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Espíritu Santo-Dios:
te reconozco como persona,
como Dios-en-mí;
y puesto que me habitas, te suplico:
manifiéstate, lléname, actúa en mí
y en los demás a través de mí;
compadécete de mi miseria
y muestra en ella tu poder.

Espíritu Santo-Dios,
alma de mi alma:
te adoro, te amo
y me consagro a ti.

Tú eres quien sostiene y anima a la Iglesia.
Tú eres quien armoniza la multiplicidad de miembros del Cuerpo de Cristo.
Tú eres quien nos entrega a Cristo por María.
Tú eres quien actualiza la pasión salvadora de Cristo en la Eucaristía.
Tú eres quien hace presente a Cristo en los sacramentos y en la vida.
Tú eres quien configura la vocación y misión de cada cristiano.

Tú me habitas y me llenas plenamente, me invades y santificas.
Tú inundas de gracia hasta los rincones más ocultos de mi ser.
Tú traes contigo a la Trinidad y me conviertes en templo de Dios.
Tú reflejas en mi alma la mirada amorosa del Padre y me sumerges en su providencia.
Tú suscitas en mi corazón la pasión que me enamora de Cristo.
Tú reconstruyes mi naturaleza pecadora y la devuelves a la inicial armonía con Dios y con las criaturas.
Tú me modelas a imagen de Cristo y me haces hijo de Dios.
Tú escuchas y comprendes todos mis lamentos y súplicas antes de expresarlos.

Tú eres la respiración de mi alma.
Tú eres la luz que ilumina mis pasos.
Tú eres el consuelo que conforta mis penas.
Tú eres la mano que me levanta de la postración.
Tú eres el espejo en el que contemplo a Cristo.

Tuyo es el amor que me inunda y sobrepasa.
Tuyo es el impulso hacia el amor más grande.
Tuyo es el suave gesto que me corrige.
Tuya es la dulzura que me hace olvidar las ofensas.
Tuya es la palabra eficaz que pones en mis labios.
Tuya es la libertad frente a todos y a todo.

Tú haces suave mi miseria.
Tú conviertes en riqueza mi pobreza.
Tú me salvas de la desesperanza ante el pecado.
Tú haces amables los dolores y humillaciones.
Tú me libras del desánimo por mis fracasos.
Tú renuevas mis fuerzas desgastadas en las luchas de la vida.
Tú afirmas mis pasos en el camino hacia el Calvario.
Tú me abrazas a la Cruz salvadora de Cristo.
Tú me resucitas en cada instante a la vida nueva de la gracia.

Tú me introduces en el eterno diálogo trinitario.
Tú me das la misma mirada de Cristo para ver con luz nueva todas las cosas.
Tú me descubres al Padre con los ojos del Hijo y al Hijo con los ojos del Padre.
Tú me muestras a Cristo en el pobre y desvalido.
Tú conviertes a todos en mis hermanos.
Tú me descubres a Cristo en quien me ofende o me hiere.

Tú eres quien hace de Dios mi morada y de mí su templo.
Tú eres quien recrea en mí la vida y las palabras de Cristo.
Tú eres quien alientas mi búsqueda insaciable de Dios.
Tú eres quien confirma mi fe y mi esperanza.
Tú eres quien me regala el gusto por las cosas de Dios.
Tú eres quien me consagra totalmente al Padre.
Tú eres quien me recuerda la Palabra de Dios.
Tú eres quien alienta mi oración.
Tú eres quien me recuerda mi ser esencial.
Tú eres quien ilumina la oscuridad de mi fe.

Tú eres quien hace de la Trinidad mi hogar en la tierra y mi eternidad en el cielo.
Tú eres quien me introduce en la eterna corriente del amor trinitario.
Tú eres quien me descubre a Dios como Trinidad de personas.
Tú eres quien me atrae al espíritu de las Bienaventuranzas.
Tú eres quien me sumerge en la misericordia de Dios en la confesión.
Tú eres quien siembra y alienta lo mejor que hay en mí.
Tú eres quien me hace fuerte en el combate.
Tú eres quien convierte mi cruz en gloria.
Tú eres quien me hace nacer de nuevo a la vida de la gracia.
Tú eres quien da fruto evangélico a mi vida.
Tú eres quien me sugiere el gesto o la palabra oportunos.
Tú eres quien acompaña todas mis soledades.
Tú eres quien me fortalece frente al enemigo.
Tú eres quien vigila y acompaña todos mis pasos.
Tú eres la garantía firme de la Gloria.
Tú eres quien me llevará de la mano en mi muerte y la convertirá en tránsito a la vida.

Todo eso y mucho más haces en mí; todo eso y mucho más, infinitamente más, eres tú. Te adoro, te amo y me entrego a ti, consagrándote todo lo que soy:

  • -para que me consumas en ti, fuego eterno del amor trinitario,
  • -para que seas el alma de mi alma y la vida de mi vida,
  • -para que me unas íntimamente a ti en esta vida y me lleves a participar, en el cielo, del amor con el que abrazas al Padre con el Hijo por eternidad de eternidades.

Amén.