Lectura contemplativa del Catecismo

Lectura contemplativa del Catecismo de la Iglesia Cat贸lica (7)

La transmisi贸n de la Revelaci贸n

 

El Sembrador

 

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Introducci贸n

Conviene, una vez m谩s, que situemos el tema que vamos a tratar, la transmisi贸n de la Revelaci贸n, dentro del conjunto del Catecismo. Despu茅s de reflexionar sobre el modo que Dios ha elegido para revelarse a los hombres, vamos a ver c贸mo se transmite esa revelaci贸n, para poder terminar m谩s adelante este cap铆tulo delimitando claramente qu茅 es la Biblia y su relaci贸n con la Revelaci贸n y la Tradici贸n.

Primera secci贸n: Creo-Creemos

 Cap. 1: El hombre es capaz de Dios

 Cap. 2: Dios al encuentro del hombre

  Art铆culo 1: La Revelaci贸n de Dios

  Art铆culo 2: La transmisi贸n de la Revelaci贸n divina

  Art铆culo 3: La Sagrada Escritura

 Cap. 3: La respuesta del hombre a Dios

 

Al comentar estos n煤meros del Catecismo, hay que tener en cuenta que siguen de cerca lo que dice el Concilio Vaticano II en la Constituci贸n sobre la Revelaci贸n, Dei Verbum, en el cap铆tulo II, dedicado a la transmisi贸n de la revelaci贸n divina (DV 7-10).

El principio rector de la transmisi贸n de la Revelaci贸n

 

Humanidad salvada

 

74 Dios 芦quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad禄 (1Tim 2,4), es decir, al conocimiento de Cristo Jes煤s (cf. Jn 14,6). Es preciso, pues, que Cristo sea anunciado a todos los pueblos y a todos los hombres y que as铆 la Revelaci贸n llegue hasta los confines del mundo: 芦Dios quiso que lo que hab铆a revelado para salvaci贸n de todos los pueblos se conservara por siempre 铆ntegro y fuera transmitido a todas las generaciones禄 (DV 7).

Tanto san Pablo en la primera carta a Timoteo, como la Dei Verbum nos se帽alan la intenci贸n de Dios de que su salvaci贸n llegue a todos los hombres y, en consecuencia, de que la verdad revelada por Dios llegue tambi茅n a toda la humanidad. Es conveniente detenerse a pensar que la salvaci贸n es el objetivo final que mueve la Revelaci贸n; y la salvaci贸n es tambi茅n lo que hace tan importante que esta Revelaci贸n se transmita a todos los hombres, tanto en el tiempo como en el espacio. De ah铆 nace la urgencia de anunciar a Cristo, plenitud de la Revelaci贸n. No se trata simplemente de una verdad que se quiere transmitir por el mero hecho de que es verdad, para ampliar el conocimiento sobre Dios, sino la verdad de Dios que lleva a la salvaci贸n.

Y eso nos hace caer en la cuenta de la relaci贸n que hay entre salvaci贸n y verdad. Es necesario subrayar esta relaci贸n, porque a veces desligamos la salvaci贸n de la verdad. Es significativo que frecuentemente se cita s贸lo la primera parte de 1Tm 2,4: 芦Dios quiere que todos los hombres se salven鈥β, y se olvida o se oculta lo que sigue: 芦鈥 lleguen al conocimiento de la verdad禄. No podemos pensar que Dios nos ofrece la salvaci贸n sin ofrecer, a la vez, que lo conozcamos realmente a 茅l y salgamos del error, como si a Dios le diera igual la verdad con tal de poder salvarnos. Cuando separamos salvaci贸n y verdad, en el fondo, reducimos la salvaci贸n a un acto de perd贸n extr铆nseco al hombre y olvidamos que, para que todo el hombre sea salvado, es necesario que tambi茅n se sane su raz贸n y que la verdad le permita una relaci贸n realmente personal con el Dios verdadero.

Pero al subrayar que Dios quiere que todos los hombres lleguen al conocimiento de la verdad, tampoco debemos olvidar que se trata de un conocimiento que lleva a la salvaci贸n, que incluye una transformaci贸n verdadera, una plenitud humana en todos sus aspectos y una nueva forma de relaci贸n con Dios, con los dem谩s y con uno mismo. Si no lleva a todo eso, no se trata de un verdadero conocimiento de la verdad (valga la redundancia).

Una vez que est谩 claro que necesitamos la verdad revelada para salvarnos, hay que suponer que el plan de Dios -y la intenci贸n de Cristo- no puede ser hacer llegar la Revelaci贸n s贸lo en un momento concreto de la historia a unos hombres determinados, sin querer que esa Revelaci贸n de su ser, de su plan y de su amor llegue a todos los hombres. Por eso es err贸neo afirmar que Jes煤s durante su vida p煤blica no tuvo ninguna intenci贸n de que su mensaje se conservara y se difundiera, y que s贸lo despu茅s de la resurrecci贸n sus disc铆pulos decidieron recoger, fijar y transmitir con m谩s o menos exactitud lo que hab铆a dicho su maestro.

 

Jes煤s predicando a la multitud

 

Podemos afirmar, con suficiente seguridad hist贸rica, basada en el an谩lisis de los evangelios, que antes de la Pascua:

- Jes煤s tuvo algunos disc铆pulos, a los que llam贸 a dejarlo todo, con los que form贸 una comunidad estable y con los que manten铆a una convivencia muy estrecha.

- Ese grupo de disc铆pulos, antes de la Pascua, segu铆a a Jes煤s porque cre铆an en su palabra y en su persona, lo que les hac铆a prestar una determinada atenci贸n a sus palabras y a sus gestos.

- Jes煤s manifest贸 a estos disc铆pulos su ense帽anza de forma que pudiera ser memorizada f谩cilmente y transmitida fielmente.

- Jes煤s envi贸 a sus disc铆pulos a predicar antes de su muerte.

Por lo tanto, 芦es posible y altamente probable una verdadera continuidad, no s贸lo temporal y sociol贸gica, sino tambi茅n de tradici贸n 鈥慹s decir, de adhesi贸n, de actividad y de mensaje鈥 entre la comunidad prepascual y la comunidad postpascual禄[1].

Y para que se realice el plan de Dios que quiere que su revelaci贸n y su salvaci贸n lleguen a todos los hombres son necesarios dos elementos complementarios que indica la cita de DV 7: que se conserve y que se difunda. Tanto si esa revelaci贸n se desvirtuara, como si quedara aislada en una zona geogr谩fica o en una 茅poca de la historia, no se podr铆a cumplir el plan revelador-salvador de Dios manifestado en Jesucristo. Por tanto, la transmisi贸n de la Revelaci贸n no es un elemento a帽adido a la decisi贸n de Dios a manifestarse personalmente, sino que va incluido en la misma. Y, por tanto, no se puede pensar en la tradici贸n como un ap茅ndice extra帽o (menos a煤n como una traici贸n) a la Revelaci贸n.

Antes de seguir adelante debemos se帽alar la relaci贸n estrecha que hay entre la voluntad de Dios de que la Revelaci贸n (y la salvaci贸n) llegue a todos los hombres y la tarea esencial de la Iglesia de anunciar el Evangelio. Para ello baste recordar estos textos del Vaticano II:

Como el Hijo fue enviado por el Padre, as铆 tambi茅n 脡l envi贸 a los Ap贸stoles (cf. Jn 20,21) diciendo: 芦Id, pues, y ense帽ad a todas las gentes, bautiz谩ndolas en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Esp铆ritu Santo, ense帽谩ndoles a guardar todo lo que os he mandado. Yo estar茅 con vosotros siempre hasta la consumaci贸n del mundo禄 (Mt 28,19-20). Este solemne mandato de Cristo de anunciar la verdad salvadora, la Iglesia lo recibi贸 de los Ap贸stoles con orden de realizarlo hasta los confines de la tierra (cf. Hch 1,8). Por eso hace suyas las palabras del Ap贸stol: 芦隆Ay de m铆 si no evangelizare!禄 (1Co 9,16), y sigue incesantemente enviando evangelizadores, mientras no est茅n plenamente establecidas las Iglesias reci茅n fundadas y ellas, a su vez, contin煤en la obra evangelizadora (Lumen Gentium 17).

La Iglesia, enviada por Dios a las gentes para ser 芦el sacramento universal de la salvaci贸n禄, obedeciendo el mandato de su Fundador (Cf. Mc 16,15), por exigencias 铆ntimas de su misma catolicidad, se esfuerza en anunciar el Evangelio a todos los hombres. Porque los Ap贸stoles mismos, en quienes est谩 fundada la Iglesia, siguiendo las huellas de Cristo, 芦predicaron la palabra de la verdad y engendraron las Iglesias禄. Obligaci贸n de sus sucesores es dar perpetuidad a esta obra para que 芦la palabra de Dios sea difundida y glorificada禄 (2Tes 3,1), y se anuncie y establezca el reino de Dios en toda la tierra (Ad Gentes 1).

Mas lo que el Se帽or ha predicado una vez o lo que en 脡l se ha obrado para la salvaci贸n del g茅nero humano hay que proclamarlo y difundirlo hasta los confines de la tierra (Cf. Hch 1,8), comenzando por Jerusal茅n (Cf. Lc 24,47), de suerte que lo que ha efectuado una vez para la salvaci贸n de todos consiga su efecto en la sucesi贸n de los tiempos (Ad Gentes 3).

La tradici贸n apost贸lica

 

San Pedro predicando

La predicaci贸n de san Pedro, Masolino da Panicale (1383-1440)

 

Tradici贸n (de la palabra latina traditio) significa la acci贸n de entregar y transmitir. En el caso de los ap贸stoles, se trata de entregar algo que han recibido de Cristo, como el testigo de los corredores de relevos. San Pablo nos ofrece un claro ejemplo de lo que significa la tradici贸n cristiana como acto de recibir y entregar, cuando nos habla de las palabras de la 煤ltima cena:

Porque yo he recibido una tradici贸n, que procede del Se帽or y que a mi vez os he transmitido: Que el Se帽or Jes煤s, en la noche en que iba a ser entregado, tom贸 pan y, pronunciando la Acci贸n de Gracias, lo parti贸 y dijo: 芦Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria m铆a禄. Lo mismo hizo con el c谩liz, despu茅s de cenar, diciendo: 芦Este c谩liz es la nueva alianza en mi sangre; haced esto cada vez que lo beb谩is, en memoria m铆a禄 (1Co 11,23-25).

Eso que se recibe y se tiene que transmitir viene del Se帽or, y el primer eslab贸n de esa cadena de transmisi贸n, los primeros que lo reciben y lo transmiten, son los ap贸stoles, y esa tarea es lo que les hace tan importantes[2]. Es lo que nos explica el Catecismo, que se limita a citar la Dei Verbum del Concilio Vaticano II:

75 芦Cristo nuestro Se帽or, en quien alcanza su plenitud toda la Revelaci贸n de Dios, mand贸 a los Ap贸stoles predicar a todos los hombres el Evangelio como fuente de toda verdad salvadora y de toda norma de conducta, comunic谩ndoles as铆 los bienes divinos: el Evangelio prometido por los profetas, que 脡l mismo cumpli贸 y promulg贸 con su voz禄 (DV 7).

Es necesario se帽alar que aqu铆 la palabra 芦evangelio禄 no designa, como en otras ocasiones, el acto de predicar o el libro recogido por cada uno de los cuatro evangelistas, sino el conjunto del mensaje a comunicar, el evangelio de Cristo en el doble sentido del Evangelio que predic贸 Cristo y del Evangelio que es Cristo, que luego pasa a ser el mensaje de la salvaci贸n que han de transmitir los ap贸stoles[3].

El Catecismo se帽ala el desarrollo de este Evangelio en el tiempo: fue anunciado por los profetas, Jes煤s lo realiz贸 y anunci贸 (recu茅rdese que la revelaci贸n se realiza por obras y palabras), y 茅l mismo lo entreg贸 a los ap贸stoles para que lo anunciaran.

Es especialmente importante se帽alar que este Evangelio no s贸lo contiene la 芦historia de Jes煤s禄, sino que transmite:

-La verdad salvadora.

-Las normas de comportamiento.

-Los bienes divinos.

Por lo tanto, ser铆a un error eliminar del Evangelio recibido de Jes煤s -y del que transmitimos- alguno de estos tres elementos o reducirlo a uno solo de ellos, como hacen los que eliminan del Evangelio una moral transmitida por Cristo, o se olvidan de la salvaci贸n transmitida a trav茅s del Evangelio. No s贸lo verdades, no s贸lo normas, no s贸lo dones de salvaci贸n, sino todo ello a la vez.

Se puede ilustrar lo que queremos decir comparando el escueto mandato de Mc 16,15 con el que aparece en Mt 28,19-20 en el que podemos descubrir estos tres elementos constitutivos del Evangelio[4].

Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creaci贸n (Mc 16,15).

Id, pues, y haced disc铆pulos a todos los pueblos, bautiz谩ndolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Esp铆ritu Santo; ense帽谩ndoles a guardar todo lo que os he mandado (Mt 28,19-20).

A continuaci贸n, el Catecismo, siguiendo la Dei Verbum, nos habla del modo en que es transmitido el Evangelio[5]:

76 La transmisi贸n del Evangelio, seg煤n el mandato del Se帽or, se hizo de dos maneras:

-oralmente: 芦los Ap贸stoles, con su predicaci贸n, sus ejemplos, sus instituciones, transmitieron de palabra lo que hab铆an aprendido de las obras y palabras de Cristo y lo que el Esp铆ritu Santo les ense帽贸禄;

-por escrito: 芦los mismos Ap贸stoles y los varones apost贸licos pusieron por escrito el mensaje de la salvaci贸n inspirados por el Esp铆ritu Santo禄 (DV 7).

 

Los cuatro evangelios

 

Se coloca primero la transmisi贸n oral del Evangelio porque as铆 sucedi贸 de hecho: 芦La Tradici贸n precedi贸 a la Escritura禄[6]. Los estudiosos del Nuevo Testamento dan por hecho que hubo una etapa de transmisi贸n oral de los dichos y hechos de Jes煤s antes de la puesta por escrito de los evangelios[7].

De nuevo hay que rese帽ar que no se trata s贸lo de la repetici贸n fiel de las ense帽anzas o del relato de la historia de Jes煤s, sino que los ap贸stoles transmiten el Evangelio con sus ejemplos e instituciones, a trav茅s de lo que hac铆an y con lo que iban constituyendo en la Iglesia.

El testimonio de los ap贸stoles desborda, pues, la predicaci贸n oral propiamente dicha: incluye tambi茅n todo lo referente al culto y a los sacramentos (especialmente al bautismo y a la eucarist铆a), al comportamiento moral y a la direcci贸n moral de las comunidades cristianas[8].

Aqu铆 se enra铆za la distinci贸n y la relaci贸n entre Tradici贸n y Escritura en la que nos vamos a fijar m谩s adelante.

En este contexto se entiende muy bien la importancia de los ap贸stoles en la Iglesia, por qu茅 decimos que creemos en una Iglesia 芦apost贸lica禄 y por qu茅 el Apocalipsis muestra a la Iglesia fundada sobre el cimiento de los ap贸stoles:

Y me llev贸 en Esp铆ritu a un monte grande y elevado, y me mostr贸 la ciudad santa de Jerusal茅n que descend铆a del cielo, de parte de Dios鈥 la muralla de la ciudad ten铆a doce cimientos y sobre ellos los nombres de los doce ap贸stoles del Cordero (Ap 21,10-14).

Hay que tener muy presente que 芦los ap贸stoles tienen una situaci贸n privilegiada respecto a Cristo y a la Iglesia禄[9], porque han sido elegidos por el mismo Cristo, son testigos de los sucesos de la vida p煤blica, de la muerte y de la resurrecci贸n[10], Cristo se les ha manifestado y se les ha dado a conocer de forma personal, son enviados a anunciar el Evangelio, participando de su misi贸n[11], hacen presente a Cristo[12] y han recibido el Esp铆ritu Santo para comprender el mensaje de Cristo y transmitirlo[13]. Por eso se puede afirmar que 芦los ap贸stoles no tienen rival en el misterio de Cristo禄 e incluso que 芦el testimonio apost贸lico es lo que constituye para nosotros el objeto de fe鈥 El objeto de nuestra fe es, sin duda, Cristo en persona, sus palabras y sus acciones, pero tal como ha sido propuesto por los ap贸stoles en su testimonio禄[14].

La relevancia de los ap贸stoles se debe, por una parte, a su actividad como fundadores y rectores de las comunidades cristianas primitivas y, por otra parte, a que fueron los primeros y, por eso, 鈥渢estigos鈥 excepcionales gracias a su experiencia del Cristo resucitado, que los convirti贸 en proclamadores fundantes del Evangelio para todos los tiempos venideros. Por esta raz贸n, los ap贸stoles y la apostolicidad son t茅rminos que sirven para garantizar la fidelidad y veracidad del testimonio de los or铆genes[15].

Es necesario rese帽ar que no se trata solamente de un proceso meramente humano de repetici贸n fiel, sino de una transmisi贸n apoyada en la asistencia del Esp铆ritu Santo, y de la constituci贸n de la vida de la Iglesia bajo la gu铆a del mismo Esp铆ritu. Si dej谩ramos de lado la presencia y direcci贸n del Esp铆ritu Santo, no podr铆amos valorar adecuadamente este momento tan importante de la transmisi贸n de la revelaci贸n evang茅lica.

En un segundo momento, los evangelistas, ap贸stoles y disc铆pulos de los ap贸stoles, fueron poniendo por escrito las tradiciones transmitidas oralmente. Especialmente significativo a este respecto es el comienzo del evangelio seg煤n san Lucas:

Puesto que muchos han emprendido la tarea de componer un relato de los hechos que se han cumplido entre nosotros, como nos los transmitieron los que fueron desde el principio testigos oculares y servidores de la palabra, tambi茅n yo he resuelto escrib铆rtelos por su orden, ilustre Te贸filo, despu茅s de investigarlo todo diligentemente desde el principio, para que conozcas la solidez de las ense帽anzas que has recibido (Lc 1,1-4).

Este proceso de puesta por escrito de los evangelios ha sido estudiado meticulosamente, y no sin discusi贸n, en los 煤ltimos siglos, pero no debemos olvidar que, adem谩s del empleo de fuentes orales y escritas, incluso de otros evangelios, es la acci贸n del Esp铆ritu Santo la que respalda este proceso, no menos importante, de la redacci贸n de los evangelios.

 

Papiro de los evangelios

Aunque para el contemplativo estas consideraciones pueden ser bastante engorrosas y 谩ridas, porque busca a Dios y se siente inc贸modo en terrenos especulativos y cr铆ticos, es de vital importancia para 茅l saber que el Evangelio y la Tradici贸n le transmiten fielmente la verdad salvadora, las normas de conducta y los bienes divinos de los que vive. Cualquier forma de entender la transmisi贸n del Evangelio que supusiera un corte entre Jes煤s y nosotros har铆a est茅ril la vida contemplativa, porque la dejar铆a sin fundamento y la corroer铆a con el relativismo.

Una vez que los ap贸stoles dieron los primeros pasos en la transmisi贸n de la ense帽anza recibida de Jes煤s y en la puesta por escrito de los evangelios, no pudieron dejar de plantearse la misma necesidad del Se帽or, que quiere que todos los hombres conozcan la verdad para alcanzar la salvaci贸n: que se transmita y se conserve fielmente (recu茅rdese lo dicho en el n. 74). Ellos eligieron a sus sucesores, los obispos. Como siguiente eslab贸n de la cadena de la transmisi贸n, los sucesores de los ap贸stoles no tuvieron que hacer el trabajo de poner por escrito los evangelios, y contaban con que gran parte de la Tradici贸n ya hab铆a tomado forma en la vida de la Iglesia. Sin embargo, son necesarios para que la Revelaci贸n, que alcanza su plenitud en Jes煤s, llegue a todos los hombres viva e 铆ntegra. De nuevo el Catecismo sigue de cerca la constituci贸n Dei Verbum:

77 芦Para que este Evangelio se conservara siempre vivo y entero en la Iglesia, los Ap贸stoles nombraron como sucesores a los obispos, 鈥渄ej谩ndoles su cargo en el magisterio鈥澛 (DV 7). En efecto, 芦la predicaci贸n apost贸lica, expresada de un modo especial en los libros sagrados, se ha de conservar por transmisi贸n continua hasta el fin de los tiempos禄 (DV 8).

脡ste principio de sucesi贸n apost贸lica es vital en la Iglesia cat贸lica porque esa cadena de transmisi贸n que llega hasta los ap贸stoles y a Jes煤s es la que garantiza la verdad que ella transmite. Esta 芦conservaci贸n por transmisi贸n禄 es el criterio al que acude la Iglesia cuando quiere saber si la ense帽anza de alguien tiene el respaldo de la tradici贸n apost贸lica. As铆 sucedi贸 cuando, en la enorme crisis creada por la herej铆a gn贸stica, que deformaba de forma radical el mensaje cristiano diluy茅ndolo en el intelectualismo del mundo griego, san Ireneo acude como criterio de verdad a la sucesi贸n apost贸lica:

De hecho, el Evangelio predicado por Ireneo es el que recibi贸 de Policarpo, obispo de Esmirna, y el Evangelio de Policarpo se remonta al ap贸stol Juan, de quien Policarpo era disc铆pulo. De este modo, la verdadera ense帽anza no es la inventada por los intelectuales, superando la fe sencilla de la Iglesia. El verdadero Evangelio es el impartido por los obispos que lo han recibido gracias a una cadena ininterrumpida que procede de los ap贸stoles[16].

La transmisi贸n de la predicaci贸n evang茅lica, recogida especialmente en los libros sagrados, pero no s贸lo en ellos, no se transmite al margen de la Iglesia y de los sucesores de los ap贸stoles.

79 As铆, la comunicaci贸n que el Padre ha hecho de s铆 mismo por su Verbo en el Esp铆ritu Santo sigue presente y activa en la Iglesia: 芦Dios, que habl贸 en otros tiempos, sigue conversando siempre con la Esposa de su Hijo amado; as铆 el Esp铆ritu Santo, por quien la voz viva del Evangelio resuena en la Iglesia, y por ella en el mundo entero, va introduciendo a los fieles en la verdad plena y hace que habite en ellos intensamente la palabra de Cristo禄 (DV 8).

Recapitulando lo dicho hasta aqu铆, podemos decir que el prop贸sito de Dios de entrar en di谩logo con el hombre para llevarnos a la comuni贸n con 茅l se ha hecho posible con la plenitud de la Revelaci贸n, con la Encarnaci贸n del Verbo, la vida p煤blica de Jes煤s y su Pascua con el env铆o del Esp铆ritu Santo. Y esa Revelaci贸n llega hasta nosotros gracias a la Iglesia. En la Iglesia esa comunicaci贸n de Dios con el hombre est谩 芦presente禄 y 芦activa禄. La Iglesia no es la encargada de conservar unos libros o unas costumbres que vienen de antiguo, sino el 谩mbito en el que se mantiene vivo el di谩logo entre Dios y el hombre que nos lleva a la comuni贸n con 茅l.

 

Multitud en el Vaticano

 

Por tanto, el que quiera mantener ese di谩logo con el Dios vivo, di谩logo que ha hecho posible la plenitud de la Revelaci贸n en Cristo, debe unirse a la Iglesia, la Esposa con la que el Esposo no deja de hablar; en ella escucha la Palabra que transmite fielmente la misma Iglesia para que esa Palabra habite 芦intensamente禄 en su interior; en la Iglesia recibe el Esp铆ritu Santo, que hace viva la letra del Evangelio y hace que resuene en nosotros, de manera que transforme la vida.

De forma especial el contemplativo, que busca intensamente a Dios, busca el encuentro con el Dios vivo por medio de Cristo, al que escucha por medio del Evangelio conservado, transmitido y hecho fuerza viva en la Iglesia por medio del Esp铆ritu Santo.

Cada vez hay m谩s personas que entienden a los 芦contemplativos禄 como aquellos que poseen una cierta experiencia espiritual o psicol贸gica que puede ser fruto de determinadas t茅cnicas de meditaci贸n o relajaci贸n. En ese sentido amplio pueden considerarse contemplativos quienes siguen este tipo de t茅cnicas, principalmente orientales. Pero, como ya ha quedado claro, s贸lo entendemos que es contemplativo el que contempla a Jesucristo y, en 茅l, a Dios. De hecho, la vida contemplativa no es otra cosa que la vida en Cristo (cf. Flp 1,21).

Y puesto que Cristo se nos da en la Iglesia, no existe verdadera contemplaci贸n de Cristo si no es en ella, porque no se puede separar a Cristo de su Iglesia, ya que ambos forman un solo Cuerpo. Por eso es imposible ser verdadero contemplativo fuera de la Iglesia, porque es en ella donde habita el Esp铆ritu Santo, y ella es la esposa de Cristo por la que 茅l ha entregado su vida en la Cruz. Y as铆, el amor apasionado a Jesucristo lleva indefectiblemente a un amor apasionado a la Iglesia.

La estrecha uni贸n que existe entre el contemplativo y Jesucristo no s贸lo lo introduce de lleno en lo profundo del misterio de Dios sino tambi茅n en lo m谩s hondo de la Iglesia (Fundamentos, 5, 4).

La relaci贸n entre la Tradici贸n y la Sagrada Escritura

 

La luz que entra en la bas铆lica de San Pedro

 

78 Esta transmisi贸n viva, llevada a cabo en el Esp铆ritu Santo, es llamada la Tradici贸n en cuanto distinta de la sagrada Escritura, aunque estrechamente ligada a ella. Por ella, 芦la Iglesia con su ense帽anza, su vida, su culto, conserva y transmite a todas las edades lo que es y lo que cree禄 (DV 8). 芦Las palabras de los santos Padres atestiguan la presencia viva de esta Tradici贸n, cuyas riquezas van pasando a la pr谩ctica y a la vida de la Iglesia que cree y ora禄 (DV 8).

Es el momento de hacer expl铆cita la diferencia y la relaci贸n entre Tradici贸n y Escritura que surg铆a al entender que el testimonio de los ap贸stoles desborda los evangelios y la misma tradici贸n oral. Para la Iglesia cat贸lica es fundamental la afirmaci贸n de esta Tradici贸n distinta de la Escritura, pero, como veremos, 铆ntimamente relacionada con ella[17]. Es de vital importancia para la identidad y la vida de la Iglesia y del cristiano conocer la realidad de la Tradici贸n y su relaci贸n con la Escritura. No s贸lo como un tema pol茅mico con los que afirman que s贸lo la Escritura nos transmite la Revelaci贸n, sino para poder alimentarnos y apoyarnos en la Tradici贸n como cauce de transmisi贸n de la Revelaci贸n de Dios.

De momento, el Catecismo, de nuevo siguiendo muy de cerca la Dei Verbum, sostiene que la Tradici贸n no es un simple c煤mulo de costumbres, ritos y normas que se conservan en la Iglesia como en cualquier instituci贸n humana, sino que es transmisi贸n viva de la comunicaci贸n del Padre, que realiza el Esp铆ritu Santo, distinta de la Escritura, pero de ning煤n modo ajena a ella -y mucho menos opuesta-. Esta Tradici贸n se conserva y se transmite por medio de lo que la Iglesia vive, ense帽a y celebra en su liturgia. La Iglesia no s贸lo transmite la Revelaci贸n por medio de la Escritura, sino mediante lo que vive, lo que cree y lo que celebra.

Los santos Padres son un testimonio especialmente claro de c贸mo va fraguando y manifest谩ndose esa Tradici贸n en la Iglesia inmediatamente posterior a los ap贸stoles. Por eso tiene tanta importancia conocer lo que esos primeros testigos de la Tradici贸n viva ense帽aron, vivieron y celebraron. En ellos encontramos la predicaci贸n de la Iglesia, las normas de vida, la organizaci贸n, la liturgia y la oraci贸n que constituyen la Tradici贸n. Gracias a ellos, tenemos un criterio firme para encontrar la verdadera Tradici贸n de la Iglesia.

Una fuente com煤n...

80 La Tradici贸n y la Sagrada Escritura 芦est谩n 铆ntimamente unidas y compenetradas. Porque surgiendo ambas de la misma fuente, se funden en cierto modo y tienden a un mismo fin禄 (DV 9). Una y otra hacen presente y fecundo en la Iglesia el misterio de Cristo que ha prometido estar con los suyos 芦para siempre hasta el fin del mundo禄 (Mt 28,20).

鈥 dos modos distintos de transmisi贸n

81 芦La sagrada Escritura es la palabra de Dios, en cuanto escrita por inspiraci贸n del Esp铆ritu Santo禄. 芦La Tradici贸n recibe la palabra de Dios, encomendada por Cristo y el Esp铆ritu Santo a los Ap贸stoles, y la transmite 铆ntegra a los sucesores; para que ellos, iluminados por el Esp铆ritu de la verdad, la conserven, la expongan y la difundan fielmente en su predicaci贸n禄.

82 De ah铆 resulta que la Iglesia, a la cual est谩 confiada la transmisi贸n y la interpretaci贸n de la Revelaci贸n 芦no saca exclusivamente de la Escritura la certeza de todo lo revelado. Y as铆 las dos se han de recibir y respetar con el mismo esp铆ritu de devoci贸n禄 (DV 9).

 

El Esp铆ritu Santo y la Biblia

 

Hay que subrayar que, a pesar de que se diferencian claramente en el modo de transmitir la palabra de Dios, Escritura y Tradici贸n est谩n 芦铆ntimamente unidas y compenetradas禄, lo que significa que hay que rechazar como err贸neo cualquier planteamiento general o particular que parta de la oposici贸n o de la incompatibilidad de la Sagrada Escritura y de la Tradici贸n

Ser铆a, por tanto, un error considerarlas como dos v铆as paralelas e independientes, afirmar la existencia de una y negar la de la otra, o ignorar su mutua relaci贸n. Escritura y Tradici贸n no pueden disociarse, sino que constituyen un organismo cuyos elementos dependen entre s铆[18].

Vamos a desgranar los puntos en com煤n:

-Surgen ambas de la misma fuente, que es Cristo, plenitud de la Revelaci贸n. Es equivocado pensar que la Escritura tiene como fuente a Jesucristo como Palabra de Dios (y a Dios, como origen del Antiguo Testamento) y la Tradici贸n nace de lo que la Iglesia va 芦inventando禄 por propia iniciativa. Ambas nacen de la Revelaci贸n divina, ambas tienen como cauce la Iglesia, porque tanto la Escritura como la Tradici贸n no se pueden concebir al margen de la Iglesia.

-Se funden en cierto modo, porque, aunque su modo de transmitir la palabra de Dios sea distinto, la Escritura se forma en la Tradici贸n de la Iglesia primera que pasa de Jes煤s a los ap贸stoles y predicadores y se cristaliza con los evangelistas y los dem谩s autores del texto sagrado. La Tradici贸n, por supuesto, se nutre y se verifica permanentemente en la Escritura. No son cauces independientes e inconexos de la Revelaci贸n[19]. Especialmente en el Nuevo Testamento no podemos separar a los autores inspirados que ponen por escrito la Palabra de Dios y a los ap贸stoles que ponen en marcha la transmisi贸n de la Tradici贸n. En algunos casos son las mismas personas y pertenecen siempre a la misma Iglesia[20].

-Tienden a un mismo fin, que no es otro que el conocimiento de la Revelaci贸n de Dios, que lleva a la comuni贸n con 茅l y a la salvaci贸n.

-Pero, adem谩s de estas tres notas que aparecen en el n. 80 del Catecismo y Dei Verbum 9, podemos se帽alar con el n. 81 que, aunque sean distintos modos de transmisi贸n: a) ambos surgen de la acci贸n del Esp铆ritu Santo que 芦inspira禄 la Sagrada Escritura y que 芦ilumina禄 a los ap贸stoles y a sus sucesores; b) en definitiva ambos transmiten la palabra de Dios.

-Por lo tanto, ambas se reciben con el mismo 芦esp铆ritu de devoci贸n禄; podr铆amos decir, sin temor a equivocarnos, con la misma fe.

Por lo tanto es imprescindible mantener el principio cat贸lico de que la Iglesia 芦no saca exclusivamente de la Escritura la certeza de todo lo revelado禄. De lo contrario, la misma Escritura se quedar铆a sin fundamento y al albur de cualquier interpretaci贸n.

La catequesis ha sido anterior a la Escritura鈥 De no haber tenido, adem谩s, otra cosa que la Escritura, 驴qui茅n garantizar铆a su aut茅ntica interpretaci贸n?... Es la Tradici贸n viva de la Iglesia la que posee el sentido total de la fe; en ella el cristianismo se posee en totalidad y como totalidad[21].

Tengamos en cuenta lo que dice poco m谩s adelante el n. 83 del Catecismo: 芦En efecto, la primera generaci贸n de cristianos no ten铆a a煤n un Nuevo Testamento escrito, y el Nuevo Testamento mismo atestigua el proceso de la Tradici贸n viva禄.

Pero subrayar la importancia de la Tradici贸n no nos debe hacer olvidar el valor de la Escritura:

La ventaja de la Escritura radica en que nos da fija e inalterable la palabra de Dios. Ha sido escrita bajo la asistencia especial del Esp铆ritu (inspiraci贸n) y permanece fija para siempre. De ah铆 que sea la norma suprema, no porque nos d茅 por s铆 misma el sentido aut茅ntico de su contenido, sino porque determina la verdad de forma negativa: todo lo que la contradice no es verdad. Si la Tradici贸n o el Magisterio tuvieran la pretensi贸n de contradecir lo que la Escritura ense帽a, ser铆an falsos por s铆 mismos[22].

Tradici贸n apost贸lica y tradiciones eclesiales

83 La Tradici贸n de que hablamos aqu铆 es la que viene de los ap贸stoles y transmite lo que 茅stos recibieron de las ense帽anzas y del ejemplo de Jes煤s y lo que aprendieron por el Esp铆ritu Santo. En efecto, la primera generaci贸n de cristianos no ten铆a a煤n un Nuevo Testamento escrito, y el Nuevo Testamento mismo atestigua el proceso de la Tradici贸n viva.

Es preciso distinguir de ella las 芦tradiciones禄 teol贸gicas, disciplinares, lit煤rgicas o devocionales nacidas en el transcurso del tiempo en las Iglesias locales. Estas constituyen formas particulares en las que la gran Tradici贸n recibe expresiones adaptadas a los diversos lugares y a las diversas 茅pocas. S贸lo a la luz de la gran Tradici贸n aqu茅llas pueden ser mantenidas, modificadas o tambi茅n abandonadas bajo la gu铆a del Magisterio de la Iglesia.

El Catecismo nos invita a distinguir bien entre la Tradici贸n y las tradiciones que pueden surgir en determinados momentos, lugares o escuelas a lo largo de la historia de la Iglesia.

La Tradici贸n con may煤sculas es la que nos transmite la plenitud de la Revelaci贸n que es Jes煤s y que se nos transmite por medio de los ap贸stoles con la ayuda del Esp铆ritu Santo. Nos atrevemos a decir que esa Tradici贸n es universal y necesaria, pues todos los cristianos la necesitan para conocer la verdad y alcanzar la salvaci贸n.

Las tradiciones con min煤scula pueden ser de diverso tipo:

a) Teol贸gicas: que entienden o presentan determinados puntos de la fe de una manera o de otra. Aqu铆 se encuentran las diversas escuelas teol贸gicas.

b) Disciplinares: que presentan normas de comportamiento o de organizaci贸n de la comunidad cristiana. Diversos escritos y concilios particulares nos muestran normas concretas diversas.

c) Lit煤rgicas: los diversos ritos de la Iglesia (nosotros conocemos el rito latino, pero dentro de la Iglesia cat贸lica se dan otros como el moz谩rabe, el bizantino, copto鈥) que tienen sus peculiaridades en la celebraci贸n de los sacramentos.

De estas tradiciones hay que decir:

1. Que manifiestan la riqueza de la Iglesia y las diversas formas concretas que puede adoptar la gran Tradici贸n de la Iglesia, y que, en ese sentido, hay que apreciarlas.

2. Que deben valorarse tomando como criterio la gran Tradici贸n de la Iglesia, de modo que deben mantenerse, corregirse o eliminarse en la medida en que encajen o no con la Tradici贸n, que hemos calificado de universal y necesaria.

3. Es el Magisterio de la Iglesia, del que hablaremos muy pronto, el que hace el discernimiento de la coincidencia de estas tradiciones con la Tradici贸n de toda la Iglesia.

4. Por lo tanto, hay que sospechar de las tradiciones que choquen o contradigan la Tradici贸n universal que viene de los ap贸stoles, o que se opongan al Magisterio.

La interpretaci贸n del dep贸sito de la fe

 

La sucesi贸n de los obispos

 

El dep贸sito de la fe confiado a la totalidad de la Iglesia

84 芦El dep贸sito禄 (cf. 1Tm 6,20; 2Tm 1,12-14) de la fe (depositum fidei), contenido en la sagrada Tradici贸n y en la sagrada Escritura fue confiado por los Ap贸stoles al conjunto de la Iglesia. 芦Fiel a dicho dep贸sito, todo el pueblo santo, unido a sus pastores, persevera constantemente en la doctrina de los Ap贸stoles y en la comuni贸n, en la fracci贸n del pan y en las oraciones, de modo que se cree una particular concordia entre pastores y fieles en conservar, practicar y profesar la fe recibida禄 (DV 10).

El Concilio Vaticano II, al hablar del 芦dep贸sito de la fe禄 contenido en la Tradici贸n y en la Escritura, subraya que es patrimonio de toda la Iglesia, porque toda ella vive de la Revelaci贸n contenida y transmitida en el dep贸sito de la fe. Eso no quiere decir en modo alguno que la Iglesia, o una parte de ella, pueda manipularlo a su antojo, sino que la Iglesia en su conjunto y cada cristiano 芦conserva禄 fielmente ese dep贸sito, lo 芦practica禄 en los diversos aspectos de la vida cristiana (desde la moral a la liturgia pasando por la organizaci贸n eclesial) y es lo que 芦profesa禄 ante el mundo para llevar a todos los hombres el Evangelio de Cristo que salva al que lo cree y lo practica.

El que dentro de la Iglesia haya un ministerio que interprete de forma aut茅ntica y oficial el dep贸sito de la fe, no quiere decir que cada miembro de la Iglesia no tenga el derecho y la obligaci贸n de acogerlo, disfrutarlo y hacerlo fructificar.

Es aqu铆 donde el contemplativo, como miembro activo de la Iglesia y buscador infatigable de Dios, valora el dep贸sito de la fe que ha sido puesto en sus manos para conservarlo como un tesoro y para hacerlo vida con la intensidad del que quiere vivir en plenitud la oferta de comuni贸n con Dios que supone el dep贸sito de la fe. Y como buscador de la verdad de Dios, recoge de manos de la Iglesia ese dep贸sito y su interpretaci贸n aut茅ntica para tener una gu铆a segura en una b煤squeda de Dios en la que apuesta toda su vida y, por lo tanto, no quiere dejar al capricho de interpretaciones propias o ajenas.

El Magisterio de la Iglesia

85 芦El oficio de interpretar aut茅nticamente la palabra de Dios, oral o escrita, ha sido encomendado s贸lo al Magisterio vivo de la Iglesia, el cual lo ejercita en nombre de Jesucristo禄 (DV 10), es decir, a los obispos en comuni贸n con el sucesor de Pedro, el obispo de Roma.

86 芦El Magisterio no est谩 por encima de la palabra de Dios, sino a su servicio, para ense帽ar puramente lo transmitido, pues por mandato divino y con la asistencia del Esp铆ritu Santo, lo escucha devotamente, lo custodia celosamente, lo explica fielmente; y de este 煤nico dep贸sito de la fe saca todo lo que propone como revelado por Dios para ser cre铆do禄 (DV 10).

87 Los fieles, recordando la palabra de Cristo a sus Ap贸stoles: 芦El que a vosotros escucha a m铆 me escucha禄 (Lc 10,16; cf. LG 20), reciben con docilidad las ense帽anzas y directrices que sus pastores les dan de diferentes formas.

Al hablar de Tradici贸n y Escritura hay que hablar enseguida de Magisterio. Pero teniendo mucho cuidado de no pensar que el Magisterio forma parte del dep贸sito de la fe y es un cauce de la Revelaci贸n de la misma categor铆a que los otros dos.

Era muy importante situar correctamente la Escritura y la Tradici贸n con relaci贸n al magisterio, porque los protestantes creen a menudo, que subordinamos la Escritura al magisterio y que confundimos a 茅ste con la Tradici贸n鈥 En algunos ambientes extra帽os a la Iglesia cat贸lica se tiene a menudo la impresi贸n de que la Iglesia es un absoluto que sucede a la Escritura y la sustituye[23].

El Magisterio, formado por los obispos en comuni贸n con el papa, no tiene la misma importancia que la Escritura y la Tradici贸n, pero tiene la imprescindible funci贸n de 芦interpretarlas禄 de forma aut茅ntica y en nombre de Cristo. El Concilio Vaticano II lo expresa diciendo que 芦no est谩 por encima禄, sino 芦al servicio禄 del dep贸sito de la fe.

Como consecuencia:

-Su tarea es humilde: a) escucha devotamente la palabra de Dios (no la manipula a su antojo, ni para recortarla, ni para ampliarla); b) tiene que buscar ser fiel para custodiar y explicar un dep贸sito que ha recibido.

-Pero tiene una fuerza que le viene de la funci贸n que ejerce 芦por mandato divino禄, 芦en nombre de Jesucristo禄 y 芦con la asistencia del Esp铆ritu Santo禄.

-S贸lo puede ense帽ar lo transmitido, pero propone con autoridad lo que contiene la Revelaci贸n de Dios y debe ser cre铆do.

-Por eso hay que recibir con docilidad las ense帽anzas del Magisterio.

El Catecismo deja sin desarrollar las 芦diferentes formas禄 en las que el Magisterio hace llegar su ense帽anza a los fieles. Expongamos esquem谩ticamente los cauces principales del magisterio[24]:

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Magisterio Ordinario:

-El obispo en su di贸cesis.

Mediante la predicaci贸n, la catequesis, las cartas pastorales.

Es aut茅ntico: se ejerce con la autoridad de Cristo, hay que aceptarlo con obediencia religiosa, pero no es infalible.

-El Papa en su di贸cesis o para toda la Iglesia.

Mediante la predicaci贸n, la catequesis, las cartas pastorales para la di贸cesis de Roma.

Mediante constituciones apost贸licas, enc铆clicas, motu porpio o alocuciones.

De forma indirecta por los documentos emanados de la Congregaci贸n de la doctrina de la fe

Es aut茅ntico.

-Los obispos dispersos por el mundo.

Cuando coinciden en una misma doctrina, en comuni贸n con el Papa.

Puede ser infalible.

Magisterio Extraordinario:

-El Papa ex cathedra.

Cuando proclama de forma definitiva una verdad de fe o de moral en calidad de supremo pastor.

Es infalible e irreformable.

-Los obispos en Concilio.

Tambi茅n puede ser infalible cuando, en comuni贸n con el Papa, tienen intenci贸n de definir.

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Los dogmas de la fe

 

La c谩tedra de San pedro

 

88 El Magisterio de la Iglesia ejerce plenamente la autoridad que tiene de Cristo cuando define dogmas, es decir, cuando propone, de una forma que obliga al pueblo cristiano a una adhesi贸n irrevocable de fe, verdades contenidas en la Revelaci贸n divina o tambi茅n cuando propone de manera definitiva verdades que tienen con ellas un v铆nculo necesario.

En nuestro mundo moderno hay una clara alergia a los 芦dogmas禄 de todo tipo, desde luego tambi茅n a los dogmas de la Iglesia cat贸lica, que se entienden como una mera imposici贸n arbitraria, de la que hay que desprenderse para ser libres.

Por el contrario, el Magisterio, que define los dogmas, es un 芦signo de la definitividad de la Revelaci贸n, la 煤nica forma de superar una intelecci贸n puramente extrinsecista-autoritaria y a su vez 煤nica forma capaz de orientar a su sentido profundo en el marco de la transmisi贸n aut茅ntica del testimonio fundante de la Iglesia禄[25]. Los dogmas son la consecuencia necesaria de la fe en que Cristo es la plenitud de la Revelaci贸n y de que -como hemos ido viendo a lo largo de estos n煤meros del Catecismo- Cristo ha querido que esa Revelaci贸n se conserve fielmente y se transmita a trav茅s del tiempo.

Ciertamente, los dogmas que propone el Magisterio tienen la fuerza de exigir la adhesi贸n de fe del pueblo fiel. Pero esa fuerza no viene de la autoridad que se atribuyen unos determinados hombres o un determinado estamento. Esa fuerza viene de la misma manifestaci贸n que Cristo hace de la verdad de Dios y de su voluntad, y emana de la elecci贸n de Cristo a los ap贸stoles y a Pedro. Por eso, el Magisterio no puede definir como dogma cualquier cosa que se le ocurra o que le convenga. S贸lo puede definir las verdades contenidas en la Revelaci贸n (Escritura y Tradici贸n) y algunas verdades que son premisa o consecuencia necesaria de lo revelado por Dios. Esto 煤ltimo se relaciona con el avance en la compresi贸n del contenido de la Revelaci贸n del que hablaremos un poco m谩s adelante.

En este punto se hacen necesarias algunas notas sobre la infalibilidad del Magisterio a la hora de definir los dogmas[26]:

1. La infalibilidad es una garant铆a de que la Iglesia se mantendr谩 fiel a la Revelaci贸n recibida de Cristo y as铆 podr谩 cumplir su misi贸n.

2. La Iglesia tuvo conciencia de su infalibilidad mucho antes de definirla, como demuestra su actitud ante las diversas herej铆as que surgieron desde el principio de su historia.

3. Ciertamente la infalibilidad es de Cristo y de su Palabra. La infalibilidad de la Iglesia es fruto de la presencia de Cristo en ella.

4. Hay una infalibilidad de la Iglesia en su conjunto a la hora de creer (como veremos en el n. 92 del Catecismo). La infalibilidad del Magisterio para ense帽ar es un servicio necesario para que los fieles no se equivoquen a la hora de creer.

5. La infalibilidad del Papa es la infalibilidad de la Iglesia a la que sirve continuando la misi贸n de Pedro de 芦confirmar a los hermanos en la fe禄.

6. El Papa s贸lo puede definir de forma infalible lo que se contiene en el dep贸sito de la fe. S贸lo puede pronunciarse de forma infalible en temas de fe o de moral.

7. Un dogma definido de forma infalible puede profundizarse m谩s o expresarse mejor; pero no puede tergiversarse o negarse la fe definida definitivamente por ese dogma.

8. La infalibilidad del Papa no significa que no carezca de defectos o de pecados, ni que sea infalible toda palabra que sale de su boca.

9. Los dogmas definidos no contienen, ni mucho menos, la totalidad de la fe cristiana. Hay muchas verdades fundamentales que no ha sido necesario definir con un dogma, porque no han sido puestas en duda. Una nueva situaci贸n o una nueva herej铆a pueden hacer necesario que se defina con autoridad dogm谩tica lo que estaba expl铆cito o impl铆cito en el dep贸sito de la fe.

89 Existe un v铆nculo org谩nico entre nuestra vida espiritual y los dogmas. Los dogmas son luces que iluminan el camino de nuestra fe y lo hacen seguro. De modo inverso, si nuestra vida es recta, nuestra inteligencia y nuestro coraz贸n estar谩n abiertos para acoger la luz de los dogmas de la fe (cf. Jn 8,31-32).

 

Orante en el Vaticano

 

En este n煤mero, el Catecismo hace directamente la aplicaci贸n para la vida espiritual, de especial inter茅s para los contemplativos, de la doctrina que est谩 explicando.

Los dogmas (podr铆amos decir lo mismo de la Revelaci贸n en su conjunto) est谩n vinculados directamente con la vida espiritual. Los que quieren tener una vida espiritual intensa, los que buscan a Dios con todas sus fuerzas, necesitan m谩s que nadie la garant铆a de la verdad que creen y en la que se juegan toda su vida. Necesitan apoyarse firmemente en la verdad sobre Dios, la gracia, los sacramentos, la moral鈥 y tantos aspectos que se contienen en la Tradici贸n de la Iglesia sobre la oraci贸n, el camino espiritual y la santidad.

El cristiano, y m谩s intensamente el contemplativo, tiene que vivir de fe y hacer apuestas valientes para ser fiel a Dios en las circunstancias concretas de la vida. Y precisamente la vida de fe con los saltos en el vac铆o que exige precisa tambi茅n de puntos de apoyo en la verdad revelada para permitirle arriesgarlo todo para ser fiel a Dios. Pensemos en la firmeza de fe que tiene que tener un m谩rtir para dar la vida por evitar que se profane la eucarist铆a o por defender heroicamente la castidad. Pensemos en la certeza en la voluntad de Dios que precisa la madre que se niega a abortar a su hijo con malformaciones. O la que necesita un esposo o esposa abandonado injustamente para no 芦rehacer禄 su vida de cualquier manera al margen de la voluntad de Dios. La certeza en la fe y en la moral es el punto de apoyo necesario para dar el salto valiente a la fidelidad m谩s o menos heroica. Y la duda sistem谩tica es el terreno abonado para la mediocridad o, lo que es peor, para la apostas铆a.

Por eso es absurdo pensar que los dogmas no tienen nada que ver con nuestra vida cristiana. Y es m谩s absurdo a煤n la pretensi贸n de algunas personas supuestamente tan 芦espirituales禄 que piensan que no necesitan ya de dogmas o que pueden interpretarlos libremente porque tienen un estado 芦superior禄 de vida cristiana. La Tradici贸n y el Magisterio son la primera l铆nea de defensa contra el iluminismo para el contemplativo.

No debemos pasar por alto la afirmaci贸n final de este n煤mero: la vida espiritual intensa y la vida moral recta abren los ojos del alma para penetrar, no s贸lo en los dogmas, sino en el dep贸sito de la fe que nos transmiten la Tradici贸n y la Escritura, y que am茅n de la Verdad de Dios, nos transmite la Vida cristiana.

90 Los v铆nculos mutuos y la coherencia de los dogmas pueden ser hallados en el conjunto de la Revelaci贸n del Misterio de Cristo (cf. Concilio Vaticano I: DS 3016: 芦mysteriorum nexus禄; LG 25). 芦Conviene recordar que existe un orden o 鈥渏erarqu铆a鈥 de las verdades de la doctrina cat贸lica, puesto que es diversa su conexi贸n con el fundamento de la fe cristiana" (UR 11).

El dep贸sito de la fe no es una especie de caj贸n de sastre en el que encontramos una serie de verdades independientes e inconexas que tienen todas el mismo valor y que, a veces, parecen chocar unas con otras.

Todo lo contrario. La fe de la Iglesia, como la misma Escritura, es un cuerpo perfectamente estructurado, en el que hay unas verdades fundamentales de las que dependen las dem谩s. Y hay tal relaci贸n entre estas verdades que no se puede tocar una verdad sin que se tambaleen las dem谩s. No digamos si se pone en tela de juicio una de las verdades fundamentales.

Eso hace necesario que no entendamos un dogma como una verdad aislada, sino que la situemos en el lugar que le corresponde dentro del organismo de la fe, sabiendo de qu茅 verdades depende, qu茅 consecuencias tiene y cu谩l es su lugar dentro de la Revelaci贸n y de la vida de la Iglesia.

El hecho de que los dogmas hayan ido surgiendo para dar respuesta a distintas situaciones o dificultades concretas que han ido apareciendo nos obligan a conocer bien lo fundamental de la fe cristiana y tener claro su conjunto para poder ir colocando cada dogma en su sitio, darle su importancia (a veces trascendental como los que hablan de la realidad divino-humana de Jes煤s), y acoger el resto de verdades de la fe que no han necesitado ser definidas con una declaraci贸n dogm谩tica.

El sentido sobrenatural de la fe

 

Tenemos el Esp铆ritu Santo

 

91 Todos los fieles tienen parte en la comprensi贸n y en la transmisi贸n de la verdad revelada. Han recibido la unci贸n del Esp铆ritu Santo que los instruye (cf. 1Jn 2,20-27) y los conduce a la verdad completa (cf. Jn 16,13).

92 芦La totalidad de los fieles [...] no puede equivocarse en la fe. Se manifiesta esta propiedad suya, tan peculiar, en el sentido sobrenatural de la fe de todo el pueblo: cuando desde los obispos hasta el 煤ltimo de los laicos cristianos muestran su consentimiento en cuestiones de fe y de moral禄 (LG 12).

93 芦El Esp铆ritu de la verdad suscita y sostiene este sentido de la fe. Con 茅l, el Pueblo de Dios, bajo la direcci贸n del Magisterio [...], se adhiere indefectiblemente a la fe transmitida a los santos de una vez para siempre, la profundiza con un juicio recto y la aplica cada d铆a m谩s plenamente en la vida禄 (LG 12).

El Catecismo, siguiendo al Concilio Vaticano II, subraya el papel de la Iglesia entera en la transmisi贸n del dep贸sito de la fe. Es la Iglesia entera la que es guiada por el Esp铆ritu Santo para recibir, vivir y transmitir la verdad revelada. Que el Magisterio tenga un papel peculiar, necesario e insustituible no puede hacernos olvidar que la Iglesia en su conjunto, y cada creyente en particular, tiene su parte en la misi贸n de transmitir la Revelaci贸n salvadora que Cristo quiso depositar en su Iglesia. Pensemos en la tarea de transmisi贸n de la fe de los padres respecto de sus hijos, en el testimonio cristiano de tantos laicos que llegan a d贸nde no puede llegar la jerarqu铆a de la Iglesia o en la acogida silenciosa, generosa y fiel de la verdad divina de la anciana que vive en soledad la intimidad con Dios.

Siguiendo al pie de la letra el n煤mero 12 de la Lumen Gentium, el Catecismo nos habla de una infalibilidad del conjunto de los fieles. Una infalibilidad concreta, distinta de la infalibilidad para ense帽ar del Magisterio de la Iglesia, pero no menos importante: la infalibilidad para creer que afecta a todo el pueblo de Dios como cuerpo. Un creyente o un grupo de creyentes puede desviarse del dep贸sito de la fe y afirmar verdades o mantener posturas contrarias a la revelaci贸n que viene del Se帽or. Pero la Iglesia en su conjunto no puede errar en la fe porque ello ser铆a contrario a la voluntad de Cristo de que la Revelaci贸n llegue a todos los hombres (1Tm 2,4), de su promesa de que el poder del infierno no prevalecer谩 (Mt 16,18) y de la eficaz asistencia del Esp铆ritu de la verdad (Jn 14,17), que lo ense帽a y lo recuerda todo (Jn 14,26) y gu铆a hasta la verdad plena (Jn 16,13).

Del mismo modo que hay una infalibilidad del Magisterio, de la que ya hemos hablado, hay una infalibilidad en el creer cuando cree un谩nimemente en comuni贸n con el Magisterio.

La legitimidad de tal infalibilidad se da cuando se cumplen estas cuatro condiciones: 1) expresa el consentimiento universal, 2) se refiere a la revelaci贸n, 3) es obra del Esp铆ritu Santo y 4) es reconocida por el Magisterio[27].

El 芦sentido sobrenatural de la fe禄 no puede equivocarse, no por la fuerza de la unanimidad o de las mayor铆as, sino porque es un don recibido del Se帽or que asegura la asistencia del Esp铆ritu Santo para percibir y acoger las verdades de la fe. Una especie de sentido del gusto espiritual que acepta el alimento sano y rechaza lo que est谩 en mal estado.

Evidentemente, este sentido de la fe no puede desligarse ni contradecir del Magisterio que ense帽a con la autoridad del Se帽or, ni de la Tradici贸n de la Iglesia.

La infalibilidad in credendo ni es una segunda infalibilidad sobrea帽adida a la primera, ni una mera consecuencia de 茅sta. Ambas constituyen dos aspectos de un mismo y 煤nico misterio, el de la verdad sobrenatural confiada a la Iglesia[28].

Por lo tanto ser铆a absurdo apelar al 芦sentido de la fe de los fieles禄 para ir contra el Magisterio o para eliminar la Tradici贸n de la Iglesia. Pero esa unanimidad en el creer en comuni贸n con la Tradici贸n y el Magisterio es signo 芦de la acci贸n del Esp铆ritu Santo que garantiza la infalibilidad禄[29].

La 煤ltima afirmaci贸n del n. 93 nos ayuda a entender que el sentido sobrenatural de la fe no s贸lo sirve para 芦conservar禄 el dep贸sito de la fe, sino para irlo aplicando a las distintas situaciones que aparecen en la historia y para profundizar (en la comprensi贸n y en la vivencia) la fe recibida. Lo que nos lleva al 煤ltimo punto de este apartado: el crecimiento de la comprensi贸n del dep贸sito de la fe.

El crecimiento en la inteligencia de la fe

 

La planta que crece em nuestras manos

 

94 Gracias a la asistencia del Esp铆ritu Santo, la inteligencia tanto de las realidades como de las palabras del dep贸sito de la fe puede crecer en la vida de la Iglesia:

-芦Cuando los fieles las contemplan y estudian repas谩ndolas en su coraz贸n禄 (DV 8); es en particular la 芦investigaci贸n teol贸gica [...] la que debe profundizar en el conocimiento de la verdad revelada禄 (GS 62,7; cfr. Ib铆d., 44,2; DV 23; Ib铆d., 24; UR 4).

-Cuando los fieles 芦comprenden internamente los misterios que viven禄 (DV 8); Divina eloquia cum legente crescunt (芦la comprensi贸n de las palabras divinas crece con su reiterada lectura禄, San Gregorio Magno, Homiliae in Ezechielem, 1,7,8: PL 76, 843).

-芦Cuando las proclaman los obispos, que con la sucesi贸n apost贸lica reciben un carisma de la verdad禄 (DV 8).

Es muy importante aclarar desde el principio que lo que crece no es el dep贸sito de la fe, sino la 芦inteligencia禄 o compresi贸n del mundo. La Revelaci贸n recibida del Se帽or no puede crecer ni evolucionar, porque en Cristo se nos ha dado ya la plenitud de la Revelaci贸n. Pero s铆 puede y debe crecer la comprensi贸n de lo que el Se帽or nos ha transmitido.

Puesto que la Tradici贸n divina, que deriva de los ap贸stoles, se conserva viva en la Iglesia, que vive siempre de ella, podemos decir en cierto sentido que esta Tradici贸n crece perpetuamente en la Iglesia bajo la acci贸n del Esp铆ritu que la asiste. Mas lo que progresa no es la Tradici贸n apost贸lica en s铆 misma, sino la percepci贸n, cada vez m谩s profunda, que adquirimos de las cosas y de las palabras transmitidas[30].

Lo que a trav茅s de los siglos se perfecciona, no es la revelaci贸n en s铆 misma, sino nuestra inteligencia de ella, nuestras explicaciones sucesivas para manifestar las inagotables riquezas y para iluminar a las generaciones sucesivas; y, por tanto, nuestras m煤ltiples formulaciones con las que traducimos a t茅rminos humanos todo el esfuerzo de asimilaci贸n de la palabra de Dios[31].

En este sentido es luminoso el texto de san Vicente de Lerins que propone el Oficio de Lectura del viernes de la semana 27 del tiempo ordinario, titulado 芦El progreso del dogma cristiano禄:

驴Es posible que se d茅 en la Iglesia un progreso en los conocimientos religiosos? Ciertamente que es posible, y la realidad es que este progreso se da.

En efecto, 驴qui茅n envidiar铆a tanto a los hombres y ser铆a tan enemigo de Dios como para impedir este progreso? Pero este progreso s贸lo puede darse con la condici贸n de que se trate de un aut茅ntico progreso en el conocimiento de la fe, no de un cambio en la misma fe. Lo propio del progreso es que la misma cosa que progresa crezca y aumente, mientras lo caracter铆stico del cambio es que la cosa que se muda se convierta en algo totalmente distinto.

Es conveniente, por tanto, que, a trav茅s de todos los tiempos y de todas las edades, crezca y progrese la inteligencia, la ciencia y la sabidur铆a de cada una de las personas y del conjunto de los hombres, tanto por parte de la Iglesia entera, como por parte de cada uno de sus miembros. Pero este crecimiento debe seguir su propia naturaleza, es decir, debe estar de acuerdo con las l铆neas del dogma y debe seguir el dinamismo de una 煤nica e id茅ntica doctrina.

Que el conocimiento religioso imite, pues, el modo como crecen los cuerpos, los cuales, si bien con el correr de los a帽os se van desarrollando, conservan, no obstante, su propia naturaleza. Gran diferencia hay entre la flor de la infancia y la madurez de la ancianidad, pero, no obstante, los que van llegando ahora a la ancianidad son, en realidad, los mismos que hace un tiempo eran adolescentes. La estatura y las costumbres del hombre pueden cambiar, pero su naturaleza contin煤a id茅ntica y su persona es la misma.

Los miembros de un reci茅n nacido son peque帽os, los de un joven est谩n ya desarrollados; pero, con todo, el uno y el otro tienen el mismo n煤mero de miembros. Los ni帽os tienen los mismos miembros que los adultos y si alg煤n miembro del cuerpo no es visible hasta la pubertad, este miembro, sin embargo, existe ya como un embri贸n en la ni帽ez, de tal forma que nada llega a ser realidad en el anciano que no se contenga como en germen en el ni帽o.

No hay, pues, duda alguna: la regla leg铆tima de todo progreso y la norma recta de todo crecimiento consiste en que, con el correr de los a帽os, vayan manifest谩ndose en los adultos las diversas perfecciones de cada uno de aquellos miembros que la sabidur铆a del Creador hab铆a ya preformado en el cuerpo del reci茅n nacido.

Porque, si aconteciera que un ser humano tomara apariencias distintas a las de su propia especie, sea porque adquiriera mayor n煤mero de miembros, sea porque perdiera alguno de ellos, tendr铆amos que decir que todo el cuerpo perece o bien que se convierte en un monstruo o, por lo menos, que ha sido gravemente deformado. Es tambi茅n esto mismo lo que acontece con los dogmas cristianos: las leyes de su progreso exigen que 茅stos se consoliden a trav茅s de las edades, se desarrollen con el correr de los a帽os y crezcan con el paso del tiempo.

 

Plantando la semilla

 

Nuestros mayores sembraron antiguamente, en el campo de la Iglesia, semillas de una fe de trigo; ser铆a ahora grandemente injusto e incongruente que nosotros, sus descendientes, en lugar de la verdad del trigo, leg谩ramos a nuestra posteridad el error de la ciza帽a.

Al contrario, lo recto y, consecuente, para que no discrepen entre s铆 la ra铆z y sus frutos, es que de las semillas de una doctrina de trigo recojamos el fruto de un dogma de trigo; as铆, al contemplar c贸mo a trav茅s de los siglos aquellas primeras semillas han crecido y se han desarrollado, podremos alegrarnos de cosechar el fruto de los primeros trabajos[32].

Hay que subrayar con el Catecismo, que ese crecimiento en la comprensi贸n de la fe no se refiere s贸lo a las palabras, sino a las realidades y, por tanto, no abarca s贸lo a ideas, sino tambi茅n, como dec铆amos al hablar del testimonio de los ap贸stoles, a lo referente al culto, a los sacramentos, al comportamiento moral y a la organizaci贸n de la Iglesia. No podemos reducir a lo meramente teol贸gico ese progreso en la comprensi贸n del dep贸sito de la fe.

En coherencia con ello, el Catecismo -siguiendo de nuevo el concilio Vaticano II- no s贸lo se帽ala a la investigaci贸n teol贸gica como medio de profundizaci贸n, sino a la predicaci贸n de los obispos, y a los fieles que 芦contemplan禄, repasan 芦en su coraz贸n禄, 芦comprenden internamente禄 y 芦viven禄 los tesoros del dep贸sito de la fe. El contemplativo en el mundo encontrar谩 aqu铆 una forma particularmente importante y humilde de profundizar y hacer profundizar a la Iglesia en la comprensi贸n de la Revelaci贸n recibida contemplando, meditando en el coraz贸n y reviviendo los misterios de la fe. Sin esa humilde profundizaci贸n de los contemplativos ser铆a est茅ril la profundizaci贸n meramente te贸rica de la teolog铆a. Por eso debemos asumir, como contemplativos, la parte que nos corresponde como fieles para colaborar a la profundizaci贸n de la Tradici贸n de la Iglesia:

Los factores que intervienen en este crecimiento son la contemplaci贸n y el estudio de los creyentes (Lc 2, 19 y 51), la experiencia vital de las realidades espirituales y la inteligencia gustosa que de ella procede鈥[33]

Ni que decir tiene que tanto la tarea de los te贸logos como la predicaci贸n de los obispos no s贸lo no se opone, sino que necesita de forma especial de la contemplaci贸n y de la experiencia gustosa de las realidades espirituales.

95 芦La santa Tradici贸n, la sagrada Escritura y el Magisterio de la Iglesia, seg煤n el plan prudente de Dios, est谩n unidos y ligados, de modo que ninguno puede subsistir sin los otros; los tres, cada uno seg煤n su car谩cter, y bajo la acci贸n del 煤nico Esp铆ritu Santo, contribuyen eficazmente a la salvaci贸n de las almas禄 (DV 10,3).

Sirva este n煤mero como resumen y colof贸n de este tema recordando que Tradici贸n, Escritura y Magisterio se necesitan mutuamente para que la Revelaci贸n salvadora pueda llegar a todos los hombres, y que el valor y la unidad de las tres viene de la acci贸n del Esp铆ritu Santo que permite a la Iglesia transmitir fielmente la Revelaci贸n recibida.

 

Transmitir la Palabra

 

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NOTAS


[1] R. Latourelle, A Jes煤s el Cristo por los evangelios, Salamanca 1982 (S铆gueme), 161. El autor desarrolla y fundamenta el origen de la tradici贸n evang茅lica en el mismo Jes煤s hist贸rico en los cap铆tulos 12-14 de esta obra, p. 152-187.

[2] S. Pi茅-Ninot, La Teolog铆a Fundamental, Salamanca 2001 (Secretariado Trinitario, 4陋 edici贸n), 592, nos recuerda que la palabra tradici贸n tiene un doble significado: a) 芦aquello que no est谩 en la Escritura禄, como contenido de la Revelaci贸n; b) 芦como concepto general previo a la Escritura para expresar la 鈥transmisi贸n鈥 de la Revelaci贸n禄. Conviene tener en cuenta estas dos acepciones de la tradici贸n, como contenido a transmitir y como acci贸n de transmitir, para no perdernos en este tema.

[3] As铆 lo explica V. Taylor, Evangelio seg煤n san Marcos, Madrid 1979 (Cristiandad), 163, a prop贸sito de Mc 1,1: 芦No se emplea aqu铆 [el t茅rmino evangelio] en sentido general ni referido a un libro, sino para designar el mensaje apost贸lico de la salvaci贸n en Cristo禄. Sirva como ejemplo 1Co 15,1-2: 芦Os recuerdo, hermanos, el Evangelio que os anunci茅 y que vosotros aceptasteis, en el que adem谩s est谩is fundados, y que os est谩 salvando, si os manten茅is en la palabra que os anunciamos鈥β.

[4] DV 7 toma este texto del Concilio Trento: 芦Se conserve en la Iglesia la pureza misma del Evangelio que, prometido antes por obra de los profetas en las Escrituras Santas, promulg贸 primero por su propia boca Nuestro Se帽or Jesucristo, Hijo de Dios y mand贸 luego que fuera predicado por ministerio de sus Ap贸stoles a toda criatura (Mt 28,19s; Mc 16,15) como fuente de toda saludable verdad y de toda disciplina de costumbres禄 (Denzinger 783). Pero se puede observar que el Concilio Vaticano II hace expl铆cito los dones salv铆ficos que transmite la tradici贸n. Cf. R. Latourelle, Teolog铆a de la Revelaci贸n, Salamanca 1979 (S铆gueme, cuarta edici贸n), 374: 芦Los ap贸stoles no s贸lo comunicaron el evangelio, sino tambi茅n todos los bienes espirituales que ellos recibieron y que dependen del evangelio (como son los carismas, sacramentos, etc), ya que la revelaci贸n es a la par manifestaci贸n y comunicaci贸n de salvaci贸n禄.

[5] De nuevo Dei Verbum sigue al Concilio de Trento: 芦Esta verdad y disciplina se contiene en los libros escritos y las tradiciones no escritas que, transmitidas como de mano en mano, han llegado a nosotros desde los ap贸stoles禄 (Denzinger 783). La 煤nica diferencia es que el Vaticano II coloca en primer lugar la transmisi贸n oral, porque es la primera cronol贸gicamente.

[6] R. Latourelle, Teolog铆a de la Revelaci贸n, 375.

[7] Lo cual no supone ninguna falta de fiabilidad en la transmisi贸n de la tradici贸n en general, ni de los evangelios en particular. Nuestra desconfianza en la transmisi贸n oral nada tiene que ver con la fiabilidad que ten铆a en tiempo de Jes煤s la ense帽anza rab铆nica: 芦La transmisi贸n met贸dica y controlada de la Tor谩 est谩 confiada a los tannaim. Estos especialistas de la memorizaci贸n -verdaderas bibliotecas vivientes- est谩n a disposici贸n de los estudiantes. El ideal de estos tannaim es ser como una cisterna, que no pierde ni una sola gota del agua que contiene禄 (R. Latourelle, A Jes煤s el Cristo por los evangelios, 167). Nos consta que Jes煤s emplea los m茅todos de ense帽anza rab铆nica propios de su tiempo, que permiten la transmisi贸n fiel de la doctrina del maestro a los disc铆pulos y a sus sucesores: 芦No hay nada que nos autorice a pensar que sus m茅todos de ense帽anza fueran diferentes de los que se practicaban en aquella 茅poca. Lo mismo que los rabinos, ense帽aba en las sinagogas o en las plazas p煤blicas, con sus ejemplos lo mismo que con sus palabras. Familiarizado con la Tor谩, la comentaba y la interpretaba. Lo mismo tambi茅n que los rabinos, tuvo que animar a sus disc铆pulos a que aprendieran de memoria su ense帽anza. Y todo invita a creer que la veneraci贸n de los disc铆pulos por el maestro contribuy贸 a asegurar la transmisi贸n fiel de sus dichos y de sus gestos禄 (Ib. 169). 芦Algunos de sus dichos, aquellos especialmente aptos para la transmisi贸n y memorizaci贸n por su paralelismo y repetici贸n, han podido pasar de boca en boca por tradici贸n oral, partiendo de la ense帽anza de Jes煤s禄 (J. Caba, De los Evangelios al Jes煤s hist贸rico. Introducci贸n a la Cristolog铆a, Madrid 1980, (BAC, 2陋 edici贸n), 421).

[8] R. Latourelle, Teolog铆a de la Revelaci贸n, 375.

[9] J. A. Say茅s, Compendio de Teolog铆a Fundamental. La raz贸n de nuestra esperanza, Valencia 1988 (Edicep), 186.

[10] T茅ngase en cuenta el requisito fundamental para elegir al sustituto de Judas en el colegio apost贸lico antes de Pentecost茅s: 芦Es necesario, por tanto, que uno de los que nos acompa帽aron todo el tiempo en que convivi贸 con nosotros el Se帽or Jes煤s, comenzando en el bautismo de Juan hasta el d铆a en que nos fue quitado y llevado al cielo, se asocie a nosotros como testigo de su resurrecci贸n禄 (Hch 1,21-22).

[11] 芦Jes煤s subi贸 al monte, llam贸 a los que quiso y se fueron con 茅l. E instituy贸 doce para que estuvieran con 茅l y para enviarlos a predicar, y que tuvieran autoridad para expulsar a los demonios禄 (Mc 3,13-15). Comp谩rese la misi贸n de Jes煤s descrita en Mt 4, 23: 芦Jes煤s recorr铆a toda Galilea ense帽ando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo禄 (cf. 9,35), con la misi贸n encomendada a los disc铆pulos en Mt 10,7-8: 芦Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios禄, para comprobar hasta qu茅 punto podemos decir que los ap贸stoles contin煤an la misi贸n de Jes煤s.

[12] Es el principio fundamental del apostolado: 芦El que os recibe a vosotros, me recibe a m铆, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado禄 (Mt 10,40).

[13] 芦Recibir茅is la fuerza del Esp铆ritu Santo que va a venir sobre vosotros y ser茅is mis testigos en Jerusal茅n, en toda Judea y Samar铆a y hasta el conf铆n de la tierra禄 (Hch 1,8). 芦Cuando venga el Par谩clito, que os enviar茅 desde el Padre, el Esp铆ritu de la verdad, que procede del Padre, 茅l dar谩 testimonio de m铆; y tambi茅n vosotros dar茅is testimonio, porque desde el principio est谩is conmigo (Jn 15,26-27). 芦Cuando venga 茅l, el Esp铆ritu de la verdad, os guiar谩 hasta la verdad plena. Pues no hablar谩 por cuenta propia, sino que hablar谩 de lo que oye y os comunicar谩 lo que est谩 por venir. 脡l me glorificar谩, porque recibir谩 de lo m铆o y os lo anunciar谩禄 (Jn 16,13-14).

[14] J. A. Say茅s, Compendio de Teolog铆a Fundamental, 187.

[15] S. Pi茅-Ninot, La Teolog铆a Fundamental, 587.

[16] Benedicto XVI, Audiencia General, 28 de marzo de 2007

[17] Es significativo que un te贸logo luterano como E. Schlink, presente en el Concilio Vaticano II como observador, comentando la constituci贸n Dei Verbum, subraye la importancia de que a requerimientos del Papa se incluyera la afirmaci贸n de que 芦La Iglesia no saca exclusivamente de la Escritura la certeza de todo lo revelado禄 (Dei Verbum 9), lo cual reconoce 芦est谩 en desacuerdo con el principio escritur铆stico de la Reforma禄 (E. Schlink, Escritura, Tradici贸n y Magisterio seg煤n la constituci贸n 鈥淒ei Verbum鈥, en B.-D. Dupuy (dir.), La Revelaci贸n divina, II, Constituci贸n Dogm谩tica 芦Dei Verbum禄, Madrid 1970 (Taurus), 211-227, p. 219).

[18] R. Latourelle, Teolog铆a de la Revelaci贸n, 380.

[19] 芦Es evidente que la Tradici贸n y la Escritura son dos v铆as interdependientes, porque la Escritura (el Nuevo Testamento) proviene de la Tradici贸n de la Iglesia, porque la Escritura recibe de la Tradici贸n y el Magisterio la aut茅ntica interpretaci贸n y porque la Tradici贸n y la Iglesia deben mirarse continuamente en el espejo de la Escritura禄 (J. A. Say茅s, Compendio de Teolog铆a Fundamental, 192).

[20] Es significativo el detalle que se帽alan autores como Latourelle, Teolog铆a de la Revelaci贸n, 375: 芦El Vaticano II habla primero de la Tradici贸n, y luego de la Escritura (contrariamente al orden adoptado por el Concilio de Trento), por fidelidad a la realidad de los hechos: la Tradici贸n precedi贸 en verdad a la Escritura禄.

[21] J. A. Say茅s, Compendio de Teolog铆a Fundamental, 190.

[22] Ib. 191-192.

[23] R. Latourelle, Teolog铆a de la Revelaci贸n, 382 y 383.

[24] Seguimos en este punto la exposici贸n de J. A. Say茅s, Compendio de Teolog铆a Fundamental, 446-452.

[25] S. Pi茅-Ninot, La Teolog铆a Fundamental, 623.

[26] Resumimos aqu铆 J. A. Say茅s, Compendio de Teolog铆a Fundamental, 452-454.

[27] S. Pi茅-Ninot, La Teolog铆a Fundamental, 620.

[28] P. Faynel, La Iglesia, II, Barcelona 1974, 99 y 114 citado en J. A. Say茅s, Compendio de Teolog铆a Fundamental, 455.

[29] S. Pi茅-Ninot, La Teolog铆a Fundamental, 620.

[30] R. Latourelle, Teolog铆a de la Revelaci贸n, 378.

[31] R. Latourelle, Teolog铆a de la Revelaci贸n, 384.

[32] San Vicente de Lerins, Primer Conmonitorio, Cap. 23 (PL 50,667-668).

[33] R. Latourelle, Teolog铆a de la Revelaci贸n, 378.

 

 

 

 

 

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