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El Espíritu Santo en el Antiguo Testamento

El Espíritu Santo creador y el Espíritu Santo que impulsa a los profetas

 

Dios envía el Espíritu Santo sobre las aguas

 

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1. El Espíritu Santo en el Antiguo Testamento

Seg√ļn el Credo, el Esp√≠ritu, no es un mero don impersonal, ni simplemente Dios con su presencia creadora, vivificadora y salvadora en el mundo y en la Iglesia; sino que es tambi√©n el dador de esos dones, una persona: la tercera persona de la Trinidad.

En este tema es muy importante tener en cuenta la revelación progresiva de Dios que se va realizando en la historia de la salvación y que se refleja en la Biblia. Por eso no nos puede sorprender que en un primer momento no aparezcan claramente todos los rasgos de Dios, o del Espíritu de Dios, que nosotros conocemos ahora. No debemos proyectar en el Espíritu de Dios del Antiguo Testamento todos los datos que nosotros conocemos desde la plenitud de la revelación. Hemos de tener la paciencia de irnos adentrando paso a paso en la realidad del Espíritu de Dios, tal como Dios la fue revelando.

El Espíritu que se manifiesta en el Antiguo Testamento no aparece todavía como una persona distinta en Dios. Es ya, hacia el final del Antiguo Testamento, su Espíritu Santo[1], porque viene del Dios santo y consagra para el Dios santo. Pero no es todavía el Espíritu Santo. O por decirlo más exactamente: ya es él, pero no se le ha descubierto todavía enteramente. No cabe duda de que, reflexionando sobre ello, veríamos que era lógico que este poder divino que viene a morar en el espíritu del hombre y a hacerlo más espíritu, más libre, más consciente, más personal, fuera él mismo una persona. Pero, antes de la revelación de Jesucristo, no se podían imaginar varias personas en Dios.

El Nuevo Testamento contiene los primeros esbozos de confesión trinitaria, especialmente embrionaria en lo que se refiere al Espíritu Santo. Pero hay claros indicios de que la misma Biblia ve al Espíritu Santo, no simplemente como un don impersonal, sino como dador personal. Ya el Antiguo Testamento conoce en la literatura sapiencial la idea de ciertas personificaciones relativamente independientes de Dios. Entre ellas están principalmente la Sabiduría y el Espíritu, casi siempre idénticos.

La sabidur√≠a es un esp√≠ritu amigo de los hombres que no deja impune al blasfemo: inspecciona las entra√Īas, vigila atentamente el coraz√≥n y cuanto dice la lengua. Pues el esp√≠ritu del Se√Īor llena la tierra, todo lo abarca y conoce cada sonido (Sab 1,6-7).

La sabidur√≠a posee un esp√≠ritu inteligente, santo, √ļnico, m√ļltiple, sutil, √°gil, penetrante, inmaculado, di√°fano, invulnerable, amante del bien, agudo, incoercible, ben√©fico, amigo de los hombres, firme, seguro, sin inquietudes, que todo lo puede, todo lo observa, y penetra todos los esp√≠ritus, los inteligentes, los puros, los m√°s sutiles. La sabidur√≠a es m√°s m√≥vil que cualquier movimiento y en virtud de su pureza lo atraviesa y lo penetra todo. Es efluvio del poder de Dios, emanaci√≥n pura de la gloria del Omnipotente; por eso, nada manchado la alcanza (Sab 7,22-25).

El judaísmo postbíblico se expresa en categorías personales: el Espíritu habla, grita, amonesta, se entristece, llora, se alegra, consuela; y lo representa hablando con Dios. Aparece como testigo frente al hombre y es presentado como su abogado.

Hemos de tener en cuenta, además, que cada una de las tres personas tiene su manera propia de revelarse. El Hijo se muestra en forma humana, con rostro y palabra de hombre. El Padre se nos muestra a través del rostro del Hijo. Pero el Espíritu no tiene rostro, ni siquiera un nombre susceptible de evocar una figura humana. No podemos situarnos ante el rostro del Espíritu, contemplarlo, seguir sus gestos. La Escritura nos lo presenta siempre en acción, actuando en nuestros corazones. Conocer al Espíritu es, primeramente, experimentar su acción, dejarnos invadir por su influencia, hacernos dóciles a sus impulsos... La Sagrada Escritura no nos presenta en ninguna parte un retrato ni siquiera una descripción del Espíritu. Hemos de conocerlo más bien por sus efectos y sus acciones.

La palabra hebrea que designa al Esp√≠ritu (ruaj) significa a la vez ¬ęviento¬Ľ, ¬ęaliento¬Ľ. En el Antiguo Testamento se le entiende como la fuerza que se produce en el golpe de la respiraci√≥n y el viento que est√° en movimiento y tiene la fuerza para poner otras cosas en movimiento. El viento tiene el car√°cter de lo inasequible para el hombre y es normalmente el objeto de una acci√≥n de Dios. Referido al hombre, significa el proceso de la respiraci√≥n en que se manifiesta la vitalidad din√°mica del hombre; de ah√≠, pasa a designar el aliento vital, el hecho de estar vivo, e incluso diversos estados de √°nimo. Pero no es un principio inmanente al hombre, sino que designa m√°s bien la vida como vida infundida y enviada por Dios.

Esto aparece con claridad en la imagen del relato Yahwista de la creación en el que Dios crea al hombre del polvo de la tierra y lo modela como una figura de barro, pero no tiene vida hasta que Dios no le insufla el aliento vital (aunque la palabra que usa no es ruaj):

Entonces el Se√Īor Dios model√≥ al hombre del polvo del suelo e insufl√≥ en su nariz aliento de vida; y el hombre se convirti√≥ en ser vivo (Gn 2,7).

Pero el Antiguo Testamento usa esta misma palabra ¬ęesp√≠ritu¬Ľ en relaci√≥n m√°s o menos estrecha con Dios. La fuerza enigm√°tica que act√ļa en el viento y su origen desconocido hac√≠an ver en el viento y sus efectos una acci√≥n de Dios. Dios tiene poder sobre el viento; el viento es medio de una acci√≥n divina. Mientras que en algunos lugares del Antiguo Testamento el viento es criatura de Dios (Am 4,13: ¬ęPorque √©l es el que forma las monta√Īas y crea el viento... ¬°El Se√Īor Dios del universo es su nombre!¬Ľ); y dispone de √©l (Jr 10,13: ¬ęsaca los vientos de sus dep√≥sitos¬Ľ), en otros lugares, el viento se identifica con el aliento de Yahweh (Ex 15,8-10 (=2S 22,26; Sal 18,16): el aliento de Dios seca el mar rojo).

La expresi√≥n ¬ęesp√≠ritu de Yahweh¬Ľ aparece 27 veces en el AT, y 16 ¬ęEsp√≠ritu de Dios (Elohim)¬Ľ (+5 en arameo), 20 casos m√°s en los que se designa a Yahweh por medio de un sufijo personal. En total unos 68 casos.

2. La manifestación del Espíritu de Dios en los jueces, en los reyes y en los profetas

El credo de la iglesia dice que el Esp√≠ritu Santo ¬ęhabl√≥ por los profetas¬Ľ. Seg√ļn esta confesi√≥n de fe, el Esp√≠ritu no es s√≥lo poder creador que Dios, sino tambi√©n poder hist√≥rico de Dios, mediante el cual interviene con su palabra y su acci√≥n en el tiempo.

 

Profeta del Antiguo Testamento

 

Los inspirados en Israel, a pesar de seguir siendo lo que son, se encuentran elevados por encima de s√≠ mismos. Son portadores de una conciencia nueva, de una energ√≠a desconocida: ¬ęOtro¬Ľ se ha apoderado de ellos desde el interior, y act√ļa por medio de sus labios, por medio de sus brazos, por medio de su esp√≠ritu. Y este poder divino sobre el esp√≠ritu del hombre es el Esp√≠ritu de Dios.

Vamos a ver esta acción del Espíritu en los jueces, en los reyes y en los diversos momentos de la tradición profética.

Podr√≠an se√Īalarse como precedentes tres casos que se√Īala el libro de los N√ļmeros. Mois√©s, del que se dice que Dios tom√≥ parte del Esp√≠ritu que ten√≠a y se lo dio a los setenta ancianos que comenzaron a profetizar (Nm 11,25). Josu√©, que hereda el Esp√≠ritu que se ha depositado en Mois√©s para guiar a la comunidad a la Tierra Prometida:

Respondi√≥ el Se√Īor a Mois√©s: ¬ęToma a Josu√©, hijo de Nun, hombre en quien est√° el esp√≠ritu, imponle tu mano y pres√©ntalo ante el sacerdote Eleazar y ante toda la comunidad, dale instrucciones en presencia de ellos y comun√≠cale parte de tu autoridad, para que le obedezca toda la comunidad de los hijos de Israel. Que se presente al sacerdote Eleazar y que este consulte acerca de √©l al Se√Īor, seg√ļn el rito de los urim. A las √≥rdenes de √©l saldr√°n y a las √≥rdenes de √©l entrar√°n todos los hijos de Israel, toda la comunidad¬Ľ (Nm 27,18-21)

Es lo mismo que anuncia el libo del Deutoronomio:

Josu√© hijo de Nun estaba lleno del esp√≠ritu de sabidur√≠a, porque Mois√©s le hab√≠a impuesto las manos, los hijos de Israel lo obedecieron e hicieron como el Se√Īor hab√≠a mandado a Mois√©s (Dt 34,9).

También tenemos el caso del vidente de Balaán que fue enviado por Balaq, rey de Moab, a profetizar contra Israel, pero Dios se lo impidió y le hizo bendecir y profetizar a favor del Pueblo de Dios. Para esta profecía le invade el Espíritu de Dios (Nm 24,2).

a) Los jueces

En los comienzos, el Esp√≠ritu de Dios se manifiesta en el liderazgo de los jueces carism√°ticos y en la profec√≠a est√°tica. En estos casos, el esp√≠ritu (ruaj) es una fuerza din√°mica explosiva que sobreviene a un hombre y que lo capacita por breve tiempo para acciones especiales. As√≠ se dice que el Esp√≠ritu ¬ępenetra¬Ľ, ¬ęatrae¬Ľ, ¬ęempuja¬Ľ, ¬ęviene o cae¬Ľ sobre alguien.

La aparici√≥n del liderazgo carism√°tico en los primeros tiempos de Israel est√° necesariamente ligada al Esp√≠ritu de Dios. Por medio del Esp√≠ritu, Dios suscita hombres que se convierten en mediadores de la salvaci√≥n de su pueblo. De este modo, Dios toma el mando en las acciones b√©licas que son en √ļltimo t√©rmino ¬ęguerras de Dios¬Ľ.

La intervenci√≥n del Esp√≠ritu es tanto m√°s manifiesta en estos casos, en la medida en que ning√ļn procedimiento la ha preparado. Inesperadamente, y sin que nada les predisponga para ello, vemos que simples hijos de campesinos, se sienten repentinamente arrebatados por el Esp√≠ritu, y experimentan que est√°n revestidos de una personalidad nueva. Reaniman el valor del pueblo, agrupan ej√©rcitos, liberan a su patria. El Esp√≠ritu de Dios los posee. Y, por medio de ellos, une y dirige a su pueblo. Los jueces no son m√°s que liberadores temporales. Y el Esp√≠ritu los abandona una vez que su misi√≥n ha terminado.

El Esp√≠ritu viene sobre Otniel (Jc 3,10: ¬ęVino sobre √©l el esp√≠ritu del Se√Īor y juzg√≥ a Israel. Sali√≥ a la guerra y el Se√Īor entreg√≥ en su mano a Cus√°n Risatain, rey de Ar√°n, prevaleciendo su mano sobre Cus√°n Risatain¬Ľ); Jeft√© (Jc 11,29: ¬ęEl esp√≠ritu del Se√Īor vino sobre Jeft√©. Atraves√≥ Galaad y Manas√©s, y cruz√≥ a Misp√° de Galaad, y de Misp√° de Galaad pas√≥ hacia los amonitas¬Ľ), Gede√≥n (Jc 6,34: ¬ęEl esp√≠ritu del Se√Īor revisti√≥ a Gede√≥n¬Ľ) Sans√≥n (13,24-25: ¬ęLa mujer dio a luz un hijo, al que puso el nombre de Sans√≥n. El ni√Īo creci√≥, y el Se√Īor lo bendijo. El esp√≠ritu del Se√Īor comenz√≥ a agitarlo en Majn√© Dan, entre Sor√° y Estaol¬Ľ; cf. 14,6: le invade el Esp√≠ritu y despedaza a un le√≥n; 15,14: viene el Esp√≠ritu sobre √©l, se libera de las cuerdas y mata a mil filisteos con una quijada).

Parece que el Espíritu tiene un lugar muy claro en el esquema de historia de salvación que plantea el Deuteronomista:

1. Apostasía.

2. Castigo.

3. Lamentación.

4. Salvación.

Es el Espíritu el que suscita al juez, que trae la salvación de parte de Dios.

Lo mismo sucede con Sa√ļl que es juez y rey a la vez (1S 11,6). Es Dios quien lo suscita por medio del Esp√≠ritu, como a los jueces:

Sa√ļl, que llegaba entonces del campo tras los bueyes, pregunt√≥: ¬ę¬ŅQu√© le ocurre al pueblo para estar llorando?¬Ľ. Y le contaron el mensaje de la gente de Yab√©s. Al o√≠r aquellas palabras, vino sobre √©l el esp√≠ritu de Dios y estall√≥ en c√≥lera (1S 11,5-6).

Pero a diferencia de los jueces, Sa√ļl es ungido y en ese momento se le promete que el Esp√≠ritu le invadir√° al entrar en contacto con el grupo de los profetas:

Entonces vendr√° sobre ti el esp√≠ritu del Se√Īor, profetizar√°s con ellos y te convertir√°s en otro hombre. Cuando te sucedan estas se√Īales, haz lo que se te ponga a mano, porque Dios est√° contigo (1S 10,6-7).

Pero las infidelidades de Sa√ļl hacen que el Esp√≠ritu de Yahweh se aparte de √©l (1S 16,14: ¬ęEl esp√≠ritu del Se√Īor se retir√≥ de Sa√ļl. Y un mal esp√≠ritu comenz√≥ a atormentarlo por mandato del Se√Īor¬Ľ).

En estos casos parece que la posesi√≥n por el Esp√≠ritu es un acontecimiento √ļnico, transitorio, que originalmente no legitima para una funci√≥n estable.

b) Los reyes

Con la llegada de la monarqu√≠a se consuma una transformaci√≥n decisiva en la concepci√≥n del Esp√≠ritu de Dios. Los jueces, con el nacimiento de la monarqu√≠a, tienen como herederos del impulso del Esp√≠ritu al rey. Lo que en otro tiempo era una fuerza din√°mica en erupci√≥n se convierte en un don permanente para el ungido de Dios, que le otorga aptitudes espec√≠ficas y constituye una forma especial de la asistencia de Dios. El rey es el encargado ahora de guiar y defender al pueblo. Pero se trata de una responsabilidad permanente. Ahora el Esp√≠ritu se ¬ęda¬Ľ, o se ¬ęposa¬Ľ en alguien. El Esp√≠ritu ya no viene de forma espont√°nea, sino que est√° unido a distintos ritos: unci√≥n, imposici√≥n de manos. El rito de la unci√≥n expresa esta permanencia del Esp√≠ritu. Con este rito se consagra a los reyes con la huella indeleble del Esp√≠ritu. Y como consecuencia, el Esp√≠ritu tambi√©n se recibe por la sucesi√≥n en el cargo; pasa del rey al pr√≠ncipe. As√≠ el Esp√≠ritu de Dios se aproxima as√≠ al concepto de bendici√≥n de Dios.

El caso prototípico es el de David:

Samuel cogi√≥ el cuerno de aceite y lo ungi√≥ en medio de sus hermanos. Y el esp√≠ritu del Se√Īor vino sobre David desde aquel d√≠a en adelante (1S 16,13).

 

El rey Davbid tocando el arpa de Honthorst

Gerard van Honthorst: El rey David tocando el arpa

 

Puede verse también la afirmación de David en el lecho de muerte:

El esp√≠ritu del Se√Īor ha hablado por m√≠, su palabra ha llenado mi lengua (2S 23,2).

Pero en David, el Espíritu de Dios no se presenta ya en forma espectacular, inesperada y repentina, en fenómenos estáticos y carismáticos; más bien permanece y reposa en él.

A diferencia de la toma de posesi√≥n del Esp√≠ritu en los jueces, la unci√≥n no basta para convertir a los descendientes de David en reyes que sean seg√ļn el coraz√≥n de Dios y conforme a las exigencias de la justicia.

En los anuncios de salvación en tiempos del exilio y posteriores a él, el Espíritu figura entre los dones del rey mesiánico (cf. Is 61,1; 42,1; cf. 11,12), que da continuidad y plenitud a la figura del rey como ungido por el Espíritu (1S 10,1.10; 16,13). El mesías real ligado al Espíritu Santo aparece en la literatura judía entre los dos testamentos, p. ej. en los Salmos de Salomón (y será frecuente en los textos de Qumrán):

El Rey mismo estar√° limpio de pecado para gobernar un gran pueblo, para dejar convictos a los pr√≠ncipes y eliminar a los pecadores con la fuerza de su palabra. No se debilitar√° durante toda su vida, apoyado en su Dios, porque el Se√Īor lo ha hecho poderoso por el esp√≠ritu santo, lleno de sabias decisiones, acompa√Īadas de fuerza y justicia (SalSal 17,36-37).

Felices los que nazcan en aquellos d√≠as, para contemplar los bienes que el Se√Īor procurar√° a la generaci√≥n futura, bajo la f√©rula correctora del Ungido del Se√Īor, en la fidelidad a su Dios, con la sabidur√≠a, las justicia y la fuerza del Esp√≠ritu (SalSal 18,6-7).

c) El Espíritu que impulsa a los profetas

Los verdaderos instrumentos del Espíritu, los que saben apreciar la acción del Espíritu en el mundo, y en su propio espíritu, son los profetas. Sin embargo hay que distinguir varias etapas.

 

Profeta elevando sus manos a Dios

 

Los grupos de profetas ext√°ticos

Tambi√©n la profec√≠a ext√°tica ha sido relacionada claramente con el Esp√≠ritu. Se trata de los grupos de profetas que se caracterizan por vivir conjuntamente y entrar en trance. En estos casos, suele denominarse ¬ęEsp√≠ritu de Dios¬Ľ, y no ¬ęEsp√≠ritu de Yahweh¬Ľ. El Esp√≠ritu viene sobre todo el grupo y lo pone en trance; pero tambi√©n puede apoderarse de otras personas que se aproximan al grupo. Este fen√≥meno se caracteriza por ser contagioso -como hemos visto en el caso de Sa√ļl-. Aunque el efecto del √©xtasis es transitorio, pod√≠a repetirse.

Hablando en general, diremos que las manifestaciones del Esp√≠ritu se van haciendo cada vez m√°s interiores a medida que se va avanzando en el Antiguo Testamento, hasta el apogeo del profetismo, en el que el Esp√≠ritu se revela m√°s claramente. Los fen√≥menos m√°s mezclados con fen√≥menos exteriores son los trances ext√°ticos de los nebi'im, precursores de los profetas, que viv√≠an en grupo. Las almas exigentes de los profetas escritores experimentan desagrado ante esos transportes. Pero √©stos fueron una de las fuerzas vivas de Israel y estuvieron animados por el Esp√≠ritu de Dios (Nm 11,17.25: Yahweh concede parte del Esp√≠ritu de Mois√©s a los setenta ancianos; 1S 10,6ss: los profetas de Yahweh que animan a Sa√ļl en los primeros momentos).

Los profetas no escritores del s. IX aC

Para los profetas del siglo IX, la presencia del Espíritu de Dios era un elemento fundamental. En las tradiciones relativas al hombre de Dios respecto de Elías y Eliseo, el Espíritu de Dios está tan estrechamente ligado a una persona que puede ser heredado; pero no produce palabra alguna, sino simples demostraciones de poder.

Puede verse, como ejemplo 2R 2,9-15, en donde Eliseo pide que se le conceda parte del Espíritu de Elías y tan pronto como el Espíritu desciende sobre él, queda constituido profeta. Pero la comprobación de esa posesión del Espíritu procede de los que rodean al profeta, y queda así legitimado:

Mientras cruzaban, dijo El√≠as a Eliseo: ¬ęP√≠deme lo que quieras que haga por ti antes de que sea arrebatado de tu lado¬Ľ. Eliseo respondi√≥: ¬ęPor favor, que yo reciba dos partes de tu esp√≠ritu¬Ľ. Respondi√≥ El√≠as: ¬ęPides algo dif√≠cil, pero si alcanzas a verme cuando sea arrebatado de tu lado, pasar√°n a ti; si no, no pasar√°n¬Ľ. Mientras ellos iban conversando por el camino, de pronto, un carro de fuego con caballos de fuego los separ√≥ a uno del otro. Subi√≥ El√≠as al cielo en la tempestad. Eliseo lo ve√≠a y clamaba: ¬ę¬°Padre m√≠o, padre m√≠o! ¬°Carros y caballer√≠a de Israel!¬Ľ. Al dejar de verlo, agarr√≥ sus vestidos y los desgarr√≥ en dos. Recogi√≥ el manto que hab√≠a ca√≠do de los hombros de El√≠as, volvi√≥ al Jord√°n y se detuvo a la orilla. Tom√≥ el manto que hab√≠a ca√≠do de los hombros de El√≠as y golpe√≥ con √©l las aguas, pero no se separaron. Dijo entonces: ¬ę¬ŅD√≥nde est√° el Se√Īor, el Dios de El√≠as?¬Ľ. Golpe√≥ otra vez las aguas, que se separaron a un lado y a otro, y pas√≥ Eliseo sobre terreno seco. Cuando la comunidad de los profetas lo vio venir hacia ellos, dijeron: ¬ęEl esp√≠ritu de El√≠as se ha posado sobre Eliseo¬Ľ. Y fueron a su encuentro y se postraron en tierra ante √©l (2R 2,9-15)

El Esp√≠ritu pod√≠a arrebatar de repente a un profeta sac√°ndolo de su ambiente y conducirle a cualquier otra parte (cf. 1R 18,12: Abd√≠as no quiere decirle al rey Ajab d√≥nde est√° El√≠as porque el Esp√≠ritu de Yahweh puede arrebatarle a otro lugar y el rey le matar√°; 2R 2,16: tras la desaparici√≥n de El√≠as piden a Eliseo que cincuenta hombres vayan a buscarle por si se lo ha llevado el Esp√≠ritu de Yahweh y lo ha arrojado a alguna monta√Īa o a alg√ļn valle).

 

Eliseo ve a Elías en el carro de fuego

 

Solamente puede surgir el enga√Īo cuando el Esp√≠ritu confunde a los profetas. Entonces se plantea entre ellos la cuesti√≥n de si el Esp√≠ritu ha pasado de uno a otro. Es el caso del enfrentamiento de Miqueas y Sedec√≠as:

Dijo entonces Miqueas: ¬ęPor todo ello, escucha la palabra del Se√Īor: ‚ÄúHe visto al Se√Īor sentado en su trono, con todo el ej√©rcito de los cielos en pie junto a √©l, a derecha e izquierda‚ÄĚ. El Se√Īor pregunt√≥: ‚Äú¬ŅQui√©n enga√Īar√° a Ajab para que suba y caiga en Ramot de Galaad?‚ÄĚ; unos respond√≠an una cosa y otros otra, hasta que un esp√≠ritu se adelant√≥ y de pie ante el Se√Īor dijo: ‚ÄúYo lo enga√Īar√©‚ÄĚ. El Se√Īor le pregunt√≥: ‚Äú¬ŅDe qu√© modo?‚ÄĚ. Le respondi√≥: ‚ÄúIr√© y me convertir√© en esp√≠ritu de mentira en la boca de todos sus profetas‚ÄĚ; el Se√Īor dijo entonces: ‚ÄúLo enga√Īar√°s y lo vencer√°s. Ve y haz como dices‚ÄĚ. As√≠ pues, porque el Se√Īor ha predicho el mal contra ti, ha puesto un esp√≠ritu de mentira en la boca de todos estos profetas tuyos¬Ľ. Se acerc√≥ Sedec√≠as, hijo de Quenaan√°, y, d√°ndole una bofetada a Miqueas en la cara, le pregunt√≥: ¬ę¬ŅPor qu√© camino el esp√≠ritu del Se√Īor ha pasado de m√≠ para hablar contigo?¬Ľ. Miqueas respondi√≥: ¬ęT√ļ mismo lo ver√°s en el d√≠a aquel, cuando trates de esconderte en la habitaci√≥n m√°s oculta¬Ľ (1R 22,19-25).

Los profetas escritores de la época clásica

Los m√°s antiguos profetas escritores: Am√≥s, Oseas, Isa√≠as, Jerem√≠as, plenamente conscientes de haber sido pose√≠dos por un poder divino, prefieren decir que ese poder es la mano de Dios, m√°s que su Esp√≠ritu (Is 8,11: ¬ęMe tom√≥ de la mano¬Ľ; Jr 1,9: ¬ęAlargo su mano y toc√≥ mi boca¬Ľ). En plena posesi√≥n de s√≠ mismos, y frecuentemente en medio de una rebeli√≥n de todo su ser, una presi√≥n soberana les constri√Īe a anunciar la palabra divina.

Pero originariamente no hay, en cambio, ninguna relación entre el Espíritu de Dios y la comunicación de un mensaje divino. Podemos encontrar este Espíritu en la profecía preclásica, pero falta totalmente en la profecía escrita desde Amós a Jeremías. No valen los textos aducidos en sentido contrario:

Os 9,7: ¬ęHan llegado los d√≠as de rendir cuentas, han llegado los d√≠as de la represalia: que lo sepa Israel. El profeta es un insensato; el hombre de esp√≠ritu, un exaltado¬Ľ

Mi 3,8: ¬ęPero yo estoy lleno de fuerza -por el esp√≠ritu de Dios-, de derecho y coraje, para anunciar a Jacob su culpa, a Israel su pecado¬Ľ. (Puede ser una glosa y el hecho de denunciar no parece depender claramente del estar lleno del Esp√≠ritu).

Is 30,1: ¬ę¬°Ay de los hijos rebeldes! -or√°culo del Se√Īor-, que hacen planes sin contar conmigo, que sellan alianzas contrarias a mi esp√≠ritu a√Īadiendo as√≠ pecado a pecado¬Ľ (Pero aqu√≠ el Esp√≠ritu puede significar ¬ęa mi aire¬Ľ, la naturaleza √≠ntima de Dios).

Is 31,3: ¬ęLos egipcios son hombres y no dioses, sus caballos son carne y no esp√≠ritu. El Se√Īor extender√° su mano: tropezar√° el protector y caer√° el protegido, los dos juntos perecer√°n¬Ľ.

Es arriesgado decir respecto a estos profetas que el Esp√≠ritu les trae la palabra de Dios, les da luz para comprenderla y la fuerza para anunciarla. √Čsa es nuestra forma de explicarlo y entenderlo, bajo el concepto del Esp√≠ritu Santo revelador, que inspira a los autores sagrados. Esto no resulta tan claro en ese momento.

La razón de la llamativa ausencia del Espíritu de Dios en los primeros profetas escritores (salvo Ezequiel) puede deberse a que la profecía de salvación, usada por los falsos profetas para tranquilizar al pueblo, y combatida por estos profetas, apelaba en parte al Espíritu (como ejemplo recuérdese el enfrentamiento de Miqueas y Abdías, profeta de Ajab en 1R 22 = 2Cr 18). Indudablemente quieren marcar su independencia con respecto a los grupos de profetas extáticos. Quizá la idea del Espíritu era algo característico de la profecía del norte de Israel.

La √ļnica excepci√≥n es el profeta Ezequiel. Pero excepci√≥n comprensible porque Ezequiel es tambi√©n profeta del exilio que anuncia el final del destierro. Veamos los textos:

Y me dec√≠a: ¬ęHijo de hombre, ponte en pie y te hablar√©¬Ľ. El esp√≠ritu entr√≥ en m√≠ mientras me hablaba, me puso en pie, y o√≠ que me dec√≠a: ¬ęHijo de hombre, yo te env√≠o a los hijos de Israel, un pueblo rebelde que se ha rebelado contra m√≠. Ellos y sus padres me han ofendido hasta el d√≠a de hoy¬Ľ (Ez 2,1-3).

El esp√≠ritu me levant√≥ y me dijo: ¬ęVe y enci√©rrate en tu casa....¬Ľ (Ez 3,24).

Entonces me invadi√≥ el esp√≠ritu del Se√Īor y me orden√≥ decir: Esto dice el Se√Īor (Ez 11,5).

Entonces el espíritu me arrebató y me llevó en visión, en el espíritu de Dios, a Caldea, a los desterrados. La visión que había contemplado desapareció de mi vista (Ez 11,24). (Véase también Ez 3,12.14; 8,3; 11,1; 37,1; 43,5, donde también se dice que el Espíritu lo arrebató).

Los profetas postexílicos

La profecía se entiende con toda naturalidad como fruto del Espíritu de Dios sólo a partir de la época postexílica. Sólo en esta época, cuando el Espíritu de Dios había perdido en gran parte sus otras funciones específicas (no hay jueces, ni reyes, ni profetas extáticos), se entendió retrospectivamente la profecía como actuación del Espíritu. Entonces sí se puede decir que la vinculación constante entre palabra profética y Espíritu adquiere toda su importancia. La acción del Espíritu en los profetas escritores está documentada en Zacarías, en Nehemías y en el tercer Isaías:

Endurecieron su coraz√≥n m√°s que el diamante y, de esta forma, no escucharon la Ley y los mensajes que el Se√Īor les enviaba por su esp√≠ritu, por medio de los profetas de anta√Īo. Y el Se√Īor se encoleriz√≥ vivamente (Za 7,12).

Aun as√≠, fuiste ben√©volo con ellos muchos a√Īos. Los amonestaste con tu esp√≠ritu por medio de los profetas, pero no escucharon. Entonces los entregaste en manos de los pueblos gentiles (Ne 9,30).

Es la misma concepci√≥n que aparece en la profec√≠a del Is 61,1. Texto que Jes√ļs se aplicar√° a s√≠ mismo (cf. Lc 4,18), pero que aqu√≠, en el Segundo Isa√≠as, se refiere al profeta:

El Esp√≠ritu del Se√Īor, Dios, est√° sobre m√≠, porque el Se√Īor me ha ungido. Me ha enviado para dar la buena noticia a los pobres, para curar los corazones desgarrados, proclamar la amnist√≠a a los cautivos, y a los prisioneros la libertad... (Is 61,1).

De este modo, el Cronista entiende todo lenguaje profético como lenguaje inspirado:

El espíritu de Dios vino sobre Azarías, hijo de Oded (2Cro 15,1).

En medio de la asamblea, vino el esp√≠ritu del Se√Īor sobre Yajaziel -hijo de Zacar√≠as, hijo de Bena√≠as, hijo de Yeiel, hijo de Matan√≠as, levita, de los hijos de Asaf-, y dijo... (2Cro 20,14).

Entonces el Espíritu de Dios vino sobre Zacarías, hijo del sacerdote Joadá, que, erguido ante el pueblo, les dijo... (2Cro 24,20).

Pero no se limita a los profetas (1Cr 12,19: el Espíritu reviste a Amasay).

En la √©poca tard√≠a, ¬ęEsp√≠ritu¬Ľ se convierte en un concepto teol√≥gico amplio que ya no designa ninguna actuaci√≥n divina espec√≠fica; muchas veces significar simplemente ¬ęDios¬Ľ. S√≥lo entonces se llega a la expresi√≥n ¬ęEsp√≠ritu santo¬Ľ.

3. Un pueblo ungido por el Espíritu Santo

Seg√ļn va avanzando la revelaci√≥n b√≠blica, va apareciendo tambi√©n como el Esp√≠ritu se derrama no s√≥lo en los jueces, reyes y profetas, sino tambi√©n sobre todo el pueblo de Dios, al que se le promete la salvaci√≥n. Lo podemos descubrir en los profetas ex√≠licos y postex√≠licos:

Os infundir√© mi esp√≠ritu, y har√© que camin√©is seg√ļn mis preceptos, y que guard√©is y cumpl√°is mis mandatos (Ez 36,27; cf. 37,14).

Esto dice el Se√Īor que te hizo, que te form√≥ en el vientre y te auxilia: No temas, siervo m√≠o, Jacob, a quien corrijo, mi elegido; derramar√© agua sobre el suelo sediento, arroyos en el p√°ramo; derramar√© mi esp√≠ritu sobre tu estirpe y mi bendici√≥n sobre tus v√°stagos (Is 44,3; cf. 59,21).

Despu√©s de todo esto, derramar√© mi esp√≠ritu sobre toda carne, vuestros hijos e hijas profetizar√°n, vuestros ancianos tendr√°n sue√Īos y vuestros j√≥venes ver√°n visiones. Incluso sobre vuestros siervos y siervas derramar√© mi esp√≠ritu en aquellos d√≠as (Jl 3,1-2; cf. Hch 2,16).

No podemos olvidar la relación de esta promesa con su cumplimiento en la venida del Espíritu Santo, no sólo sobre los apóstoles en Pentecostés (Hch 2,1-14), como narra el libro de los Hechos, sino sobre los que reciben la Palabra y se convierten (Hch 4,31; 8,14-17; 10,44).

 

El Espíritu Santo sobre los apóstoles en Pentecostés

 

4. El Espíritu Santo creador y dador de vida

Otra afirmaci√≥n del Credo sobre el Esp√≠ritu Santo es que es ¬ęvivificante¬Ľ, ¬ędador de vida¬Ľ.

S√≥lo desde la √©poca del exilio, el Esp√≠ritu penetr√≥ en el contexto de la creaci√≥n del hombre y a partir de entonces pudo designar al aliento vital del hombre: Dios lo da al hombre (Is 42,5: ¬ęEsto dice el Se√Īor, Dios, que crea y despliega los cielos, consolid√≥ la tierra con su vegetaci√≥n, da el respiro al pueblo que la habita y el aliento [=esp√≠ritu] a quienes caminan por ella¬Ľ), lo forma (Za 12,1: ¬ęPalabra del Se√Īor sobre Israel. Or√°culo del Se√Īor, que extiende los cielos y cimienta la tierra, que forma el aliento [=esp√≠ritu] del hombre en su interior¬Ľ) o lo crea (Is 57,16: ¬ęNo estar√© en pleito perpetuo, ni me irritar√© por siempre, porque ante m√≠ sucumbir√≠an el esp√≠ritu y el aliento que he creado¬Ľ). El aliento de Dios crea y vivifica al hombre en su conjunto.

En la terminolog√≠a de P (= tradici√≥n sacerdotal) se da ya este cambio: los seres vivientes se llaman ahora ¬ęcarne en la que hay aliento de vida¬Ľ (Gn 2,19; 6,17; 7,15).

En el capítulo 2 del Génesis se subraya que el hombre formado de la materia terrena no se convierte en ser vivo hasta que recibe el divino aliento en la cara. Esta vida procede directamente de Dios. Únicamente este aliento que se une a un cuerpo hace del hombre de un ser vivo. (Gn 2,7: el hombre vive porque se le ha insuflado el aliento de Dios).

En ese sentido, aplicado de forma personal, dice Elih√ļ a Job: ¬ęEl soplo de Dios me form√≥, el aliento del Todopoderoso me dio vida¬Ľ (Jb 33,4).

De ahí viene la concepción de que si Dios retira su aliento, el hombre recae en la materialidad sin vida: Dios puede retirar su aliento al hombre y volver a dárselo en cualquier momento. De este modo, la piedad sapiencial explica la dependencia total de la criatura respecto a su creador:

Todos ellos aguardan a que les eches comida a su tiempo: se la echas, y la atrapan; abres tu mano, y se sacian de bienes; escondes tu rostro, y se espantan; les retiras el aliento, y expiran y vuelven a ser polvo; envías tu espíritu, y los creas, y repueblas la faz de la tierra (Sal 104,27-30).

Si decidiera por cuenta propia retirar su esp√≠ritu y su aliento, dejar√≠an de respirar los vivientes, volver√≠an los humanos al polvo (Jb 34,14-15). (Cf. Jb 27,3: ¬ęMientras siga respirando, con el aliento de Dios en las narices¬Ľ).

 

El sol saliendo sobre la tierra vista desde el espacio

 

También se afirma en la literatura sapiencial la creación por medio del Espíritu o aliento de Dios:

La palabra del Se√Īor hizo el cielo; el aliento de su boca, sus ej√©rcitos (Sal 33,6)[2].

Y la acción del Espíritu creador en toda realidad creada:

Pues el esp√≠ritu del Se√Īor llena la tierra, todo lo abarca y conoce cada sonido¬Ľ (Sb 1,7)[3].

Hay razones para pensar que, al fusionarse salvación y creación del hombre en los anuncios de salvación de los profetas, el Espíritu penetró en el lenguaje de la creación.

Un ejemplo muy claro es la visión de los huesos secos de Ezequiel, que, para mostrar la capacidad de Dios para hacer resurgir a su pueblo usa un lenguaje de creación en el que el Espíritu tiene un papel primordial. Aparece aquí el Espíritu como la energía vital que retorna, el aliento vital que Dios insufla a los muertos:

La mano del Se√Īor se pos√≥ sobre m√≠. El Se√Īor me sac√≥ en esp√≠ritu y me coloc√≥ en medio de un valle todo lleno de huesos. Me hizo dar vueltas y vueltas en torno a ellos: eran much√≠simos en el valle y estaban completamente secos. Me pregunt√≥: ¬ęHijo de hombre: ¬ŅPodr√°n revivir estos huesos?¬Ľ. Yo respond√≠: ¬ęSe√Īor, Dios m√≠o, t√ļ lo sabes¬Ľ. √Čl me dijo: ¬ęPronuncia un or√°culo sobre estos huesos y diles: ‚Äú¬°Huesos secos, escuchad la palabra del Se√Īor! Esto dice el Se√Īor Dios a estos huesos: Yo mismo infundir√© esp√≠ritu sobre vosotros y vivir√©is. Pondr√© sobre vosotros los tendones, har√© crecer la carne, extender√© sobre ella la piel, os infundir√© esp√≠ritu y vivir√©is. Y comprender√©is que yo soy el Se√Īor‚Ä̬Ľ. Yo profetic√© como me hab√≠a ordenado, y mientras hablaba se oy√≥ un estruendo y los huesos se unieron entre s√≠. Vi sobre ellos los tendones, la carne hab√≠a crecido y la piel la recubr√≠a; pero no ten√≠an esp√≠ritu. Entonces me dijo: ¬ęConjura al esp√≠ritu, conj√ļralo, hijo de hombre, y di al esp√≠ritu: ‚ÄúEsto dice el Se√Īor Dios: Ven de los cuatro vientos, esp√≠ritu, y sopla sobre estos muertos para que vivan‚Ä̬Ľ. Yo profetic√© como me hab√≠a ordenado; vino sobre ellos el esp√≠ritu y revivieron y se pusieron en pie. Era una multitud innumerable. Y me dijo: ¬ęHijo de hombre, estos huesos son la entera casa de Israel, que dice: ‚ÄúSe han secado nuestros huesos, se ha desvanecido nuestra esperanza, ha perecido, estamos perdidos‚ÄĚ. Por eso profetiza y diles: ‚ÄúEsto dice el Se√Īor Dios: Yo mismo abrir√© vuestros sepulcros, y os sacar√© de ellos, pueblo m√≠o, y os llevar√© a la tierra de Israel. Y cuando abra vuestros sepulcros y os saque de ellos, pueblo m√≠o, comprender√©is que soy el Se√Īor. Pondr√© mi esp√≠ritu en vosotros y vivir√©is; os establecer√© en vuestra tierra y comprender√©is que yo, el Se√Īor, lo digo y lo hago‚ÄĚ -or√°culo del Se√Īor-¬Ľ (Ez 37,1-14).

V√©ase esta concepci√≥n tambi√©n en las pol√©micas contra los √≠dolos del √ļltimo periodo de los reyes (Jr 10,14: ¬ęSus estatuas son pura mentira, pues no hay esp√≠ritu en ellas¬Ľ (=51,17); cf. Ha 2,19; Sal 135,17).

Un texto discutido en este sentido es Gn 1,2. Para algunos el esp√≠ritu de Dios es la fuerza vital creadora en toda las cosas: su esp√≠ritu se cierne sobre las aguas al comienzo de la creaci√≥n. Sin embargos para otros (Von Rad) no se trata del Esp√≠ritu de Dios, sino la tempestad de Dios o tempestad terrible en sentido superlativo; el enunciado concierne a la descripci√≥n de lo ca√≥tico y no entra todav√≠a dentro del proceso de la creaci√≥n por medio del Esp√≠ritu de Dios (y el discutido t√©rmino merahefet no debe traducirse por ¬ęempollar¬Ľ, sino m√°s bien ¬ęvibrar, temblar, mecerse¬Ľ).

Esa misma fuerza creadora del Espíritu se proyecta hacia el futuro: El Espíritu de Dios transformará el desierto en paraíso y lo convertirá en lugar del derecho y la justicia (Is 32,15). Despertará al pueblo muerto a nueva vida (Ez 37,1-14) y le formará un nuevo corazón (Ez 11,19; 18-31; 36,27; cf. Sal 51,12).

Conclusión

Este recorrido por el Antiguo Testamento nos ha ayudado a descubrir c√≥mo se va revelando el Esp√≠ritu Santo a lo largo de la Historia de la Salvaci√≥n: como el que mueve a los jueces y reyes para salvar al pueblo, el que hace hablar a los profetas, el que act√ļa en la creaci√≥n dando vida. Todo esto nos ayuda a dar contentido a la identidad del Esp√≠ritu Santo como el que hab√≥ por los profetas y es dador de vida.

Cuando llegue la plenitud de los tiempos también alcanzará su plenitud la revelación del Espíritu Santo como persona, igual al Padre y al Hijo. Pero eso es imposible en el marco del Antiguo Testamento, que sólo nos ofrece algunas pistas de ese carácter personal del Espíritu.

Todo este recorrido por el Antiguo Testamento nos ayuda tambi√©n a entender la importancia de la presencia del Esp√≠ritu Santo en la presentaci√≥n de Jes√ļs como Hijo de Dios en el bautismo (Mc 1,9-10 y par.), que lo manifiesta como el Mes√≠as (=Ungido), y a descubrir la relevancia de que Jes√ļs proclame cumplida en √©l la profec√≠a de Isa√≠as que hemos visto m√°s arriba (Is 61,1; Lc 4,18). Pero la relaci√≥n de Cristo con el Esp√≠ritu va mucho m√°s all√° de lo que vemos en los reyes y en los profetas (como se ver√° especialmente en el cuarto evangelio, y anticipa san Lucas en el evangelio de la infancia), y desbordar√° lo que se esperaba del Mes√≠as salvador.

Bibliografía

A. ALBERTZ-C. WESTERMANN, ruaj, en E. JENNI - C. WESTEMANN, Diccionario teológico manual del Antiguo Testamento, II, Madrid 1985 (Cristiandad), col. 914-947.

W. KASPER, El Dios de Jesucristo, Salamanca 1985 (Sígueme), 233-235.

G. VON RAD, El libro del Génesis, Salamanca 1988, 58s. 92.

G. VON RAD, Teología del Antiguo Testamento, I, Salamanca 1980 (Sígueme), 79-80.

J. GUILLET, El Espíritu de Dios, en VV. AA., Grandes temas bíblicos, Madrid 1968 (Fax), 267-281, esp. 267-273.

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NOTAS

[1] Is 63,10-11: ¬ęMas ellos se rebelaron y contristaron a su Esp√≠ritu santo, y √©l se convirti√≥ en su enemigo, guerre√≥ contra ellos. Entonces se acord√≥ de los d√≠as antiguos, de Mois√©s su siervo. ¬ŅD√≥nde est√° el que los sac√≥ de la mar, el pastor de su reba√Īo? ¬ŅD√≥nde el que puso en √©l su Esp√≠ritu santo¬Ľ; Sal 51,13: ¬ęNo retires de m√≠ tu santo Esp√≠ritu¬Ľ.

[2] V√©ase Sal 148,8, donde se le llama ¬ęviento huracanado que cumple sus √≥rdenes¬Ľ; y Sal 147,18: ¬ęEnv√≠a una orden, y se derriten; sopla su aliento [=esp√≠ritu], y corren las aguas¬Ľ.

[3] Cf. Sab 7,22-8,1: Hay en la sabidur√≠a ¬ęun esp√≠ritu inteligente, santo, √ļnico, m√ļltiple, sutil, √°gil, penetrante, inmaculado, di√°fano, invulnerable, amante del bien, agudo, incoercible, ben√©fico, amigo de los hombres, firme, seguro, sin inquietudes, que todo lo puede, todo lo observa, y penetra todos los esp√≠ritus, los inteligentes, los puros, los m√°s sutiles¬Ľ.