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La dirección espiritual

La direcci√≥n espiritual en Santa Teresa de Jes√ļs

 

Sta.Teresa-Director espiritual-01

 

Santa Teresa de Jes√ļs necesit√≥ la ayuda de buenos directores para discernir si sus experiencias ven√≠an de Dios o del demonio, y para encontrar la voluntad de Dios en su vida y en la tarea de reforma de la orden carmelitana. No siempre encontr√≥ ese apoyo. No faltaron directores que la confundieron. Pero el encuentro con buenos y santos directores supuso la luz y el impulso que le permiti√≥ avanzar con seguridad. Esa experiencia de direcci√≥n espiritual, positiva y negativa a la vez, y su reflexi√≥n sobre los directores espirituales siguen siendo de gran utilidad para nosotros.

 

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Contenido

Notas previas

1. La experiencia de dirección espiritual de santa Teresa

a) Experiencia negativa de dirección espiritual

b) Experiencia positiva de dirección espiritual

c) Ayudas de letrados y de consejeros

2. Necesidad de dirección en el proceso espiritual

3. Cualidades del director espiritual

a) Buen entendimiento

b) Experiencia

c) Letras

4. Actitudes del dirigido

a) Transparencia y sinceridad

b) Manifestación completa, sin reservas

c) Obediencia

d) Humildad

5. La relación entre director y dirigido

a) Suavidad por parte del director

b) La amistad entre director y dirigido

6. Conclusiones finales

 

Notas previas

Los textos y las referencias se refieren a Santa Teresa, Obras completas, Burgos 2014 (Monte Carmelo, 17 edición) y Santa Teresa, Cartas, Burgos 1998 (Monte Carmelo, reimpresión 2014).

La terminología de Santa Teresa es peculiar, y se dirige sobre todo a religiosas de clausura.

No habla de director espiritual sino de confesor y de maestro. Hay veces que se refiere a ellos indistintamente. ¬ęPorque yo no hall√© maestro, digo confesor, que me entendiese¬Ľ (Vida 4,7). Tambi√©n utiliza el t√©rmino de ¬ęgu√≠a¬Ľ.

1. La experiencia de dirección espiritual de santa Teresa

Toda la ense√Īanza sobre la direcci√≥n espiritual que plasm√≥ santa Teresa en sus diferentes obras a lo largo de su vida, viene dada por su propia experiencia personal. En los comienzos de su vida esta experiencia fue m√°s bien negativa, pero luego fue torn√°ndose en positiva.

a) Experiencia negativa de dirección espiritual

 

Sta.Teresa-Confesando-01

 

Santa Teresa tuvo excelentes directores espirituales, pero tambi√©n los tuvo mediocres con los que sufri√≥ y pas√≥, seg√ļn su expresi√≥n, ¬ęhartos trabajos¬Ľ. Durante largo tiempo tuvo muchos problemas para encontrar confesor que la entendiera. Esos problemas entorpecieron su crecimiento espiritual, porque le asaltaron muchos temores sobre las gracias regaladas por el Se√Īor.

Porque yo no hall√© maestro, digo confesor, que me entendiese, aunque le busqu√©, en veinte a√Īos despu√©s de esto que digo, que me hizo harto da√Īo para tornar muchas veces atr√°s y aun para del todo perderme; porque todav√≠a me ayudara a salir de las ocasiones que tuve para ofender a Dios (Vida 4,7).

De hecho, a pesar de que santa Teresa en determinado momento de su vida disfrut√≥ en la oraci√≥n de grandes mercedes por parte de Dios, su virtud y su mortificaci√≥n no andaban tan avanzadas. Uno de sus directores espirituales quiso llevarla por caminos m√°s arduos de los que ella pod√≠a ejercitarse en aquel momento. Finalmente, Dios se vali√≥ de esta falta de entendimiento con su confesor para que la santa llegara a conocer a miembros de la Compa√Ī√≠a de Jes√ļs que s√≠ le ayudaron en su vida espiritual.

Por esta v√≠a procur√© viniese a hablarme este cl√©rigo que digo (Gaspar Daza) tan siervo de Dios, que era muy su amigo, con quien pens√© confesarme y tener por maestro. Pues tray√©ndole para que me hablase, y yo con grand√≠sima confusi√≥n de verme presente de hombre tan santo, dile parte (le inform√©) de mi alma y oraci√≥n, que confesarme no quiso: dijo que era muy ocupado, y era as√≠. Comenz√≥ con determinaci√≥n santa a llevarme como a fuerte, que de raz√≥n hab√≠a de estar seg√ļn la oraci√≥n vio que ten√≠a, para que en ninguna manera ofendiese a Dios.

Yo, como vi su determinación tan de presto en cosillas que, como digo, yo no tenía fortaleza para salir luego con tanta perfección, afligime; y como vi que tomaba las cosas de mi alma como cosa que en una vez había de acabar con ella, yo veía que había menester mucho más cuidado.

En fin, entendí no eran por los medios que él me daba por donde yo me había de remediar, porque eran para alma más perfecta; y yo, aunque en las mercedes de Dios estaba adelante, estaba muy en los principios en las virtudes y mortificación. Y cierto, si no hubiera de tratar más de con él, yo creo nunca medrara mi alma; porque de la aflicción que me daba de ver cómo yo no hacía -ni me parece podía- lo que él me decía, bastaba para perder la esperanza y dejarlo todo.

Algunas veces me maravillo, que siendo persona que tiene gracia particular en comenzar a llegar almas a Dios, c√≥mo no fue servido entendiese la m√≠a ni se quisiese encargar de ella, y veo fue todo para mayor bien m√≠o, porque yo conociese y tratase gente tan santa como la de la Compa√Ī√≠a de Jes√ļs (Vida 23,8-9).

b) Experiencia positiva de dirección espiritual

 

juan_cruz_teresa_jesus

Sta Teresa y san Juan de la Cruz

 

Santa Teresa ten√≠a mucho temor de que el demonio estuviese enga√Ī√°ndola en la oraci√≥n. Conoci√≥ a un jesuita (de tan s√≥lo 23 √≥ 24 a√Īos) con el que empez√≥ a tratar de sus experiencias y dudas en la oraci√≥n. Este jesuita comenz√≥ a ayudarle y aconsejarle adecuadamente, al comprobar c√≥mo obraba en ella el esp√≠ritu de Dios. Le indicaba por d√≥nde deb√≠a seguir en la oraci√≥n y c√≥mo ten√≠a que reaccionar ante las gracias que el Se√Īor le iba dando. La santa se sinti√≥ muy confortada siguiendo obedientemente sus indicaciones.

Tratando con aquel siervo de Dios -que lo era harto y bien avisado- toda mi alma, como quien bien sab√≠a este lenguaje (entend√≠a de cosas de esp√≠ritu), me declar√≥ lo que era y me anim√≥ mucho. Dijo ser esp√≠ritu de Dios muy conocidamente, sino que era menester tornar de nuevo a la oraci√≥n: porque no iba bien fundada, ni hab√≠a comenzado a entender mortificaci√≥n (y era as√≠, que aun el nombre no me parece entend√≠a), y que en ninguna manera dejase la oraci√≥n, sino que me esforzase mucho, pues Dios me hac√≠a tan particulares mercedes; que qu√© sab√≠a si por mis medios quer√≠a el Se√Īor hacer bien a muchas personas, y otras cosas (que parece profetiz√≥ lo que despu√©s el Se√Īor ha hecho conmigo); que tendr√≠a mucha culpa si no respond√≠a a las mercedes que Dios me hac√≠a.

En todo me parec√≠a hablaba en √©l el Esp√≠ritu Santo para curar mi alma, seg√ļn se imprim√≠a en ella.

Hízome gran confusión. Llevóme por medios que parecía del todo me tornaba otra. ¡Qué gran cosa es entender un alma!...

Dej√≥me consolada y esforzada, y el Se√Īor que me ayud√≥ y a √©l para que entendiese mi condici√≥n y c√≥mo me hab√≠a de gobernar. Qued√© determinada de no salir de lo que me mandase en ninguna cosa, y as√≠ lo hice hasta hoy. Alabado sea el Se√Īor, que me ha dado gracia para obedecer a mis confesores, aunque imperfectamente; y casi siempre han sido de estos benditos hombres de la Compa√Ī√≠a de Jes√ļs; aunque imperfectamente, como digo, los he seguido.

Conocida mejoría comenzó a tener mi alma, como ahora diré (Vida 23,16-18).

c) Ayudas de letrados y de consejeros

 

Sta.Teresa-Capellan-01

 

En su experiencia, santa Teresa encontr√≥ ayuda y consuelo en religiosos y sacerdotes muy preparados que, sin ser estrictamente directores suyos, la ilustraron e iluminaron en el camino espiritual, como san Francisco de Borja, san Juan de √Āvila, san Pedro de Alc√°ntara, san Juan de la Cruz, y algunos dominicos y jesuitas con gran formaci√≥n. Esta experiencia le hizo aconsejar a sus hijas el trato con personas preparadas y cultas que les ayuden y les alimenten espiritualmente. Anima a acudir a ellos en busca de consejo, de modo espor√°dico, cuando se tenga necesidad de ayuda.

Téngase presente que la santa escribe especialmente para sus hijas, religiosas carmelitas de clausura, que no tienen la facilidad que podían tener otras personas para encontrar alimento espiritual, y que podían encontrarse con confesores o superiores no suficientemente aptos.

Digo que para rendirse un alma del todo a estar sujeta a solo un maestro, que yerra mucho en no procurar que sea tal, si es religioso, pues ha de estar sujeto a su prelado, que por ventura le faltar√°n todas tres cosas -que no ser√° peque√Īa cruz- sin que √©l de su voluntad sujete su entendimiento a quien no le tenga bueno (Vida 13,19).

Incluso, llega a afirmar que los letrados son √ļtiles aunque no est√©n muy avanzados en la vida de oraci√≥n, con tal que sean fieles a la luz que Dios les da.

He dicho esto porque hay opiniones de que no son letrados para gente de oraci√≥n, si no tienen esp√≠ritu. Ya dije es menester espiritual maestro; mas si √©ste no es letrado, gran inconveniente es. Y ser√° mucha ayuda tratar con ellos, como sean virtuosos. Aunque no tenga esp√≠ritu, me aprovechar√°, y Dios le dar√° a entender lo que ha de ense√Īar y aun le har√° espiritual para que nos aproveche. Y esto no lo digo sin haberlo probado y acaec√≠dome a m√≠ con m√°s de dos (Vida 13,19).

2. Necesidad de dirección en el proceso espiritual

Para la santa de √Āvila, el objetivo de la direcci√≥n espiritual es caminar hacia la perfecci√≥n y escapar a la maligna influencia del a las sutiles ilusiones que pueden infiltrarse en la vida espiritual.

Seg√ļn Santa Teresa hay dos razones fundamentales sobre las que se asienta la necesidad de la direcci√≥n espiritual:

-La necesidad de conocerse perfectamente delante de Dios tal y como uno es.

-La necesidad de dirigirse en todas las cosas seg√ļn las exigencias de la voluntad de Dios.

Estas necesidades ser√°n mayores o menores seg√ļn las caracter√≠sticas de cada persona y la etapa de la vida espiritual que est√© viviendo.

Santa Teresa experimentó en sí misma la dificultad de andar sola por los caminos del Espíritu, sin la ayuda de alguien que le ayudase a discernir, le orientase y le diese seguridad. Pero también recibió el amparo de buenos directores espirituales que la entendieron, le dieron luz y seguridad.

Sobre todo, tuvo la experiencia de lo dif√≠cil que resulta entender el lenguaje de Dios y las gracias sobrenaturales cuando no hay nadie que pueda orientar al que las recibe. Por el contrario, cuando encontr√≥ ¬ęquien la entienda¬Ľ pudo aprovechar y avanzar de verdad.

Cuando el Se√Īor comienza a hacer estas mercedes, la misma alma no las entiende ni sabe qu√© hacer de s√≠. Porque, si la lleva Dios por camino de temor, como hizo a m√≠, es gran trabajo, si no hay quien la entienda; y esle gran gusto verse pintada (bien descrita), y entonces ve claro va por all√≠. Y es gran bien saber lo que ha de hacer, para ir aprovechando en cualquier estado de estos. Porque he yo pasado mucho y perdido harto tiempo por no saber qu√© hacer y he gran l√°stima a almas que se ven solas cuando llegan aqu√≠ (a la necesidad de tener maestro espiritual); porque aunque he le√≠do muchos libros espirituales, aunque tocan en lo que hace al caso, decl√°ranse muy poco, y si no es alma muy ejercitada, aun declar√°ndose mucho, tendr√° harto que hacer en entenderse (Vida 14,7).

Para la santa fundadora es claro que la dirección espiritual no puede suplirse con la lectura de libros espirituales que hablen de estos temas, porque se necesita a alguien que corrija los errores en sus inicios.

Parecíame a mí, en este principio que digo, que teniendo yo libros y cómo tener soledad, que no habría peligro que me sacase de tanto bien; y creo con el favor de Dios fuera así, si tuviera maestro o persona que me avisara de huir las ocasiones en los principios y me hiciera salir de ellas, si entrara, con brevedad (Vida 4,9).

Santa Teresa considera adem√°s que aunque la necesidad de la direcci√≥n espiritual es para todos, las mujeres la necesitan m√°s, si cabe, porque se enga√Īan m√°s f√°cilmente que los hombres y porque no tienen letras (en su tiempo el estudio de la teolog√≠a estaba reservado a los varones).

3. Cualidades del director espiritual

 

Sta.Teresa-San Pedro Alcantara-01

San Pedro de Alc√°ntara con Sta. Teresa

 

Santa Teresa enumera las cualidades que, a su juicio, ha de tener el buen director espiritual. Las tres cualidades son:

-Buen entendimiento.

-Experiencia.

-Letras.

Las dos primeras son esenciales y la tercera muy conveniente, aunque si no la tiene el director, se puede suplir con la ayuda de otras personas.

As√≠ que importa mucho ser el maestro avisado -digo de buen entendimiento- y que tenga experiencia. Si con esto tiene letras, es grand√≠simo negocio. Mas si no se pueden hallar estas tres cosas juntas, las dos primeras importan m√°s; porque letrados pueden procurar para comunicarse con ellos cuando tuvieren necesidad. Digo que a los principios, si no tienen oraci√≥n, aprovechan poco letras; no digo que no traten con letrados, porque esp√≠ritu que no vaya comenzado en verdad yo m√°s le querr√≠a sin oraci√≥n; y es gran cosa letras, porque √©stas nos ense√Īan a los que poco sabemos y nos dan luz y, llegados a verdades de la Sagrada Escritura, hacemos lo que debemos: de devociones a bobas nos libre Dios (Vida 13,16).

Veamos como considera la santa cada una de estas tres cualidades.

a) Buen entendimiento

El sano entendimiento es el sentido com√ļn. Hace referencia a un equilibrio personal que permite comprender la realidad de una forma adecuada y produce un juicio recto no condicionado por deformaciones psicol√≥gicas o por pasiones humanas. Esta cualidad permite afrontar los problemas con madurez, sabidur√≠a y equilibrio. Si falta, dif√≠cilmente el director espiritual podr√° ayudar al alma de forma eficaz y sana.

No es sólo la capacidad de entender bien -con juicio exacto- la realidad; incluye encontrar con inteligencia y acierto la luz de Dios, sin caer en respuestas insuficientes o desproporcionadas, ni dejarse influir por condicionantes propios o ajenos.

Qué gran cosa es, hijas, un maestro sabio, temeroso, que previene a los peligros. Es todo el bien que acá un alma espiritual puede acá desear, porque es gran seguridad. No podría encarecer con palabras lo que importa esto (Camino de perfección (Valladolid) 37,5).

Santa Teresa valora mucho el ¬ębuen entendimiento¬Ľ, hasta el punto de que sin √©l no cree que se deba admitir novicia, cuanto menos director espiritual.

Se ha de mirar qué intento tiene la que entra…, si es persona de buen entendimiento, que si no, en ninguna manera se tome;… Porque, por la mayor parte, quien esta falta tiene, siempre les parece atinan más lo que les conviene que los más sabios; y es mal que le tengo por incurable (Camino de perfección (Valladolid) 14,1).

b) Experiencia

 

Sta.Teresa-San Juan de la Cruz-01

Sta. Teresa y San Juan de la Cruz

 

La experiencia que debe tener el director espiritual es doble:

-La experiencia en el trato con religiosas y conocimiento de su forma de vida; as√≠ como experiencia en la direcci√≥n de almas con la madurez que da el ejercicio prolongado del oficio de director. √Čsta es experiencia es conveniente.

-Pero la experiencia que le es imprescindible al director es la vivencia personal de los fenómenos espirituales, del trato con Dios y de los caminos del Espíritu.

Sin esta √ļltima experiencia personal, aunque se tengan conocimientos te√≥ricos sacados de los libros, el director no acertar√° a descubrir el camino concreto que Dios tiene para el alma que le pide ayuda, e incluso puede hacerle mucho da√Īo.

Ha menester aviso el que comienza, para mirar en lo que aprovecha m√°s. Para esto es muy necesario el maestro, si es experimentado; que si no, mucho puede errar y traer un alma sin entenderla ni dejarla a s√≠ misma entender; porque, como sabe que es gran m√©rito estar sujeta a maestro, no osa salir de lo que le manda. Yo he topado almas acorraladas y afligidas por no tener experiencia quien las ense√Īaba, que me hac√≠an l√°stima, y alguna que no sab√≠a ya qu√© hacer de s√≠; porque, no entendiendo el esp√≠ritu, afligen alma y cuerpo, y estorban el aprovechamiento. Una trat√≥ conmigo, que la ten√≠a el maestro atada ocho a√Īos hab√≠a a que no la dejaba salir de propio conocimiento, y ten√≠ala ya el Se√Īor en oraci√≥n de quietud, y as√≠ pasaba mucho trabajo (Vida 13,14).

Sin experiencia personal, el director est√° condenado a hacer el mal del que se queja la santa: ¬ęNo entendiendo el esp√≠ritu, afligen alma y cuerpo, y estorban el aprovechamiento¬Ľ.

c) Letras

 

Camino de perfección

 

Cuando habla de letrados, la santa abulense se refiere a personas que, aun no siendo grandes espirituales, tienen conocimiento de la Escritura y de las ciencias sagradas; es decir, personas que, con una formación sólida, pueden ayudar a resolver dudas, a abrir caminos y a sugerir horizontes. Pueden ser un buen complemento para el maestro espiritual, cuando éste adolece de insuficiente formación.

Y no se enga√Īe con decir que letrados sin oraci√≥n no son para quien la tiene. Yo he tratado hartos, porque de unos a√Īos ac√° lo he m√°s procurado con la mayor necesidad, y siempre fui amiga de ellos, que aunque algunos no tienen experiencia, no aborrecen al esp√≠ritu ni le ignoran; porque en la Sagrada Escritura que tratan, siempre hallan la verdad del buen esp√≠ritu. Tengo para m√≠ que persona de oraci√≥n que trate con letrados, si ella no se quiere enga√Īar, no la enga√Īar√° el demonio con ilusiones, porque creo temen en gran manera las letras humildes y virtuosas, y saben ser√°n descubiertos y saldr√°n con p√©rdida (Vida 13,18).

Porque, aunque no hayan pasado por estas cosas, tienen un no sé qué grandes letrados, que, como Dios los tiene para luz de su Iglesia, cuando es una verdad, dásela para que se admita; y si no son derramados sino siervos de Dios, nunca se espantan de sus grandezas, que tienen bien entendido que puede mucho más y más. Y, en fin, aunque algunas cosas no tan declaradas, otras deben hallar escritas, por donde ven que pueden pasar estas (Moradas quintas 1,7).

Fruto de tambi√©n de su experiencia como dirigida, la santa advierte del peligro de los directores ¬ęmedio letrados¬Ľ: personas con algunos conocimientos pero no suficientemente preparados.

Estaba una persona de la iglesia‚Ķ. de harto buena calidad y entendimiento. Ten√≠a letras, aunque no muchas. Yo comenc√©me a confesar con √©l, que siempre fui amiga de letras, aunque gran da√Īo hicieron a mi alma confesores medio letrados, porque no los ten√≠a de tan buenas letras como quisiera. He visto por experiencia que es mejor, siendo virtuosos y de santas costumbres, no tener ningunas; porque ni ellos se f√≠an de s√≠ sin preguntar a quien las tenga buenas, ni yo me fiara. Y buen letrado nunca me enga√Ī√≥. Estotros tampoco me deb√≠an de querer enga√Īar, sino no sab√≠an m√°s (Vida 5,3).

La preocupaci√≥n constante de Santa Teresa es que sin formaci√≥n -las letras- es mucho m√°s f√°cil ser enga√Īados y enga√Īarse. Su afirmaci√≥n de ¬ęde devociones a bobas nos libre Dios¬Ľ expresa su temor a una piedad indocumentada que f√°cilmente puede degradarse y pervertirse. T√©ngase presente que estamos hablando del siglo de la Reforma Protestante y de los Iluminados espa√Īoles.

4. Actitudes del dirigido

 

Santa Teresa de Jes√ļs escrbiendo

 

Seg√ļn santa Teresa, tambi√©n el dirigido debe tener unas actitudes que hacen posible la ayuda de la direcci√≥n espiritual.

a) Transparencia y sinceridad

Para que la direcci√≥n espiritual d√© los esperados frutos de luz y liberaci√≥n santa Teresa practicaba y ense√Īaba a abrir totalmente el coraz√≥n al director. Dar a conocer todos los pensamientos, movimientos del alma y hasta las peque√Īas obras. As√≠ se facilita la labor de interpretaci√≥n del director y le muestra el camino a seguir.

Lo que es mucho menester, hermanas, es que and√©is con gran llaneza y verdad con el confesor, no digo en decir los pecados, que eso claro est√°, sino en contar la oraci√≥n; porque si no hay esto, no aseguro que vais bien, ni que es Dios el que os ense√Īa; que es muy amigo que al que est√° en su lugar se trate con la verdad y claridad que consigo mismo, deseando entienda todos sus pensamientos, cu√°nto m√°s las obras, por peque√Īas que sean. Y con esto no and√©is turbadas ni inquietas, que aunque no fuese de Dios, si ten√©is humildad y buena conciencia no os da√Īar√° (Moradas sextas 9,12).

Esta llaneza y transparencia le parecen especialmente necesarias para las mujeres, porque, a su juicio, ellas tienen m√°s dificultad para darse a conocer de una forma clara y abierta. Y los hombres tienen m√°s dificultad para captar lo que ellas quieren comunicarles.

¬°No somos tan f√°ciles de conocer las mujeres!, que muchos a√Īos las confiesan, y despu√©s ellos mismos se espantan de lo poco que han entendido. Y es porque a√ļn ellas no se entienden para decir sus faltas y ellos juzgan por lo que les dicen (Carta 135,7 al P. Ambrosio Mariano, 21 octubre 1576).

b) Manifestación completa, sin reservas

Junto con la transparencia, santa Teresa incide en la necesidad de la manifestaci√≥n √≠ntegra de lo que pasa en el interior de los dirigidos, para evitar enga√Īos o trampas.

Lo m√°s seguro es (yo as√≠ lo hago, y sin esto no tendr√≠a sosiego, ni es bien que mujeres le tengamos, pues no tenemos letras) y aqu√≠ no puede haber da√Īo sino muchos provechos, como muchas veces me ha dicho el Se√Īor, que no deje de comunicar toda mi alma y las mercedes que el Se√Īor me hace, con el confesor (Vida 26,3).

Tambi√©n en esto ella aprendi√≥ por propia experiencia. Un confesor le aconsej√≥ no volver a sacar ciertas experiencias espirituales en la confesi√≥n, seguramente con la intenci√≥n de que la santa no se parara en lo excepcional. A ella le pareci√≥ prudente esa orientaci√≥n, hasta que cay√≥ en la cuenta de que entonces estar√≠a sola para discernir si eran de Dios o no esas luces. Por ello, insiste en la necesidad de manifestar toda la vida espiritual, sin omitir ning√ļn √°mbito.

Aconsej√≥me una vez un confesor que a los principios me hab√≠a confesado, que ya que estaba probado ser buen esp√≠ritu, que callase y no diese ya parte a nadie, porque mejor era ya estas cosas callarlas. A m√≠ no me pareci√≥ mal, porque yo sent√≠a tanto cada vez que las dec√≠a al confesor, y era tanta mi afrenta, que mucho m√°s que confesar pecados graves lo sent√≠a algunas veces; en especial si eran las mercedes grandes, parec√≠ame no me hab√≠an de creer y que burlaban de m√≠. Sent√≠a yo tanto esto, que me parec√≠a era desacato a las maravillas de Dios, que por esto quisiera callar. Entend√≠ entonces que hab√≠a sido muy mal aconsejada de aquel confesor, que en ninguna manera callase cosa al que me confesaba, porque en esto hab√≠a gran seguridad, y haciendo lo contrario podr√≠a ser enga√Īarme alguna vez (Vida 26,4).

c) Obediencia

 

Santa Teresa de Jes√ļs y Fray Jer√≥nimo Graci√°n

Sta. Teresa y Fray Jerónimo Gracián,

que puso a prueba la obediencia de la santa

 

Si la manifestación transparente y completa de la propia vida espiritual al confesor es esencial para que éste pueda realmente ayudar, también es imprescindible acoger con obediencia sus orientaciones.

Cuando dice algunas cosas que hagan, o por venir, aqu√≠ es menester tratarlo con confesor discreto y letrado, y no hacer ni creer cosa sino lo que aqu√©l la dijere. Pu√©delo comunicar con la priora, para que le d√© confesor que sea tal. Y t√©ngase este aviso, que si no obedeciere a lo que el confesor le dijere y se dejare guiar por √©l, que o es mal esp√≠ritu, o terrible melancol√≠a. Porque puesto que el confesor no atinase, ella atinar√° m√°s en no salir de lo que le dice, aunque sea √°ngel de Dios el que le habla; porque Su Majestad le dar√° luz u ordenar√° c√≥mo se cumpla, y es sin peligro hacer esto, y en hacer otra cosa que puede haber muchos peligros y muchos da√Īos (Fundaciones 8,5).

Santa Teresa sabe que para alcanzar la perfecta conformidad con la voluntad de Dios el camino m√°s corto y el medio m√°s eficaz es la obediencia.

(El alma) sabe que es gran mérito estar sujeta a maestro, no osa salir de lo que le manda (Vida 13,14).

Dios quiere esa obediencia al mediador humano, incluso aunque a veces contradiga deseos concretos expresados por el Se√Īor.

Siempre que el Se√Īor me mandaba una cosa en la oraci√≥n, si el confesor me dec√≠a otra, me tornaba el mismo Se√Īor a decir que le obedeciese; despu√©s Su Majestad le volv√≠a para que me lo tornase a mandar (Vida 26,5).

El alma que toma por √°rbitro un director espiritual puede confiar en las palabras de nuestro Se√Īor: ¬ęQuien a vosotros escucha, a m√≠ me escucha¬Ľ (Lc 10,16).Y entonces dejar√° de temer ser desviada por los enga√Īos de la naturaleza y del amor propio.

En el caso de las religiosas, que tienen la posibilidad de dar cuenta de su alma a su superiora o a su maestra, la vida en com√ļn favorece enormemente el conocimiento de los dirigidos, ya que, la sola manifestaci√≥n del alma, no puede dar al director el total conocimiento del sujeto.

¬°No somos tan f√°ciles de conocer las mujeres!, que muchos a√Īos las confiesan, y despu√©s ellos mismos se espantan de lo poco que han entendido. Y es porque a√ļn ellas no se entienden para decir sus faltas y ellos juzgan por lo que les dicen (Carta 135,7 al P. Ambrosio Mariano, 21 octubre 1576).

Por estas cosas y otras semejantes, conviene mucho que se trate claridad de su oración cada hermana con la priora, y ella tenga mucho aviso de mirar la complexión y perfección de aquella hermana, para que avise al confesor, porque mejor se entienda, y le escoja a propósito, si el ordinario no fuere bastante para cosas semejantes (Fundaciones 8,9).

d) Humildad

Para la santa es claro que las actitudes anteriores han de estar empapadas de una actitud básica de humildad. Sólo ella garantiza el verdadero crecimiento y el aprovechamiento de las orientaciones espirituales que se reciben del director.

La humildad facilita la manifestación clara y completa de la propia realidad, ya que con ella no se teme mostrar la propia miseria.

La humildad es andar en verdad, que lo es muy grande no tener cosa buena de nosotros, sino la miseria y ser nada; y quien esto no entiende, anda en mentira (Moradas sextas 10,7).

La humildad nos permite ser d√≥ciles y nos empuja a buscar ayuda y luz, porque ¬ęel verdadero humilde siempre anda dudoso en virtudes propias¬Ľ (Camino de perfecci√≥n (Valladolid) 38,9).

Pero Santa Teresa nos advierte de que no debemos confundir humildad con pusilanimidad, ya que ¬ęel demonio hace mucho da√Īo para no ir muy adelante gente que tiene oraci√≥n, con hacerlos entender mal de la humildad, haciendo que nos parezca soberbia tener grandes deseos y querer imitar a los santos y desear ser m√°rtires¬Ľ (Vida 13,4).

5. La relación entre director y dirigido

 

Santa Teresa y san Juan en Duruelo

Sta. Teresa y San Juan de la Cruz en Duruelo

 

Tambi√©n la santa carmelita nos ofrece ense√Īanzas importantes sobre c√≥mo debe ser la relaci√≥n entre el director y el dirigido.

a) Suavidad por parte del director

Santa Teresa considera que cuanto m√°s elevada est√° el alma en la oraci√≥n m√°s vivo debe ser el cuidado del director para evitar enga√Īos e ilusiones. El director ha de caminar y hacer caminar a los dem√°s en la verdad. Debe tener los ojos bien abiertos, y saber discernir los efectos de la gracia. Pero esa labor de vigilancia no ha de degenerar en ahogar el esp√≠ritu y crear un ambiente asfixiante. Por eso, el director espiritual no debe inducir a caminar lenta y rastreramente o a dar importancia a minucias insignificantes.

El director ha de entender a cada persona y adaptarse a ella porque ¬ęas√≠ como hay muchas moradas en el cielo, hay muchos caminos¬Ľ (Vida 13,13). Sin duda que la experiencia que ya hemos contado con Gaspar Daza y sus exigencias le sirvi√≥ para entender el peligro de no adaptarse al paso de cada alma y de lo importante que es para el director el conocimiento de su dirigido.

Esta suavidad a la que nos referimos es la que ella recibi√≥ de uno de sus confesores jesuitas y que tanto la benefici√≥: ¬ęEste Padre me comenz√≥ a poner en m√°s perfecci√≥n. Dec√≠ame que para del todo contentar a Dios no hab√≠a de dejar nada por hacer; tambi√©n con harta ma√Īa y blandura, porque no estaba a√ļn mi alma nada fuerte, sino muy tierna, en especial en dejar algunas amistades que ten√≠a¬Ľ (Vida 24,5).

Ella misma, que ejerció para con sus hijas el papel de formadora, muy cercano a la dirección espiritual, se preocupó de tranquilizar sus almas, consolarlas y procurarles la paz.

Ciertamente no es posible llegar a la perfección sin pasar por trances difíciles, pero la ayuda que se necesita, además de firme ha de ser suave. Se ha de preservar el alma de las humanas inquietudes, disciplinarla con dulzura y no hacerle fuerza.

b) La amistad entre director y dirigido

Santa Teresa no era amiga de temores y melindres. La vida espiritual est√° llena de peligros, pero no hemos de dejar de caminar a causa de miedos paralizantes. Por eso no tiene reparo alguno en defender y afirmar el amor que ha de tenerse al director espiritual, como algo que surge espont√°neamente del agradecimiento. Adem√°s, sabe que ese amor, si es sano, revierte en mayores deseos de servir y crecer en Dios.

Que personas que tratan oraci√≥n, si le ven santo [al director] y las entiende la manera del proceder, t√≥mase mucho amor‚Ķ porque, pues cobramos amor a quien nos hace algunos bienes al cuerpo, quien siempre procura y trabaja de hacerlos al alma, ¬Ņpor qu√© no le hemos de querer? Antes tengo por gran principio de aprovechar mucho tener amor al confesor si es santo y espiritual y veo que pone mucho en aprovechar mi alma (Camino de perfecci√≥n (Escorial) 7,1-2).

No obstante, es preciso distinguir el amor debido a quien nos hace bien y con el que nos une un trabajo com√ļn, de los v√≠nculos afectivos que atan el alma. Estos v√≠nculos hacen perder libertad, ofuscan el entendimiento y pueden acabar perturb√°ndonos y desvi√°ndonos. En ese sentido, la santa tuvo de joven una an√©cdota que muestra el peligro de ese desv√≠o afectivo en el seno de la relaci√≥n espiritual.

Pues comenz√°ndome a confesar con este que digo, √©l se aficion√≥ en extremo a m√≠, porque entonces ten√≠a poco que confesar para lo que despu√©s tuve, ni lo hab√≠a tenido despu√©s de monja. No fue la afici√≥n de √©ste mala; mas de demasiada afici√≥n ven√≠a a no ser buena. Ten√≠a entendido de m√≠ que no me determinar√≠a a hacer cosa contra Dios que fuese grave por ninguna cosa, y √©l tambi√©n me aseguraba lo mismo, y as√≠ era mucha la conversaci√≥n. Mas mis tratos entonces, con el embebecimiento de Dios que tra√≠a, lo que m√°s gusto me daba era tratar cosas de √Čl; y como era tan ni√Īa, hac√≠ale confusi√≥n ver esto, y con la gran voluntad que me ten√≠a, comenz√≥ a declararme su perdici√≥n. Y no era poca, porque hab√≠a casi siete a√Īos que estaba en muy peligroso estado, con afici√≥n y trato con una mujer del mismo lugar, y con esto dec√≠a misa. Era cosa tan p√ļblica, que ten√≠a perdida la honra y la fama, y nadie le osaba hablar contra esto. A m√≠ h√≠zoseme gran l√°stima, porque le quer√≠a mucho; que esto ten√≠a yo de gran liviandad y ceguedad, que me parec√≠a virtud ser agradecida y tener ley a quien me quer√≠a (Vida 5,4).

Aunque por parte de la Santa no había intención torcida, este sacerdote le tomó un afecto excesivo y, aunque este afecto fue ocasión para declararle su perdición y salir de ella, santa Teresa parece reprocharse haberse puesto en peligro al mostrarle tanto afecto (cf. 5,6).

No obstante, el cuidado y la vigilancia necesarias no pueden invalidar la necesidad de amar con limpieza a quienes nos ayudan.

6. Conclusiones finales

 

Manuscrito de santa Teresa de Jes√ļs

 

Podemos resumir todo lo dicho hasta aquí en cinco ideas fundamentales:

-La necesidad imperiosa que tiene el alma de ser conducida a Dios. El tiempo que desaprovecha, las angustias que pasa y el riesgo cierto de perderse cuando no tiene quien la guíe.

-La importancia de determinadas cualidades en el gu√≠a de almas: sentido com√ļn y de fe, experiencia de oraci√≥n y formaci√≥n teol√≥gica y espiritual.

-El alma ha de preocuparse de ser muy transparente al guía y humilde y dócil para dejarse conducir.

-No hay que atarse a ning√ļn director espiritual (ella tuvo muchos gu√≠as), pero s√≠ al que nos manda el Se√Īor.

-Ella sintió como tarea propia guiar a sus hijas y buscarles buenos confesores.

Podemos terminar con un fragmento de una carta de la santa a la madre Ana de Jes√ļs y a la comunidad de Beas hablando sobre san Juan de la Cruz donde se pueden ver condensadas estas cinco ideas.

Certifícolas que estimara tener yo por acá a mi padre fray Juan de la Cruz, que de veras lo es de mi alma, y uno de los que más provecho le hacían al comunicarle. Háganlo ellas, con toda llaneza, que seguro la pueden tener como conmigo misma y que le será grande satisfacción, que es muy espiritual y de grandes experiencias y letras. Por acá le echan muy de menos las que estaban hechas a su doctrina. Den gracias a Dios que he ordenado le tengan ahí tan cerca. Ya le escribo las acuda, y de su gran caridad que lo hará en cualquiera necesidad que se ofrezca (Carta 277,2, noviembre-diciembre de 1578).

 

 

 

 

 

 

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