C. de Meester, Las manos vacías. El mensaje de Teresa de Lisieux Burgos 1998, 7ª ed (Editorial Monte Carmelo), 184 p.
No se trata de un libro más sobre santa Teresa del Niño Jesús. La obra de Conrad de Meester posee la cualidad de estar basada en un profundo estudio de lo esencial del mensaje de santa Teresita[1] y la ventaja de presentar el proceso de transformación interior y el descubrimiento de un camino de santidad. El autor parte de algo tan obvio como olvidado: «Teresa no nació santa. Se hizo santa a través de un proceso doloroso» (p. 73). En ese proceso, la santa carmelita va descubriendo distintos elementos de lo que será la gran luz que ilumine su vida y aporte a la Iglesia: el caminito. Van aflorando en ella la convicción del amor como camino de santidad, la necesidad de hacerse más pequeña, la conciencia de la propia debilidad, los deseos insaciables de santidad, el abandono, el valor del sufrimiento..., hasta llegar a la gran síntesis entre el anhelo pleno de santidad que mueve toda su vida y la conciencia radical de su pobreza: la misericordia de Dios, que nos hace santos con tal de que permanezcamos muy pequeñitos, es decir, humildes, confiados y abiertos a la inundación de la misericordia[2]. Este descubrimiento crece y se desarrolla en la «ofrenda al Amor misericordioso»[3], el descubrimiento de su vocación como amor en el corazón de la Iglesia[4], su noche oscura de la fe, hasta llegar a la entrega de su vida, cumplimiento de su camino[5]. Los abundantes textos de la nueva doctora de la Iglesia que recoge y comenta de Meester no sólo son los más importantes, sino que están situados en el momento preciso del proceso interior de la santa; algo que es preciso tener siempre en cuenta. Pero nadie se asuste: la obra, escrita como una biografía interior (la «historia de un alma»), se lee con facilidad, con gusto y con mucho provecho para quien busque a Dios. Es el deseo del autor al presentar su obra: «Esperamos que alguno de esos numerosos buscadores de Dios encuentre aquí una luz que alumbre su camino. Y sin conocernos nos haremos amigos» (p. 14). Estamos ante una lectura que sabe unir perfectamente el fundamento sólido, la presentación amena y el alimento sabroso de la vida interior. No es necesario subrayar que la doctrina de santa Teresa de Lisieux ofrece elementos -o incluso el camino concreto- imprescindibles para el contemplativo. No presenta ningún inconveniente que sea una carmelita la que propone este camino de santidad, ya que sin duda es para todos. Así lo manifestó Juan Pablo II al proclamarla doctora de la Iglesia: «Su mensaje, a menudo sintetizado en el así llamado “caminito”, no es más que el camino evangélico de la santidad para todos»[6]. Pueden sernos muy útiles las aportaciones de santa Teresa del Niño Jesús acerca de cómo realizar la síntesis entre receptividad y colaboración, entre grandes deseos y radical impotencia, entre misericordia de Dios, miseria del hombre y abandono a la gracia. Problemas que para un contemplativo no forman parte de un tratado de vida espiritual, sino que están en la entraña misma de su ser y se le plantean de forma viva y concreta. Todo esto hace que el acercamiento a santa Teresita a través de esta obra no pueda quedar sin fruto para los buscadores de Dios, que fácilmente se convierten en amigos de la santa de la misericordia cuando la conocen. Notas [1] C. de Meester, Dinámica de la confianza. El secreto de Teresa de Lisieux, Burgos 1998, 2ª ed (Editorial Monte Carmelo), 439 p. Se trata de un estudio más minucioso y largo que la obra que hoy presentamos, pero muy interesante para quien quiera profundizar en el origen y la estructura del camino de la infancia espiritual. [2] Cf. las páginas 84-92, «El hallazgo de un caminito», cf. Santa Teresa del Niño Jesús, Manuscrito C, 2vº-3rº. [3] Santa Teresa del Niño Jesús, Manuscrito A, 84rº. [4] Santa Teresa del Niño Jesús, Manuscrito B, 3vº- 3rº. [5] Sus últimas palabras son «Dios mío os amo» (Cuaderno amarillo, 30.9). [6] Juan Pablo II, Divini amoris scientia, 2.
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