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REDESCUBRIR LA MISA CON EL NUEVO MISAL Una nueva edición del Misal El primer domingo de Cuaresma se comienza a utilizar en España la nueva edición del Misal, tal como en los países hispanoamericanos ya hicieron hace tiempo. Con este motivo podemos aprovechar esta oportunidad para profundizar en la misa, su espiritualidad, características, etc., como modo de expresar nuestra comunión con la Iglesia y para aprender a vivir mejor la misa, en lo que tiene la liturgia de vivencia de fe y de manifestación exterior. ¿Qué aporta el nuevo Misal? -Una nueva Ordenación del Misal Romano, que es la guía y la norma suprema de la celebración de la Eucaristía, que aclara y concreta diversos puntos de la celebración. -Una nueva traducción de todo el Misal, más fiel a la edición típica latina. -Nuevas oraciones, prefacios, bendiciones, respuestas… y las misas de algunos nuevos santos. -Una edición cuidada que expresa la dignidad del Misal, con una especial atención a la música dentro de la celebración. Valorar el gran tesoro de la Eucaristía La nueva edición del Misal nos tiene que servir para redescubrir el verdadero valor de la Eucaristía: -Que no es un simple mandamiento que hay que cumplir, una obligación más o menos costosa… -Sino que «contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, a Cristo mismo» y es «fuente y culmen de toda la vida cristiana», como afirma el Concilio Vaticano II. Por eso es tan importante la celebración de la Misa y la renovación del Misal, porque en la Eucaristía se encuentra la cumbre de la obra santificadora de Dios y del culto que podemos ofrecerle. Es la principal manifestación de la Iglesia. La «nueva» fórmula de la consagración del cáliz Siguiendo el criterio de una traducción más literal del Misal latino y de los textos de la Escritura, las palabras de la consagración del vino serán desde ahora: Tomad y bebed todos de él, porque este es el cáliz de mi sangre, sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por muchos para el perdón de los pecados. Esta novedad no supone ningún cambio en la doctrina de la Iglesia sobre la salvación: Cuando la fórmula de la consagración era «por vosotros y por todos los hombres» se subrayaba que Cristo muere por todos los hombres, como es dogma de fe, pero no se negaba la necesidad de acoger personalmente esa salvación por la fe, manifestada en una vida nueva, ni la posibilidad de que algunos, por su libre elección, quedaran fuera de esa salvación obtenida por Cristo. La fórmula «por vosotros y por muchos», se atiene de forma literal a las palabras del Evangelio (Mt 26,28 y Mc 14,24); subraya la necesidad de acoger la salvación ofrecida a todos por Cristo y recuerda que Jesús, en la Cena, proclama que él es el Siervo de Dios, anunciado por el profeta Isaías, que «justificará a muchos, porque cargó con los crímenes de ellos» y «tomó el pecado de muchos  e intercedió por los pecadores» (Is 53, 11.12). Pero esta fórmula no niega la verdad fundamental de que Dios «entregó por todos nosotros» a su propio Hijo (Rm 8, 32). Vivir mejor la misa supone… 1. Llegar con tiempo para prepararnos bien a lo que vamos a celebrar. 2. Aprovechar los momentos de silencio para unirnos a la oración del sacerdote, escuchar con fe la Palabra de Dios y la homilía, y especialmente la Plegaria eucarística. Participar bien en la misa supone que durante la misa no rezamos ni leemos otras cosas, ni hablamos con los demás… 3. Manifestar la unidad de la Iglesia en una fe común por medio de la unidad en: -Las oraciones. -Las aclamaciones. -Los cantos. -Las posturas. -Los gestos. Esta unidad se hace en comunión con las normas de la Iglesia y siguiendo las indicaciones del sacerdote. Respecto a las posturas, el nuevo Misal subraya: -Los fieles se ponen de pie, después de ofrecer el pan y el vino, para responder de pie: «El Señor reciba de tus manos este sacrificio…». -Los fieles sólo se ponen de rodillas (salvo impedimento razonable) durante la consagración para expresar la fe en la presencia de Cristo y adorar el misterio de nuestra salvación que se hace presente en el altar. El momento para ponerse de rodillas es cuando el sacerdote extiende las manos sobre las ofrendas para invocar el Espíritu Santo (epíclesis); y se ponen de pie cuando el sacerdote termina la genuflexión después de la elevación del cáliz, de modo que la aclamación: «Anunciamos tu muerte…» la hace toda la asamblea estando de pie. -Se hace inclinación profunda (no sólo de cabeza): a) al pasar delante del altar (si no hay sagrario); b) antes de comulgar (si no se hace genuflexión); c) en el Credo (en las palabras de la Encarnación). -Los fieles hacen genuflexión: a) al entrar y salir del templo, si el sagrario está visible; b) cuando pasan por delante del Santísimo Sacramento, salvo que lo hagan procesionalmente. 4. Asumir cada uno el papel que le corresponde, sin apropiarse del ministerio litúrgico de otros: -Los fieles no «rezan» la plegaria eucarística (ni en voz alta, ni en voz baja), puesto que está reservada sólo al sacerdote -No dicen las palabras de la consagración, ni «por Cristo con él y en él…». -Participan en la Plegaria mediante la oración en silencio, las posturas y las aclamaciones. -El «Amén» al final de la Plegaria eucarística, pronunciado con solemnidad, expresa el modo en el que los fieles participan y hacen suya dicha Plegaria. 5. Considerar que los diversos ministerios dentro de la celebración (acólitos, lectores, cantores…) no son un privilegio, sino una forma de servicio a la comunidad para los que hay que prepararse. 6. Recordar que la asamblea que se reúne para celebrar la Eucaristía y cada uno de sus miembros tiene como función alabar a Dios, interceder, escuchar su Palabra para cumplirla, ofrecer su vida junto a la de Cristo y unirse a él en la comunión. 7. Escuchar la Palabra de Dios -especialmente el Evangelio- y la homilía con espíritu de fe, sabiendo que Dios nos habla y el mismo Cristo se hace presente por su Palabra. Debemos acercarnos a la mesa de la Palabra con el mismo deseo de alimentarnos de ella -como hacemos al acercarnos a la mesa de la Eucaristía- para acogerla con docilidad y hacerla vida con generosidad. 8. Comulgar sacramentalmente, puesto que la plena participación en la misa es recibir la comunión (con las debidas disposiciones). 9. Expresar, en su momento y sobriamente, la paz a los que uno tiene más cerca (sabiendo que se trata de un gesto opcional). 10. Manifestar la fe en la presencia de Cristo en nuestra manera de recibir la comunión: -Haciendo la debida reverencia (inclinación o genuflexión) antes de que el sacerdote diga: «El cuerpo de Cristo». -Manifestando, con nuestro «Amén» antes de comulgar, nuestra fe en la presencia de Cristo en la Eucaristía y nuestro deseo de unirnos a él con una vida santa. -Si comulgamos en la mano, dejando que el sacerdote deposite el pan consagrado en la palma de una mano extendida sobre la otra, para cogerlo después con esta última y llevárselo a la boca delante del sacerdote. -Si comulgamos con la boca, abriendo la boca de forma adecuada, para comulgar con la dignidad y decoro debidos a la Eucaristía. 11. Evitar comulgar mal en general: -Saliendo de la fila (que es una procesión). -Volviendo por cualquier lado y entorpeciendo la procesión de los que se acercan a comulgar. -Yendo o viniendo distraído, hablando, saludando… -«Colándose», como en la cola del «super». -Esperando al final para salir a comulgar. 12. Evitar comulgar mal en la boca: -Mirando a otro lado o inclinando la cabeza. -Haciendo la reverencia cuando el sacerdote muestra el cuerpo de Cristo. -Con la boca cerrada o sin sacar suficientemente la lengua. -Poniéndose demasiado lejos del sacerdote. -«Lamiendo» la mano del sacerdote. 13. Evitar comulgar mal en la mano: -Con una sola mano extendida y la otra detrás. -Tomando la forma con los dedos «a modo de pinza». -Sin extender bien la mano. -Colocando las manos demasiado altas o demasiado bajas. -Poniendo la mano a la vez que se abre la boca. -Marchándose con la forma en la mano. -Presentando las dos manos a la vez. -Pasándose la forma de una mano a otra. -Comulgando de la palma de la mano. -Cogiendo la forma directamente de la patena. 14. Cuidar el momento de la comunión con un silencio previo, acercándonos a comulgar atentos sólo a lo que vamos a hacer, orando intensamente en silencio, adoración y acción de gracias después de haber recibido al Señor. 15. No salir precipitadamente a la calle, para poder dedicar un tiempo de oración después de la Misa para dar gracias a Dios y asimilar interiormente los frutos de la comunión. Conclusión Es muy importante que cuidemos al detalle estos cambios, aunque sean pequeños, porque si vivimos la Misa con fe, unidad y devoción: -Demostramos que es importante para nosotros. -Expresamos nuestro amor a Cristo y a la Iglesia. -Vivimos mejor y más profundamente la Eucaristía y ayudamos a los demás a que participen mejor de ella. -Manifestamos al mundo que creemos que la Misa es realmente el misterio de nuestra fe en el que se hace presente realmente Cristo y se renueva la obra de nuestra salvación. Para ver este tema más ampliamente le recomendamos el siguiente enlace, en el que, además de este tema ampliado, hay cuatro presentaciones multimedia sobre el tema que se pueden descargar: ►Ver el tema completo