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Contemplaciones litánicas

Oraciones litánicas

 

Velas oración

 

Aquí se encuentran unas letanías, para usar individual o comunitariamente, que pueden ayudar a entrar en la serena contemplación siguiendo el espíritu de la oración del corazón.

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 Letanía del Espíritu Santo

 

="Fuego

 

Espíritu Santo-Dios:

te reconozco como persona,

como Dios-en-mí;

y puesto que me habitas, te suplico:

manifiéstate, lléname, actúa en mí,

y en los demás a través de mí;

compadécete de mi miseria

y muestra en ella tu poder.

Espíritu Santo-Dios,

alma de mi alma:

te adoro, te amo

y me consagro a ti.

Tú eres quien sostiene y anima a la Iglesia.

Tú eres quien armoniza la multiplicidad de miembros del Cuerpo de Cristo.

Tú eres quien nos entrega a Cristo por María.

Tú eres quien actualiza la pasión salvadora de Cristo en la Eucaristía.

Tú eres quien hace presente a Cristo en los sacramentos y en la vida.

Tú eres quien configura la vocación y misión de cada cristiano.

Tú me habitas y me llenas plenamente, me invades y santificas.

Tú inundas de gracia hasta los rincones más ocultos de mi ser.

Tú traes contigo a la Trinidad y me conviertes en templo de Dios.

Tú reflejas en mi alma la mirada amorosa del Padre y me sumerges en su providencia.

Tú suscitas en mi corazón la pasión que me enamora de Cristo.

Tú reconstruyes mi naturaleza pecadora y la devuelves a la inicial armonía con Dios y con las criaturas.

Tú me modelas a imagen de Cristo y me haces hijo de Dios.

Tú escuchas y comprendes todos mis lamentos y súplicas antes de expresarlos.

Tú eres la respiración de mi alma.

Tú eres la luz que ilumina mis pasos.

Tú eres el consuelo que conforta mis penas.

Tú eres la mano que me levanta de la postración.

Tú eres el espejo en el que contemplo a Cristo.

Tuyo es el amor que me inunda y sobrepasa.

Tuyo es el impulso hacia el amor más grande.

Tuyo es el suave gesto que me corrige.

Tuya es la dulzura que me hace olvidar las ofensas.

Tuya es la palabra eficaz que pones en mis labios.

Tuya es la libertad frente a todos y a todo.

Tú haces suave mi miseria.

Tú conviertes en riqueza mi pobreza.

Tú me salvas de la desesperanza ante el pecado.

Tú haces amables los dolores y humillaciones.

Tú me libras del desánimo por mis fracasos.

Tú renuevas mis fuerzas desgastadas en las luchas de la vida.

Tú afirmas mis pasos en el camino hacia el Calvario.

Tú me abrazas a la Cruz salvadora de Cristo.

Tú me resucitas en cada instante a la vida nueva de la gracia.

Tú me introduces en el eterno diálogo trinitario.

Tú me das la misma mirada de Cristo para ver con luz nueva todas las cosas.

Tú me descubres al Padre con los ojos del Hijo y al Hijo con los ojos del Padre.

Tú me muestras a Cristo en el pobre y desvalido.

Tú conviertes a todos en mis hermanos.

Tú me descubres a Cristo en quien me ofende o me hiere.

Tú eres quien hace de Dios mi morada y de mí su templo.

Tú eres quien recrea en mí la vida y las palabras de Cristo.

Tú eres quien alientas mi búsqueda insaciable de Dios.

Tú eres quien confirma mi fe y mi esperanza.

Tú eres quien me regala el gusto por las cosas de Dios.

Tú eres quien me consagra totalmente al Padre.

Tú eres quien me recuerda la Palabra de Dios.

Tú eres quien alienta mi oración.

Tú eres quien me recuerda mi ser esencial.

Tú eres quien ilumina la oscuridad de mi fe.

Tú eres quien hace de la Trinidad mi hogar en la tierra y mi eternidad en el cielo.

Tú eres quien me introduce en la eterna corriente del amor trinitario.

Tú eres quien me descubre a Dios como Trinidad de personas.

Tú eres quien me atrae al espíritu de las Bienaventuranzas.

Tú eres quien me sumerge en la misericordia de Dios en la confesión.

Tú eres quien siembra y alienta lo mejor que hay en mí.

Tú eres quien me hace fuerte en el combate.

Tú eres quien convierte mi cruz en gloria.

Tú eres quien me hace nacer de nuevo a la vida de la gracia.

Tú eres quien da fruto evangélico a mi vida.

Tú eres quien me sugiere el gesto o la palabra oportunos.

Tú eres quien acompaña todas mis soledades.

Tú eres quien me fortalece frente al enemigo.

Tú eres quien vigila y acompaña todos mis pasos.

Tú eres la garantía firme de la Gloria.

Tú eres quien me llevará de la mano en mi muerte y la convertirá en tránsito a la vida.

Todo eso y mucho más haces en mí; todo eso y mucho más, infinitamente más, eres tú.

Te adoro, te amo y me entrego a ti, consagrándote todo lo que soy:

-para que me consumas en ti, fuego eterno del amor trinitario,

-para que seas el alma de mi alma y la vida de mi vida,

-para que me unas íntimamente a ti en esta vida y me lleves a participar, en el cielo, del amor con el que abrazas al Padre con el Hijo por eternidad de eternidades.

Amén.

 

Letanía del Nombre de Jesús

 

Pantocrator aazul

 

Introducción

Esta letanía es un instrumento para la contemplación y puede servir tanto en la oración privada como comunitaria. En cualquier caso debe usarse con la metodología de la oración de Jesús, siguiendo una cadencia constante y pausada, acomodada al ritmo del corazón.

Como instrumento de contemplación personal puede repasarse el contenido como pautas para contemplar al Señor, deteniéndose donde se desee y al ritmo que se necesite.

También puede emplearse como oración de corazón, dividiendo cada invocación en dos partes y omitiendo la respuesta. Por ejemplo: Tú eres, Jesús (durante la inspiración) - pausa - mi bienhechor (durante la espiración). O bien se puede hacer del mismo modo incluyendo la respuesta: Tú eres, Jesús, mi bienhechor (durante la inspiración) - pausa - Gloria a ti por siempre, Señor (durante la espiración). En este caso, la «respuesta» se puede cambiar por una más breve o con la que uno se identifique mejor. En cualquier caso, cada fórmula completa debería contener el sagrado nombre de Jesús.

En la oración personal, la respuesta de la tercera parte se puede poner al principio, como invocación, puesto que contiene el Nombre y debería corresponder a la inspiración: Pongo en tus manos, Jesús: (durante la inspiración) - pausa - Mi pasado y cuanto contiene (durante la espiración).

En la oración comunitaria, uno puede enunciar las invocaciones y el resto responder al unísono, empleando cada parte para un momento de la respiración (inspiración-espiración).

Las respuestas de la tercera parte («Lo pongo en tus manos, Jesús») se han mantenido siempre igual para evitar que se tenga que pensar en hacer que concuerden gramaticalmente con la invocación; pero si se desea pueden hacerse concordar las dos oraciones.

Letanía del Nombre de Jesús

En el nombre del Padre, y del Hijo,

y del Espíritu Santo. Amén.

Señor Jesús,

Hijo bienamado del Padre

y Ungido del Espíritu Santo,

acepta la adoración y alabanza

que humildemente te ofrezco (ofrecemos)

para gloria de tu nombre,

el único nombre que salva. Amén.

Tu eres, Jesús, el Hijo de Dios

                     (Gloria a ti por siempre, Señor).

Tú eres, Jesús, el Verbo eterno de Dios.

Tú eres, Jesús, el rostro visible del Padre.

Tú eres, Jesús, imagen de la gloria de Dios.

Tú eres, Jesús, el Rey del universo.

Tú eres, Jesús, la luz del mundo.

Tú eres, Jesús, el Mesías de Dios.

Tú eres, Jesús, el Salvador del mundo.

Tú eres, Jesús, el Santo de Dios.

Tú eres, Jesús, el camino que lleva al Padre.

Tú eres, Jesús, la verdad que nos salva.

Tú eres, Jesús, la vida que vivifica al mundo.

Tú eres, Jesús, la imagen perfecta del Padre.

Tú eres, Jesús, el Pan de vida.

Tú eres, Jesús, el buen Pastor.

Tú eres, Jesús, la puerta del redil de Dios.

Tú eres, Jesús, la vid verdadera.

Tú eres, Jesús, la piedra angular de la Iglesia.

Tú eres, Jesús, el primogénito de la creación.

Tú eres, Jesús, el Juez del mundo.

Tú eres, Jesús, el Príncipe de la paz.

Tú eres, Jesús, el alfa y la omega.

Tú eres, Jesús, el Libertador del mundo.

Tú eres, Jesús, el Sumo Sacerdote.

Tú eres, Jesús, el Esposo de la Iglesia.

Tú eres, Jesús, el Cordero de Dios.

Tú eres, Jesús, el Mediador entre Dios y los hombres.

Tú eres, Jesús, la Roca que nos salva.

Tú eres, Jesús, la resurrección y la vida.

Tú eres, Jesús, mi Señor.

                      (Gloria a ti por siempre, Señor).

Tú eres, Jesús, mi rey.

Tú eres, Jesús, mi vida.

Tú eres, Jesús, mi amor.

Tú eres, Jesús, mi luz.

Tú eres, Jesús, mi paz.

Tú eres, Jesús, mi alegría.

Tú eres, Jesús, mi plenitud.

Tú eres, Jesús, mi sustento.

Tú eres, Jesús, mi apoyo.

Tú eres, Jesús, mi compañero.

Tú eres, Jesús, mi amigo.

Tú eres, Jesús, mi confidente.

Tú eres, Jesús, mi maestro.

Tú eres, Jesús, mi consejero.

Tú eres, Jesús, mi fortaleza.

Tú eres, Jesús, mi pastor.

Tú eres, Jesús, mi guía.

Tú eres, Jesús, mi delicia.

Tú eres, Jesús, mi bienhechor.

Tú eres, Jesús, mi consuelo.

Tú eres, Jesús, mi auxilio.

Tú eres, Jesús, mi roca.

Tú eres, Jesús, mi alcázar.

Tú eres, Jesús, mi libertador.

Tú eres, Jesús, mi peña.

Tú eres, Jesús, mi escudo.

Tú eres, Jesús, mi baluarte.

Tú eres, Jesús, mi fuerza.

Tú eres, Jesús, mi defensor.

Tú eres, Jesús, mi pasión.

Tú eres, Jesús, mi meta.

Tú eres, Jesús, mi ideal.

Tú eres, Jesús, mi modelo.

Tú eres, Jesús, mi bien.

Tú eres, Jesús, mi virtud.

Tú eres, Jesús, mi mérito.

Tú eres, Jesús, mi alimento.

Tú eres, Jesús, mi camino.

Tú eres, Jesús, mi refugio.

Tú eres, Jesús, mi redentor.

Tú eres, Jesús, mi descanso.

Tú eres, Jesús, mi hogar.

Tú eres, Jesús, mi patria.

Tú eres, Jesús, mi esperanza.

Tú eres, Jesús, mi infinito.

Tú eres, Jesús, mi cielo.

Amén.

Tú eres, Jesús, la vida de mi vida.

                      (Gloria a ti por siempre, Señor).

Tú eres, Jesús, el esposo de mi alma.

Tú eres, Jesús, la fuente de mi amor.

Tú eres, Jesús, la luz de mis ojos.

Tú eres, Jesús, el aire que respiro.

Tú eres, Jesús, la dulzura en la adversidad.

Tú eres, Jesús, la alegría de mi corazón.

Tú eres, Jesús, el amor que me colma.

Tú eres, Jesús, la meta de mi esperanza.

Tú eres, Jesús, mi vida y resurrección.

Tú eres, Jesús, mi Dios y mi todo.

Amén.

Tú eres todo esto para mí,

y más, infinitamente más:

tú eres todo para mí.

Por eso, pongo en tus manos

todo lo que soy y tengo:

Pongo en tus manos, Jesús:

Mi pasado y cuanto contiene.

                      (Lo pongo en tus manos, Jesús).

todo el momento presente.

el futuro que me espera.

mis deseos e ilusiones.

mis esperanzas y sueños.

todas mis necesidades.

mis logros y mis errores.

mis capacidades y méritos.

mi debilidad y flaqueza.

todo lo que me hace pobre.

mis dolores y enfermedades.

mis luchas y mis trabajos.

mis inquietudes y miedos.

mis incertidumbres y dudas.

mis alegrías y penas.

mis afectos y mis amores.

mis lágrimas y mis risas.

mis fracasos y decepciones.

mis carencias y defectos.

los esfuerzos por superarme.

mis amigos y compañeros.

mis soledades y angustias.

mis luces y mis sombras.

mi inteligencia y mi voluntad.

toda fe y confianza.

los obstáculos de la vida.

mis tentaciones y pruebas.

las gracias que me concedes.

mi corazón y mi alma.

la humillación que recibo.

mis pecados y miserias.

cada flor en mi camino.

tu cuidado y providencia.

mi trabajo y mi cansancio.

las cadenas que me atan.

las pasiones que me pueden.

la vida que me rodea.

la misión que me entregaste.

la luz que guía mis pasos.

las gracias que me regalas.

el mundo que me cobija.

mis sufrimientos y cruces.

mis días sobre la tierra.

mis méritos y mis logros.

el fruto de mi vida entera.

mi gratitud y alabanza.

los lazos de mis afectos.

las ofensas que recibo.

mis pasos desorientados.

tu silencio que me quema.

tu voz que llena mi alma.

cada instante de mi vida.

cada latido del alma.

mi vida entera y mi muerte.

mi gloria eterna en el cielo.

Amén.

Te ofrezco, Señor Jesús

todo cuanto soy y tengo

como prueba de mi amor

y signo de mi pobreza.

Preséntaselo tu al Padre

unido a tu propia ofrenda,

por las manos del Espíritu,

pues juntos vivís por siempre

fundidos en gloria eterna.

Amén.

 

Letanía del santo abandono

 

Abandono en las manos del padre

 

Introducción

Estas letanías son un instrumento para la contemplación y pueden servir tanto en la oración privada como comunitaria. En cualquier caso deben usarse con la metodología de la oración de Jesús, siguiendo una cadencia constante y pausada, acomodada al ritmo del corazón.

Como instrumento de contemplación personal puede repasarse el contenido como pautas para contemplar al Señor, deteniéndose donde se desee y al ritmo que se necesite.

También puede emplearse como oración del corazón, según el texto completo o acomodando las repeticiones convenientemente. Por ejemplo: Te adoro en tu abandono, Jesús (durante la inspiración) - pausa - que fuiste el Hijo de Dios abajado (durante la espiración). En este caso, la «respuesta» se puede cambiar por una más breve o con la que uno se identifique mejor: Te adoro Señor Jesús (durante la inspiración) - pausa - el Hijo de Dios abajado (durante la espiración).

En la oración comunitaria, uno puede enunciar las invocaciones y el resto responder al unísono, empleando cada parte para un momento de la respiración (inspiración-espiración).

Letanía del santo abandono

En el nombre del Padre, y del Hijo,

y del Espíritu Santo. Amén.

Señor Jesús, Verbo eterno de Dios,

por quien fueron creadas todas las cosas

y hacia quien se dirige el universo y la historia.

Tú eres omnipotente, eterno e infinito Dios,

Rey del universo y Señor de todo y de todos.

Por amor a nosotros, pobres pecadores,

te entregaste al designio salvador del Padre,

y renunciaste a tu condición divina

para abrazar nuestra condición humana,

convirtiéndote así en el modelo supremo

de humildad y abandono en las manos de Dios.

Concédeme (nos) contemplar este abandono

como prueba de amor y anticipo de la gloria,

y dame la gracia de vivir, como tú,

la paz y la dulzura del abandono

en todos los acontecimientos de la vida,

especialmente los más dolorosos o difíciles.

Amén.

Te adoro en tu abandono, Jesús:

Tú fuiste el Hijo de Dios abajado.

                    (Te adoro en tu abandono, Jesús).

Tú te despojaste de la condición divina.

Tú no tuviste lugar digno para nacer.

Tú fuiste ignorado por el mundo.

Tú fuiste perseguido siendo niño inocente.

Tú consumiste casi toda tu vida en el anonimato.

Tú fuiste tentado cuando eras más débil.

Tú fuiste arrojado fuera de tu pueblo.

Tú fuiste tenido por loco.

Tú no tuviste donde reclinar la cabeza.

Tú fuiste humillado por los prepotentes.

Tú fuiste perseguido por los poderosos.

Tú fuiste criticado por los biempensantes.

Tú fuiste olvidado por tu pueblo.

Tú fuiste incomprendido por todos.

Tú no fuiste correspondido en tu entrega.

Tú fuiste odiado por los que amabas.

Tú fuiste menospreciado por los piadosos.

Tú fuiste desatendido en tus necesidades.

Tú fuiste ignorado por el mundo.

Tú fuiste motivo de burla para los mundanos.

Tú fuiste calumniado y desprestigiado.

Tú fuiste tentado con engaños.

Tú fuiste despreciado y ridiculizado.

Tú fuiste perseguido injustamente.

Tú fuiste vendido por el amigo.

Tú fuiste traicionado y abandonado por los tuyos.

Tú agonizaste de tristeza en el Huerto.

Tú experimentaste la lejanía de Dios.

Tú sufriste la angustia mortal del abandono.

Tú fuiste tratado como malhechor.

Tú te hiciste pecado y pasaste por pecador.

Tú fuiste utilizado como moneda de cambio.

Tú fuiste presionado y manipulado.

Tú fuiste tratado como un pelele.

Tú fuiste juzgado por los injustos.

Tú fuiste acusado de blasfemo.

Tú fuiste condenado por los malvados.

Tú callaste ante la infamia y la condena.

Tú fuiste vejado y ultrajado.

Tú fuiste abofeteado por decir la verdad.

Tú fuiste humillado en público.

Tú viste preferir a un criminal a ti.

Tú fuiste flagelado y escarnecido.

Tú fuiste coronado de espinas.

Tú fuiste cargado con la cruz de otros.

Tú fuiste triturado por nuestros pecados.

Tú fuiste despojado de toda dignidad humana.

Tú viste agonizar a tu madre al pie de la Cruz.

Tú fuiste ejecutado ignominiosamente.

Tú te sentiste abandonado por Dios.

Tú moriste entre burlas e insultos. Amén.

                            . . .

Al contemplarte, Jesús,

en tu manso abandono en las manos del Padre,

como cordero inocente llevado al matadero,

te suplico me concedas tu mansedumbre,

de manera que siempre y en todo me abandone

incondicionalmente en las manos del Padre:

Me pondré en tus manos, Padre:

Cuando me insulten y me persigan.

                    (Me pondré en tus manos, Padre).

Cuando me humillen y me desprecien.

Cuando no me comprendan.

Cuando se burlen y se rían de mí.

Cuando me calumnien y me critiquen.

Cuando me abandonen o me sienta solo.

Cuando me sienta perdido o desorientado.

Cuando la vida me desconcierte.

Cuando no sienta tu presencia.

Cuando no vea tu providencia.

Cuando me equivoque o fracase.

Cuando haga el ridículo.

Cuando no sepa qué hacer.

Cuando me canse de luchar.

En los momentos de oscuridad.

Cuando tropiece y caiga.

Cuando me vea tentado.

Cuando me traten injustamente.

Cuando no me escuchen.

Cuando me dejen de lado.

Cuando me nieguen el perdón.

Cuando me quieran mal.

Cuando me sienta preterido.

Cuando me abrumen las dificultades.

Cuando me ataque la enfermedad.

Cuando me falten las fuerzas.

Cuando me cueste orar.

Cuando pierda la esperanza.

Cuando se tambalee mi fe.

Cuando me desanime.

Cuando me acusen injustamente.

Cuando me pueda el cansancio de la vida.

Cuando caiga en el pecado.

Cuando me olvide de tu amor.

Cuando me invada la angustia.

Cuando no correspondan a mi amor.

Cuando me acusen sin razón.

Cuando no se preocupen de mí.

Cuando me fallen mis amigos.

Cuando me ignoren los míos.

Cuando alguien me escandalice.

Cuando me cueste seguirte.

Cuando sienta vergüenza frente al mundo.

Cuando no sepa cómo ayudar al prójimo.

Cuando me cueste el testimonio de fe.

Cuando me pueda el desaliento.

Cuando eche de menos algo que no seas tú.

Cuando me oprima la angustia.

Cuando me sienta perdido.

Cuando la vida me hiera.

Cuando me vea insignificante.

Cuando no me valoren.

Cuando me asedie el tentador.

Cuando desconfíen de mí.

Cuando me deseen mal.

Cuando me cueste perdonar.

Cuando me incriminen y me reprochen.

Cuando me llegue la muerte.

Cuando me presente ante ti en el juicio. Amén.

Jesús, manso y humilde de corazón,

transforma mi corazón y hazlo igual al tuyo,

para que pueda entregarme plenamente a Dios,

hasta hacer de mi vida

una ofrenda viva de amor a la Trinidad,

que le sea grata

y alcance la salvación del mundo. Amén.

 

Letanía de la Humildad (Card. Merry del Val)

 

Presentar las manos sucias

 

¡Oh Jesús! Manso y Humilde de Corazón, escúchame:

Líbrame, Señor:

Del deseo de ser reconocido.

                                       (Líbrame Señor).

Del deseo de ser estimado.

Del deseo de ser amado, líbrame Señor.

Del deseo de ser ensalzado.

Del deseo de ser alabado.

Del deseo de ser preferido.

Del deseo de ser consultado.

Del deseo de ser aprobado.

Del deseo de quedar bien.

Del deseo de recibir honores.

Del temor de ser criticado.

Del temor de ser juzgado.

Del temor de ser atacado.

Del temor de ser humillado.

Del temor de ser despreciado.

Del temor de ser señalado.

Del temor de perder la fama.

Del temor de ser reprendido.

Del temor de ser calumniado.

Del temor de ser olvidado.

Del temor de ser ridiculizado.

Del temor de la injusticia.

Del temor de ser sospechado,

Jesús, concédeme la gracia de desear:

Que los demás sean más amados que yo.

       (Jesús, concédeme la gracia de desearlo).

Que los demás sean más estimados que yo.

Que en la opinión del mundo, otros sean engrandecidos y yo humillado.

Que los demás sean preferidos y yo abandonado.

Que los demás sean alabados y yo menospreciado.

Que los demás sean elegidos en vez de mí en todo.

Que los demás sean más santos que yo, siendo que yo me santifique debidamente.

 

El peso de una pluma