discernimiento y lucha espiritual, 65, diferencia claramente el remordimiento que provoca el buen espíritu -que levanta al pecador y le hace volver- y el «morder y entristecer» del mal espíritu que tira por tierra, encierra en uno mismo y oscurece la misericordia. Una tristeza lleva a la vida, la otra conduce a la muerte.
  8. El texto ignaciano además de remorder dice «punzar», lo que además de hostigar puede tener el sentido positivo de alivio cuando su pincha un absceso purulento (Cf. Fiorito, Discernimiento y lucha espiritual, 43).
  9. Gallagher, Discernimiento de espíritus, 115. «En resumen, el mal espíritu anima a los que van “de pecado mortal (o capital) en pecado mortal (o capital»; y desanima a “los que van de bien en mejor subiendo… en el servicio de nuestro Señor; y el buen espíritu procede de manera contraria, o sea, desalienta, mediante la “sindéresis de la razón” [el juicio recto], a los unos y anima a los otros» (Fiorito, Discernimiento y lucha espiritual, 71).
  10. «Para discernir correctamente qué espíritu obra en el corazón de una persona (y, por lo tanto, para saber lo que debemos aceptar o rechazar), debemos primero identificar la dirección fundamental de su vida espiritual. Esta es la condición indispensable para discernir correctamente qué espíritu obra en el movimiento que experimenta una persona. Estas dos reglas nos ayudan a identificar una inmensa cantidad de experiencias espirituales potencialmente confusas y nos preparan para que seamos capaces de darles una respuesta adecuada» (Gallagher, Discernimiento de espíritus, 85. La cursiva es nuestra).
  11. Gallagher, Discernimiento de espíritus, 86, n. 6, junto con Gil y Green, identifican a los que se alejan de Dios con los que caen en pecados graves, cada vez mayores. Toner y Fiorito identifican a los que se alejan de Dios con personas que caen en niveles menos serios de pecaminosidad o simplemente se alejan de Dios de cualquier manera. «En este sentido, esta regla de la Primera Semana tiene un alcance mayor que si la entendiéramos estrictamente del que va de pecado grave en pecado grave; y comprendería a toda persona que lleva vida espiritual y que, en su camino hacia Dios, puede, en un momento de su vida -y en un aspecto de la misma- ir “de mal en peor” (EE. 335)» (Fiorito, Discernimiento y lucha espiritual, 39); cf. Arzubialde, Ejercicios Espirituales, 604-605.